“Vi lo tenía entre manos cuando me fui a una especie de retiro solo a Pichidangui después de la muerte de mi vieja, en un momento donde sentía una distancia abismal con quienes me rodeaban. En ese contexto empezaron a aparecer poemas nuevos mientras fui encontrando lo que había escrito ese año en notas repartidas en el celu y las libretas o los cuadernos de la pega. No tenía presupuestado que apareciera un corpus, me fui a sanar, a nadar a mar abierto para reencontrarme con mi mamá, no a escribir un libro”.
