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Mira nuestra juventud: publican nueva biografía ampliada de Los Prisioneros

El libro Ya viene la fuerza, del periodista Alejandro Tapia, vuelve sobre la historia más primitiva del trío de San Miguel, ahora con la profundidad que le brindan sus más de ciento sesenta entrevistas e imágenes inéditas, y el foco puesto en lo fundamental a la hora de hablar de Los Prisioneros: su música.

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La historia es más o menos conocida: en el jardín trasero de la iglesia de San Pedro, en el suburbio de Woolton, en Liverpool, a las tres de la tarde hace más de 67 años, Lennon ve a McCartney y queda impresionado con su manera de tocar y lo suma a su grupo de entonces, los Quarrymen. El resto es literatura.

Consultado por Barroquita, el periodista Alejandro Tapia traza un paralelo de aquel momento bisagra de los Beatles y la música popular con la prehistoria de Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia:

“Me parece que cuando un día de 1982, estando en Cuarto Medio, los tres se reúnen en la pieza de Jorge a ensayar por primera vez como Los Vinchukas, sin Álvaro Beltrán”, dice el escritor sobre los días del trío en el Liceo 6 de San Miguel. “En ese momento González había compuesto un tema que llevaba por nombre Cuánto vale el show, inspirado en la Guerra de las Malvinas. La letra tenía un tono de crítica social, distinta a otras canciones que habían hecho. En ese ensayo Jorge se la enseñó a Claudio y salió bien al tiro. González se convenció ese día que tenía un grupo de verdad, que la cosa iba en serio”.

Los años de formación de Los Prisioneros pueden rastrearse en Ya viene la fuerza. El volumen de poco menos de 400 páginas, subtitulado Los Prisioneros 1980-1986, acaba de llegar a librerías por el sello independiente Club de Fans. El ejemplar recoge más de 160 testimonios y demoró cuatro años en dar talle y detalle al ascenso del grupo y la creación de La voz de los 80 y Pateando piedras, sus dos primeros álbumes.

Si bien la historia de Los Prisioneros ha sido objeto de otros libros (algunas hagiografías, entrevistas o tesis universitarias), podcasts e inclusive ficción seriada de distribución continental, la investigación de Ya viene la fuerza propone una mirada clásica del formato biografías.

“Con el correr de los años la historia de Los Prisioneros se mitificó. Y no solo eso: se farandulizó. El enfoque de Ya viene la fuerza es distinto a otros trabajos sobre la banda”, explica el autor Alejandro Tapia. “Primero porque solo me centré en una etapa del grupo, la que va entre 1980 y 1986, y no en todo su trayecto. Y segundo porque el foco es exclusivamente musical, como muchas de las biografías que se han escrito sobre los Beatles, por ejemplo”. 

Luego sigue: “Por supuesto abordo el impacto social que provocaron Los Prisioneros en ese momento, además de profundizar en el por qué San Miguel fue tan relevante en términos musicales para el grupo. En todo caso, esta no es una historia definitiva sobre Los Prisioneros, sencillamente porque las historias definitivas no existen, todo siempre muta. Y una consideración final: cuando se habla de Los Prisioneros o de Jorge González siempre se suelen citar las mismas fuentes, que ya llevan bastante tiempo sobre la mesa aunque en ningún caso las desmerezco, muy por el contrario. ¿Pero por qué no indagar e intentar encontrar información nueva e historias desconocidas sobre la banda que aportan otras perspectivas?”.

El periodista Alejandro Tapia, autor de Ya viene la fuerza.

Son casi 400 páginas. Imagino que calibró la obsesión por el detalle de Mark Lewisohn y Philip Norman, pero también la mirada que entrega el periodismo para iluminar ciertos pasajes, interpretar y hasta cautivar. ¿Qué tenía en mente para el libro?

Sin duda que el trabajo detallista y profundo de esos autores, junto con el de Peter Guralnick (biógrafo de Elvis) me inspiraron muchísimo. La aproximación que ellos tienen en sus libros es periodística, biográfica e histórica. Ninguno utiliza la primera persona, ni consideraciones personales ni tesis rebuscadas: dejan claro que el objeto en cuestión es uno solo: la banda. Al mismo tiempo, esos autores se tomaron la tarea, nunca fácil, de contactar al mayor número de fuentes posibles para llegar a detalles y relatos realmente inéditos en sus libros. Eso, además de indagar en archivos, cintas y documentos desconocidos. Todo eso aporta información nueva y es la única manera de poder cautivar y sorprender al lector respecto de una historia que puede conocer de antemano. Entonces intenté hacer algo similar con Los Prisioneros. El otro elemento que me gusta de Mark Lewisohn y Philip Norman es que no toman partido por ninguno de los integrantes de la banda retratada: a cada quien lo sitúan en su rol histórico, sin desmerecer al otro. Tampoco son autores que desarrollan tesis rebuscadas ni mucho menos escriben desde un pedestal.

¿Cuál fue la tesis inicial cuando el libro era apenas una idea? 

Al comienzo de este proyecto mi idea era abordar la historia completa de Los Prisioneros, con información nueva sobre su ruta musical. Sin embargo, me pareció una tarea imposible dado que mi propósito era llegar a los detalles más recónditos del grupo. Es bien difícil contar la historia de una banda tan grande como Los Prisioneros en 200 páginas. Ni siquiera en 300 me parece. Entonces me centré en una sola época, en la historia de Jorge, Claudio y Miguel entre 1980 y 1986, acompañada de muchas fotografías realmente desconocidas del grupo. Cada foto encierra su propio relato más invisible. Por eso me pareció importante incluirlas y dedicar tiempo a eso.

“Es un país que ya no existe, pero muchas de las canciones de Los Prisioneros aún hacen sentido”

A través de recuerdos y reflexiones sobre el largo camino que llevó a Los Prisioneros grabar su primer disco de estudio, González, Narea y Tapia recorren junto a ex compañeros, familiares, hijos de vecinos y otras voces cercanas, sus orígenes autodidactas en el sector sur de Santiago, en la comuna de San Miguel, poniendo en evidencia sus convicciones y las carencias técnicas que suplían con talento, el filo contestatario de sus letras en plena dictadura y la moral de un grupo que tomó por opción no hacer covers, sino que escribir y grabar material original.

¿Por qué cree que se transformaron en un fenómeno de masas pese a las adversidades?

Porque tenían la convicción de convertirse en la banda más famosa e importante del país, y trabajaron sin descanso para lograrlo. Es decir, se sacaron la cresta, nadie les regaló nada. También porque la mayoría de sus canciones tienen una mezcla que es (lo digo en presente) dinamita pura: música bailable con letras punzantes. Y quizás el elemento más importante fue que de manera espontánea, sus seguidores le dieron una interpretación más política a sus temas en ese Chile de Pinochet. De alguna manera se apropiaron de su mensaje y lo transformaron. Entonces las canciones de Los Prisioneros le hicieron sentido a muchísimas personas, casi que de manera transversal y multigeneracional, desde diversas aproximaciones y dimensiones.

¿Y por qué alcanzaron a toda clase de audiencias?

Por eso mismo, porque mientras a algunos les hacía sentido la crítica social, a otros simplemente les gustaba su música para bailar, para el desenfreno. O bien para tararear. Los solos de guitarra, sin ir más lejos, son super silbables, como lo que hacía The Beatles. También porque invirtieron tiempo en visitar muchas ciudades en diversas regiones. Eso fue clave. Teorizar más sobre el impacto social de Los Prisioneros me parece que es bueno dejárselo a sociólogos, opinólogos o analistas musicales.

Desde la escucha del grupo español Tequila, donde vieron como ejemplo que se podían hacer letras en castellano y sonar como grupo inglés, al freno de pedal de la bicicleta adolescente de Jorge González, la amenaza de la bota militar, o las botellas de vidrio de Fanta y Free, y los libros populares de la editora nacional Quimantú, el libro retrata de refilón a un país que ya no existe.

“Sí, absolutamente. Es el retrato de San Miguel, de Santiago y luego de un Chile de nubarrones, con enfoque en lo musical por supuesto”, dice Alejandro Tapia. “Sería muy pretencioso de mi parte decir que el libro retrata una época completa, la de los 80, porque esta posee complejidades profundas. Es un país que ya no existe, por razones evidentes, pero donde aún hay remanentes de esas nubes negras. Por algo muchas de las canciones de Los Prisioneros aún hacen sentido”.

¿Qué fue lo más complejo de la investigación?

Encontrar a testigos presenciales de la primera etapa de Los Prisioneros que nunca habían hablado, dar con un enfoque que fuese un aporte a la literatura Prisionera y superar la idea de que supuestamente ya está todo dicho sobre la banda y sus integrantes. Nunca está todo dicho sobre algo ni nadie tiene la verdad absoluta.

Los Prisioneros

“Suena muy chileno (…), ese sonido es una bomba atómica”

Como se despliega en Ya viene la fuerza, hace exactamente cuarenta años un día como hoy apareció en las bateas de la disquería Fusión el primer disco de Los Prisioneros, La voz de los 80.

Dice el propio Jorge González en el libro, para La voz de los 80 la idea era que sonara como una recopilación de grandes éxitos, de varios artistas, y que, además, los solos que él mismo escribía se pudiesen silbar.

“Todos dicen Corazones es el primer disco solista, pero yo digo que el único no solista es La cultura de la basura”, lanza desde el capítulo dedicado al sello Fusión.

González parece decir que La voz de los 80 fue su primer álbum solista, ¿por qué?

No dice exactamente eso. Dice que todos estiman que Corazones es su primer disco solista, pero que en realidad él considera que el único no solista es La cultura de la basura. De aquello se puede inferir que La voz de los 80 sería su primer trabajo solista. ¿Por qué? Porque a excepción de Quién mató a Marilyn él hizo todas las canciones (letra y música), pero también los arreglos de esos temas. Ahora bien, cuando debieron salir a defender ese disco en vivo, el trío era inigualable, excepcional, una ametralladora.

¿Dónde pondría el acento en la parte artística de La voz de los 80? 

En su diversidad de géneros. Hay twist, rock, pop, ska, reggae e incluso synth pop. Es como una suerte de “grandes éxitos”. Y pese a esa diversidad, La voz de los 80 suena muy chileno, me refiero a ese sonido que no es perfecto pero que es una bomba atómica. Por otro lado, sus letras anti establishment son de alcance universal. Canciones como Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos o No necesitamos banderas pueden hacerle sentido a alguien de Santiago, pero también de Lima, Quito, Bogotá o Ciudad de México.

“Estamos influidos un poco por el new wave inglés, que es un movimiento renovador que sacó la música moderna de las sofisticadas armonías rock para volvérselas al pueblo”, explica el propio González desde una nota del diario La Tercera fechada en diciembre de 1985, citada por la investigación.

Si el libro funciona como el grito primario del porvenir en las horas más luminosas y oscuras de Los Prisioneros, todo lo que ocurre en esos días germinales de La voz de los 80 sirve para comprender lo que vendrá después, con Pateando piedras, el segundo disco del grupo lanzado un 15 de septiembre de 1986.

“El sonido de ese álbum es extraordinario, de una banda de excelencia, de la primera división global”, afirma Alejandro Tapia. “Diría que sus letras abordan temáticas más personales de Jorge, pero también poseen ese carácter más universal, o latinoamericano si se quiere, en temas como El baile de los que sobran o Quieren dinero. En el libro también abordo todo el proceso creativo y de grabación de Pateando piedras, porque La voz de los 80 no se entiende sin el segundo disco. De hecho, fue ese álbum el que ayudó a que se difundiera el primero”.

Los tres Prisioneros hablan en Ya viene la fuerza. ¿Cómo vio la relación que mantienen con su propia historia?

Sí, pude entrevistar a los tres Prisioneros para este libro. Puedo interpretar que Jorge, Claudio y Miguel están muy orgullosos de lo que lograron como banda, de su trascendencia, más allá de los líos que han tenido.

¿Qué le gustaría que pasara con el libro?

Me gustaría que el libro sirva para que se hable más sobre Los Prisioneros, especialmente ahora que se cumplen 40 años de La voz de los 80, un discazo.

¿Tendrá una segunda parte?

Tendrías que preguntarle a mi familia (risas), por todo el tiempo que les robé por meterme en esto. Fueron largos cuatro años, pero parece que valieron la pena.

Ya viene la fuerza. Los Prisioneros 1980-1986. Alejandro Tapia. 2024, Club de Fans. 398 páginas. Dónde comprar

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