Por Diletta De Cristofaro*
Desde su primera novela, publicada en 1991, Generación X: historias de una cultura acelerada, Douglas Coupland se ha construido una reputación como uno de los comentaristas más perspicaces y originales de lo contemporáneo, uno que está en profunda sintonía con la cultura popular. Es difícilmente sorpresivo, por lo tanto, que modelara su último libro, Atracón, su primera obra de ficción desde 2013, basándose en la actividad característica del siglo XXI: los atracones o maratones de series. “Quería replicar con palabras esa misma sensación de saciedad que se tiene de la televisión en streaming”, explicó Coupland sobre su entonces próximo libro en una conferencia dedicada a su obra en abril de 2021.
Muy apropiadamente, ya que el 2021 marcó el trigésimo aniversario de la publicación de la primera novela de Coupland, Atracón se lee como la heredera de Generación X: con un promedio de tres páginas y media cada una, sus 60 muy cortos relatos se perciben como verdaderas “historias de una cultura acelerada”. Diseñadas para ser leídas una tras otra en ese estado de “flujo aislado” típico de los maratones de series, según la definición de Tanya Horeck, Mareike Jenner y Tina Kendall, las historias de Atracón parecen impedir activamente la pausa, la reflexión y la distancia crítica. Sin embargo, el objetivo de este flujo de lectura aislado, como sugiere el subtítulo de la colección, es “para que tu mente se sienta diferente”, al permitir, puede sostenerse, que el lector vea y sienta las redes de conexiones que conforman la existencia contemporánea.
En Atracón, Coupland desarrolla lo que yo llamaría, siguiendo a Patrick Jagoda, una “estética en red”, es decir, un estilo que “canaliza los sistemas globalmente interconectados” que constituyen realidades contemporáneas como la Internet. El mundo digital, que desde hace tiempo ha sido un interés clave para Coupland, como se ejemplificó recientemente en The Extreme Self (2021), es el enfoque principal de Atracón. La colección está dedicada a la Siri de Apple y sus relatos, con títulos que van desde “Alexa” hasta “Tinder”, “Historial de búsquedas”, “Clickbait”, “Portátil”, “craiglist.org” y “iPhone”, se narran con la voz confesional de los blogs en línea. Jagoda nos recuerda que, si bien las redes “no pueden reproducirse en sus totalidades”, debido a su enorme tamaño y su infinita extensibilidad, “los vínculos, nodos y patrones de asociación que las conforman pueden pensarse y sentirse”. Esto es precisamente lo que ocurre en Atracón.
Los personajes de diferentes relatos se cruzan repetidamente y, en el flujo aislado de la lectura/atracón de la colección, todas las cosas y todas las personas aparecen de repente profundamente imbricados. Por ejemplo, antes de llegar a “NSFL”, donde Isaac, un hombre sin hogar, relata cómo su entrenador de fútbol lo acosó sexualmente en su adolescencia, ya sabemos por “Lego”, “Rotuladores”, “Subway” y “Southwest Airlines”, donde Isaac hace apariciones periféricas en las narraciones de otras personas, que él golpea a su entrenador cuando el recuerdo de la agresión resurge en una feria escolar.
De hecho, parte de la diversión de leer Atracón en modo maratón reside en anticipar y desentrañar las redes de conexiones entre las historias, que te incluyen a ti, el lector, destinatario de las confesiones en primera persona. Esta idea queda clara en “Chicle”, la única historia de Atracón narrada en tercera persona, que transcurre en la fila de una caja donde encontramos juntos a una serie de personajes de historias anteriores y posteriores, así como, como “último en la fila… tú”, el lector, con quien Coupland bromea con delicadeza: “¿Qué estás comprando? ¿De verdad lo necesitas?”.
Leer buscando patrones siempre ha sido uno de los placeres de leer a Coupland. Su obra se caracteriza por lo que Andrew Tate identifica en su monografía sobre él de 2007 como la “estrategia de repetición del escritor… con motivos clave y conceptos narrativos cortados, pegados y reelaborados conscientemente” en varias de las ficciones y no ficciones de Coupland, tanto que, para los fanáticos de su obra, leerlo a menudo se siente como una búsqueda del tesoro de las conexiones.
También encontramos algunas de estas referencias textuales cruzadas típicamente de Coupland. Por ejemplo, la pregunta que plantea Trashe Blanche en “Norovirus” —“si nuestras vidas no son historias, ¿qué son?”— se remonta a la preocupación de Coupland por la desnarración contemporánea. La desnarración, una noción que abarca la producción de Coupland desde Polaroids from the Dead (1996) hasta The Age of Earthquakes (2015), es el proceso desorientador “por el cual la vida deja de sentirse como una historia” y pierde sentido. La obsesión del narrador de “Contenedores Rubbermaid” por “averiguar cómo van a llegar a Nueva Zelanda cuando la civilización colapse” suena diferente para alguien que ha leído Generation X, donde uno de los capítulos se titula “Nueva Zelanda también recibe una bomba nuclear”. Las reflexiones del protagonista de “Portátil” en torno a un nuevo pecado capital que define el siglo XXI —él especula que este octavo pecado capital serían nuestros historiales de búsqueda— recuerdan las de Luke, el pastor abandonado de Player One (2010).
En Atracón, sin embargo, la búsqueda de patrones va más allá de estas referencias textuales cruzadas, construyendo en cambio la estética en red que constituye la arquitectura de la colección y que transmite su mensaje central: todos estamos interconectados. Mientras que, como dice el protagonista de “ComRom”, “el universo electrónico nos permite viajar tan profundamente hacia nuestro interior que casi nadie levanta la vista del teléfono”, el modo maratón de Atracón y sus redes de conexiones nos invita a mirar hacia afuera.
Al hacerlo así, llegamos a ver el “sonder” del mundo, una palabra que Coupland —siempre aficionado a los neologismos— deriva de un diccionario en línea, The Dictionary of Obscure Sorrows (“Diccionario de Dolores Oscuros”). El narrador de “Portátil”, explica que sonder “describe el momento en que estás en el centro, miras a toda la gente pasar y te das cuenta de que todos tienen un mundo interior tan complejo, caótico y ruidoso como el tuyo. Pensar en toda esa complejidad te aterra y tienes que dejar de pensar en ello o te volverás completamente loco”.
La complejidad del sonder es lo que la estética en red de Atracón nos hace sentir. A través de cada historia, el lector conoce la vida interior y los secretos de los narradores individuales. Algunos de estos mundos interiores son más despreciables que otros, como el de Karen, la protagonista de la historia homónima, cuyo nombre, casi un meme, lo dice todo, o el de la protagonista de «Oxi», quien contrata a un sicario para asesinar a su pareja y luego usa oxicodona con fentanilo para matar al sicario, además del novio de su hija. Todo, sin embargo, se explora con el humor y la empatía característicos de Coupland.
Adentrarse en la colección implica que nos encontremos habitando estos mundos interiores uno tras otro; es decir, permaneciendo con la sensación de sonder. Y al desentrañar los vínculos entre las historias de Atracón, el sonder se convierte en una sensación de profunda interconexión y en darse cuenta de las preocupaciones y emociones compartidas; en otras palabras, de nuestra humanidad compartida.
Artículo aparecido originalmente en Review 31 23.02.2022. Se traduce con autorización de su autora. Traducción: Patricio Tapia
*Diletta De Cristofaro es profesora en la Universidad de Northumbria y crítica de cultura contemporánea. Es autora del libro The Contemporary Post-Apocalyptic Novel (2020).
