Caminar, cantar, pensar; Fred Astaire hace todo eso y más, en los primeros minutos de The Band Wagon. Como si fuese tan fácil.
Entre la multitud

Periodista y crítico de cine. Escribe para Artes y Letras de El Mercurio. Es socio fundador de Sala K y, junto a Juan Pablo Vilches, conduce el podcast Civilcinema.

Caminar, cantar, pensar; Fred Astaire hace todo eso y más, en los primeros minutos de The Band Wagon. Como si fuese tan fácil.
La presencia de Sam Elliott es la dosis de realismo que redime a esa catedral del kitsch llamada Road House; pero, claro, a veces la realidad se sobregira…
Paul Newman, en su apasionado discurso al cierre del juicio en la película The Verdict, desafía la injusticia y la corrupción. A medida que la cámara se cierra sobre él, se debate entre el idealismo y la derrota anticipada. Sus palabras, aunque perfectas, suenan a libreto, pero ¿logrará redimirse ante la audiencia?
Frank Sinatra no quería un final obvio para la muy obvia Von Ryan’s Express (1965), pero ¿hasta qué punto puedes desafiar las ideas de tu audiencia? Esta es la historia de una traición al público, con tal de ser fiel a tus propios impulsos.
Siempre he creído en el potencial de los clips como mini películas, pequeños gestos que evocan la sombra de algo más grande, algo que parte en la música pero termina en la imagen. Aquí, un ejemplo.
Al interior de la saga Rocky se esconde un romance fraguado durante al menos tres películas. Y no es el que todos creen.
Reutilizar melodías antiguas y ponerlas en películas nuevas no cuesta nada, si tienes el dinero para comprar los derechos. Otra cosa es si te lo tomas en serio: si aspiras a darle un sentido nuevo a eso que ya fue usado —y muy bien— la primera vez.
A veces —casi siempre, en realidad— la genuina expresión de deseo se encuentra no en los “grandes gestos” sino en los instantes fugaces, como advirtió David Lean, en el sufrido rodaje de La hija de Ryan.
Acaso lo más inquietante de Beowulf no es su increíble capacidad para anticipar el mundo de Avatar, Avengers y los híbridos 3D, sino la forma en que Neil Gaiman percibió la conexión entre el poema medieval y los intentos por crear nuevos héroes digitales, fabricados paradójicamente con los mismos materiales que los antiguos.
En marzo de 1973, Robert Altman llevó a la pantalla una historia de Raymond Chandler que se estrelló como avión: la acusaron de falsa, ridícula y pasada de moda, fue crucificada, muerta y sepultada solo para cuarenta años más tarde ser considerada uno de los grandes clásicos del cine americano de todos los tiempos.