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Bob Dylan (en diez postales latinoamericanas)

A propósito de A Complete Unknown, la biopic sobre Bob Dylan, protagonizada por Timothée Chalamet y dirigida por James Mangold, nominada a ocho Oscar.

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Allendista. Bob Dylan borracho canta North Country Blues. Es la primera vez en 11 años que la toca. Es mayo de 1974. Es el concierto “An Evening for Salvador Allende”, a beneficio de las víctimas de la dictadura pinochetista. Y Joan Jara estaba en el público. Y Bob Dylan no era el único borracho: Phil Ochs, Pete Seeger y Arlo Guthrie estaban, asimismo, en un estado profundamente etílico. 

(Anti)castrista. Bob Dylan primero lo incluye en una canción, Motorpsycho Nitemare, donde el narrador dice que le gusta Fidel Castro y su barba, a lo cual Rita, el otro personaje, se ofende. Pura paranoia de la Guerra Fría, ríe el narrador. Años más tarde, una vez que Fidel se fue en contra del rock (por ser “imperialista”), Dylan lo cita en su esperpéntica novela Tarántula: ¿Te preguntas por qué Castro odia el rock and roll? Piensa lo que quieras pensar, muchacho, pero el rock no tiene nadar que ver con esto.

Caribeño. Bob Dylan construye su propio barco de madera en Port Elizabeth, una ciudad situada en la isla de Bequia, parte de las Islas Granadinas. Son los principios de la década de 1980. Le puso “Water Pearl”. Y fue el último gran velero tradicional construido en aquella isla, y se hundió años más tarde, tal como el mismo Dylan narra en sus Crónicas: “Mi velero de sesenta y tres pies chocó con un arrecife en Panamá… En los diez años que lo tuve, mi familia y yo navegamos por todo el Caribe y pasamos tiempo en todas las islas, desde Martinica hasta Barbados”.

Chicano. Bob Dylan aparece en el show de David Letterman tocando un set de tres canciones. Es 22 de marzo, 1984, y lo acompañan un trío de new wave desconocido, The Plugz, infame banda de punk de Los Ángeles con miembros mexicanos-estadounidenses. No era la primera ni la última vez en que Dylan tocaría con una banda de rock chicano. Dos años antes, para un concierto de 1981, Dylan toca junto con Los Lobos en Ciudad de México. Y un paréntesis final: ¿Se han fijado que los acordes de Like a Rolling Stone se parecen bastante, demasiado, a los tres acordes de La Bamba (del también chicano Ritchie Valens)?

Calamariano. Bob Dylan se va de gira por España y le pide a Andrés Calamaro que lo telonee. Es el Calamaro que está por presentar Brutal honestidad. Uno que no esconde su fanatismo dylaniano; al contrario, la usa en sus portadas y pose. Y al final de la última fecha, en Barcelona, Bob Dylan se acerca al borde del escenario, estrecha manos, ejecuta un puñado de reverencias, presenta a su banda y, con una sonrisa de navaja, agrega en español, señalando a un costado del escenario: “Y allí el rey del ritmo: mi amigo Andrés Calamaro”.

Carioca. Bob Dylan se va de gira a Brasil, a comienzos de los noventa, y al regreso se pone a pintar cuadros. Le salen varios. Se llaman La serie Brasil. Es famosa por su descripción realista de un país que lo inspiró profundamente durante su gira. Uno de sus cuadros se titula “Favela Villa Candido”, y Dylan lo pintó luego de caminar, de incognito, por una de las favelas más peligrosas de Río de Janeiro.

Fresaniano. El escritor Rodrigo Fresán se sube al escenario de un concierto de Dylan, allá por los noventa, en alguna parte de Iowa, en el Estados Unidos profundo. ¿Mentira o verdad? Algo de ficción, sin duda: Fresán cuenta en una crónica (titulada “Buscando desesperadamente a Bob”) que terminó junto con un nativo americano llamado Rolling Thunder, cantando al lado de Dylan: Everybody must get stoned! Y que Dylan, al final del concierto, se despidió de ellos así: “Buena suerte”.

Boxeador. Un hombre de 67 años sobre un ring en Ciudad de México. Este comienza a hacer sparring con sus amigos, quienes también rondan los sesenta y setenta. “¡Pinches viejitos les va a dar un infarto!’”, se dice a sí mismo el entrenador de ese gimnasio, Rodolfo “Güerco” Rodríguez. Sucedió alrededor de las 14:00 horas, del año 2008 y los asistentes del gimnasio Nuevo Jordan, ubicado en la tradicional colonia Guerrero, se sorprendieron al ver que dentro de un grupo de cuatro personas que entraban al gimnasio estaba: Bob Dylan.

Neoliberal. Sebastián Piñera en las primeas filas del concierto del Arena Santiago. Aplaude Masters of War. Le canta Just Like a Woman a su esposa Cecilia Morel. Tararea una canción que dice algo sobre golpear las puertas del cielo. 

Drag. El segundo concierto de Dylan en Uruguay, 2008. Si el primero, de 1991, fue un desastre en cuanto a sonido (hay una grabación en YouTube), el del 2008 dicen que fue mejor. También porque dejó un gran momento: para evitar el asedio de la prensa y de los fanáticos, una tarde Bob Dylan salió a andar en bicicleta, vestido de mujer, en lo que sería segundo, y a la fecha, último tour por América Latina.

Por Antonio Díaz Oliva

Nació en Temuco, Chile, y actualmente vive en Chicago, Estados Unidos. Ha publicado seis libros y además traducido a Virginia Woolf, Henry David Thoreau, Roberto Arlt, George Eliot y G. K. Chesterton. Actualmente trabaja como editor y traductor en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago.

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