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Música Películas

Me acuerdo de Omar y Cedric

The Mars Volta, recuerdos de Chile y el estreno del documental Omar and Cedric: If This Ever Gets Weird, que se puede traducir como “Si esto se pone raro” y será estrenado en el festival Inedit.

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Si soy tan normal como creo que soy, todos somos un grupo de raros

Joe Brainard

Me acuerdo de cuando un amigo me pasó un VHS con varios episodios de Later… with Jools Holland, y que cuando aparecieron At the Drive-In tocando One Armed Scissor lo vi, y rebobiné, varias veces. Fue la primera vez que vi a Omar Rodríguez-López (guitarra) y Cedric Bixler-Zavala (vocalista) en acción.

Me acuerdo de que esa misma noche, cuando ya nadie necesitaba el teléfono en mi casa, me conecté a Internet y dejé descargando toda la discografía de At the Drive-In desde Kazaa. También unos temas en vivo de De Facto y unos de Sparta.

Me acuerdo de que, durante un tiempo, escuchaba At the Drive-In y the Mars Volta mientras leía Los detectives salvajes, y que siempre me pareció que Omar y Cedric podrían haber sido (o lo son) real visceralistas o infrarrealistas. Como Arturo Belano y Ulises Lima. Dos latino(americanos) autoexiliados en busca de una poeta perdida cerca de la frontera mexicano-estadounidense, un lugar de paso. Tal como El Paso, Texas de donde salió At the Drive-In.

Me acuerdo del primer concierto de los Mars Volta en Chile: estaba en las primeras filas y apenas se podía respirar y fue corto y catártico. Cedric estaba de cumpleaños, Omar azotando la guitarra, Gustavo Cerati en el público y después PJ Harvey y Morrissey… ah, y John Frusciante de invitado para la última canción. El año era 2004.

Me acuerdo de que le hicieron una entrevista a los Mars Volta, previo a ese SUE, y que el periodista de la Rock and Pop la hizo en inglés, y que solo al final comenzaron a hablar, y solo entonces se dieron cuenta de que Omar y Cedric hablan español.

Me acuerdo del segundo concierto de los Mars Volta, cuando le abrieron a R.E.M, y me acuerdo de que no fue tan bueno, en parte porque estaba en cancha general y apenas se veía. Era el 2008. No tocaron The Widow ni L’ Via l’Viaquez, mis dos canciones favoritas de Frances the Mute. Y estuvo la salida rabiosa de Cedric, quien lanzó un par de objetos al suelo, enojado por el sonido del show.

Me acuerdo de que incluso una vez fui al SANFIC a ver la película de Omar, titulada The Sentimental Engine Slayer: cinta de aprendizaje rarísima, muy en la onda del mundo de Omar, a medio camino entre una alucinación y una pesadilla. La gente en la sala de cine (una mezcla de gente parecida a Héctor Soto, Alberto Fuguet y Gonzalo Maza) estaba confundida. ¿Esto era una película o un videoclip largo y adolescentemente onírico?

Me acuerdo de la tercera vez, cuando Mars Volta le abrieron a Rage Against the Machine, año 2010, y yo era uno de los pocos que me los vacilé, pese a la mala amplificación, y un público que simplemente no conectó con una propuesta que exigía más atención que vísceras. Igual era entendible: estábamos esperando a Zack de la Rocha.

Me acuerdo de que, años antes de eso, Zack de la Rocha presentó a Mars Volta para uno de esos premios de MTV y lo dijo mejor que nadie: Es raro en la música que una banda reconozca el pasado y se niegue a ignorarlo. Una banda que honra el espíritu de gente como Celia Cruz, como Fela Kuti y como los MC5, y no con nostalgia, sino con inventiva propia. Una banda que está más interesada en crear momentos que en crear éxitos. Esta es la banda y este es el momento. Estos son los Mars Volta.

Me acuerdo de que, en esa época, entre 2014 y 2022, ya no los escuchaba; había dejado sus discos en Chile.

Me acuerdo cuando Cedric se metió a la cienciología y se volvió loco y comenzó a tuitear en contra de Omar. Fue triste. Y el fin de Mars Volta.

Me acuerdo de que la única vez que me enteré de Omar y Cedric, en esos años, fue cuando el primero fue el productor de Mon Laferte en Norma. Y que en ese disco hay una canción que se llama Funeral y en la que Mon dice: “No me despiertes, quiero soñar con nuestro funeral”.

Me acuerdo de que también pensé en Mars Volta, entre 2014 y 2022, ya que un amigo de Puerto Rico, que ahora vive en Filadelfia, me dijo que se había inyectado heroína con Omar. Por supuesto, no le creí. Según mi amigo, lo habían hecho cuando en los noventa Omar se fue a conocer Estados Unidos haciendo dedo.

Me acuerdo de que el año pasado me reencontré con Mars Volta. Fue en el festival Riot Fest en Chicago. Mars Volta tocaron antes de The Cure: tenían una baterista increíble y en casi una hora se tocaron un grandes éxitos. Fue la mejor manera de esperar a Robert Smith. Por fin pude escuchar The Widow y L’ Via l’Viaquez.

Omar and Cedric: If This Ever Gets Weird

Me acuerdo de hace unos días atrás pude ver el documental Omar and Cedric: If This Ever Gets Weird, que se puede traducir como Si esto se pone raro; el cine estaba lleno de fanáticos que chiflaban y aplaudían en algunas canciones que aparecen en medio de ese collage de confesiones íntimas y cuatro décadas de vídeos caseros, sin entrevistados famosos, ni testimonios del pasado.

Me acuerdo de que el documental, de más de dos horas, se me fue volando: es la historia de dos amigos que han compartido penurias, éxitos, adicciones y desengaños, salvándose de paso la vida el uno al otro.

Me acuerdo de que en un momento Omar cuenta que en los noventa se fue a conocer Estados Unidos haciendo dedo. Y que conoció la pobreza y miseria que se esconde debajo del simulacro del sueño americano. Y que, en medio de eso, y porque le gustaban las drogas, probó la heroína por primera vez. Casi queda enganchado, así que llamó a Cedric, quien estaba en El Paso, Texas, y quien estaba formando una banda que se llamaría At the Drive-In.

Me acuerdo de eso ya que en otro momento del documental Cedric le dice a Omar: “Si esto se pone raro, prométeme que podemos dejarlo. Porque nada es más importante que quererte”. 

Me acuerdo de que, por eso mismo, en medio del documental, pensé en varios de los amigos que tuve entonces y que ya casi no hablo con ellos. Algunos traicionaron nuestra amistad; a otros yo los traicioné con el olvido.

Omar and Cedric: If This Ever Gets Weird llega a Chile como parte del festival Inedit.

Por Antonio Díaz Oliva

Nació en Temuco, Chile, y actualmente vive en Chicago, Estados Unidos. Ha publicado seis libros y además traducido a Virginia Woolf, Henry David Thoreau, Roberto Arlt, George Eliot y G. K. Chesterton. Actualmente trabaja como editor y traductor en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago.

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