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Cómo percibir el mundo

Hay más de los cinco sentidos de los que habló Aristóteles. Tal vez no hay ni siquiera consenso sobre cómo definir los sentidos, pues la percepción consiste en integrar la información que procede de ellos. En «Seres sintientes» Jackie Higgins recorre trece casos, trece animales, cuyos sentidos están mucho más agudizados que los nuestros.

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Por Tony Gaston *

Este libro trata sobre la sintiencia y los sentidos que la componen. La autora, Jackie Higgins, teje un maravilloso tapiz de todos los sentidos de los que has oído hablar y varios más en los que quizá no hayas pensado. Cada sentido, de los doce que enumera, se expone en un capítulo que utiliza como punto de partida la sintiencia de una especie en particular. Como era de esperar, los búhos ejemplifican el oído y los sabuesos el olfato, mientras que la aguja colipinta (Limosa lapponica) demuestra el sentido de la orientación (capacidad de guiarse), cuya asombrosa resistencia le permite navegar sin escalas desde Alaska hasta Nueva Zelanda. Otros sentidos, sin embargo, son mucho menos obvios: el sentido del color no lo ejemplifica el pavo real, sino el camarón mantis arlequín (Odontodactylus scyllarus), un animal del que ni siquiera había oído hablar hasta que Higgins llamó mi atención sobre él, pero que encontré recientemente, para mi deleite, en un arrecife de coral frente a la isla de Célebres, Indonesia. Además de una asombrosa percepción del color, basada no en tres (como en los humanos) sino en doce receptores de color diferentes, el camarón mantis también tiene la distinción de tener el ataque más rápido de cualquier animal (según el Libro Guinness de los Récords), y se sabe que, en ocasiones, rompe el cristal de sus acuarios. Mantuve una distancia prudente del que encontré en Indonesia.

Otro ejemplo impactante, en este caso de “placer y dolor” es el murciélago vampiro común (Desmodus rotundus), una especie que difícilmente se asociaría con el placer. Pero los murciélagos vampiro compartirán gustosamente una comida de sangre entre adultos a cambio del consuelo del tacto de otro. Este tacto se presenta en forma de acicalamiento, el lamido, mordisqueo y arrumacos que un murciélago realiza en otro. Además de describir este hecho de la naturaleza, Higgins lo utiliza como trampolín para debatir la importancia del tacto para los humanos, señalando que usamos la frase “me tocó” para denotar la excitación de cualquier emoción y destacando la importancia del tacto entre nuestros sentidos, algo que se hizo dolorosamente evidente durante la fase de distanciamiento de la pandemia.

Son utilizadas como ejemplos otras especies como el pez duende de hocico marrón (Dolichopteryx longipes) para la “visión en la oscuridad”, el topo de nariz estrellada (Condylura cristata) para el “tacto”, los peces piraibas para el “gusto”, el pavón nocturno (Saturnia pyri) para el “deseo”, el guepardo (Acinonyx jubatus) para el “equilibrio”, las arañas alienadoras de desechos de dos espinas (Cyclosa spp.) para el “tiempo” y el pulpo común (Octopus vulgaris) para el “cuerpo”. El libro incorpora un fuerte componente humano al contar la historia de cada especie de ejemplo a través de la historia de su descubrimiento y la investigación realizada sobre sus sentidos. Higgins ha entrevistado a muchos de los investigadores sobre los que escribe y ha visitado sus instalaciones de investigación para ver, no solamente a los animales en cuestión, sino también las formas en que se han probado y descrito sus sentidos. Este elemento del libro deja en claro cuánta serendipia implica el descubrimiento científico, así como cuánto trabajo arduo, prolongado y tedioso es a veces necesario para encontrar respuestas a preguntas sencillas que podemos hacer sobre la agudeza de los sentidos.

Este es posiblemente el mejor libro de divulgación científica que he leído desde La canción del dodo de David Quammen (1997), y hay que considerar que leo muchísima divulgación científica. Este libro está hermosamente escrito, contiene abundante información sobre todos los aspectos de la sintiencia y está al día en cuanto a la investigación y estudios. Es difícil ver cómo la divulgación científica puede ser mejor.

Artículo aparecido originalmente en The Canadian Field-Naturalist 136-2 (2022). Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia

“Seres sintientes”Jackie Higgins (Trad. M. D. Ábalos), Editorial Ariel, Barcelona, 2025, 372 pp.

* Tony Gaston ha estudiado la fauna de la India, en particular las aves, desde 1969. Estudió en Oxford y ha desarrollado una extensa carrera como investigador en la ecología del Ártico y el archipiélago de Haida Gwaii.

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