Viviendo el fin de los tiempos: el dinosaurio sigue allí

Algunas ideas en el amanecer de la nueva era Trump.

La noche de las elecciones, a eso de las ocho y tanto, me quedo dormido con mi hija de dos años. Escucho que abajo mi esposa está viendo las noticias.

El plan era que yo pusiera a mi hija a dormir (generalmente toma cincuenta minutos; pero por el cambio de hora, estos días, nos toma más), para luego bajar a ver las elecciones juntos.

Sucede que luego de leer los cuentos, y cantar un par de canciones, ya los párpados me pesan y cierro los ojos.

*

Los abro a eso de las 6 de la mañana y, sin despertar a mi hija, bajo a la sala de estar. Está oscuro. Preparo el café. Uso el baño. Y decido no revisar el teléfono. No quiero saber quién ganó, aunque tengo mis sospechas, en parte, ya que anoche, a eso de las cuatro, uno de los vecinos tiró fuegos artificiales. Es un vecino que tiene una bandera de Estados Unidos y asimismo una de SpaceX, la empresa estadounidense de fabricación aeroespacial de Elon Musk, esbirro de Donald Trump.

*

En estos días rara vez tengo un rato para leer sin ser molestado, así que luego de ir al baño bajo al sótano, donde hay una pequeña biblioteca, y busco algo que leer. Estoy entre una antología de microcuentos en español e inglés donde aparecen, entre otros, Lydia Davis y Augusto Monterroso, así como un libro de Žižek que en estas semanas he estado usando para mi trabajo como editor y traductor en un museo de arte contemporáneo, acá en Chicago.

*

Horas más tarde dejo a mis hijas en la sala cuna y el jardín infantil respectivamente.

De ahí me dirijo al trabajo.

Ya es otoño y amanece gris en Chicago. Voy en bicicleta (de esas públicas) hasta el museo, que queda en el centro de la ciudad, cerca del lago Michigan.  

Estaciono la bici al lado de un supermercado y camino intentando tomarle el pulso a la ciudad post-elecciones.

Ya cuando llego al MCA, paso por la gigantografía que promociona la exhibición que he estado trabajando en los últimos meses.

Me detengo.

Saco la siguiente foto:

The Living End en el MCA

*

Llevo tres o cuatro meses trabajando en aquella exposición, que se supone que trata sobre arte y tecnología, pero esta mañana, mientras camino por el apagado centro de Chicago y pienso en los resultados de la noche anterior, me cuestiono que ese sea el tema de la exposición.

*

Una de mis tareas en el museo es traducirlo. Todo. Desde el menú del restaurante hasta las etiquetas que acompañan las obras de arte que escriben los curadores. Y como tengo cierta libertad, el título de esta exhibición (The Living End) no lo traduje como “el fin viviente” sino como “Viviendo el fin de los tiempos”; tal como lo hablamos con la curadora, frente a las nuevas tecnologías la pintura siempre ha estado viviendo el fin de los tiempos. Y sin embargo, nunca muere. Si no que se reconvierte.

*

Aquel título viene, a su vez, de la traducción de un libro de, era que no, el bufón de la teoría política y pop contemporánea: Žižek. Aunque el libro de Žižek no tiene nada que ver con arte.  Y no sé si es en este libro, o en otro (llegado un momento, todos los libros de Zizek se convierten en un mismo libro), pero la victoria de Trump, en el contexto de mi trabajo en un museo de arte contemporáneo, es un recordatorio de esta frase del filósofo esloveno: “¿Y si la cultura en sí misma no fuera nada más que un alto, una pausa, un respiro en la búsqueda de la barbarie?”.

*

Y otra frase, ad-portas de esta nueva era Trump, que aparece en el libro de Žižek. Me recuerda a que los demócratas, en parte, perdieron al pensar que ganarían votos si es que se acercaban cada vez más a la política de Trump: “Toda civilización que reniega de su potencial bárbaro ya se ha rendido ante la barbarie”.

*

A propósito de barbarismos, no sé si los demócratas perdieron las elecciones cuando Joe Biden ya evidentemente perdió la cabeza (vean las imitaciones de Dana Carvey en Saturday Night Live). O cuando no quisieron quitarle armas ni el apoyo simbólico al Israel de ese otro líder à la Trump: Bibi Netanyahu. En cualquier caso, los demócratas (el supuesto “partido de la gente”) se hizo agua y la carrera a la presidencia se volvió algo parecido a esta cita de Mao Zedong: “Hay un gran desorden bajo los cielos, la situación es excelente”.

*

La situación era excelente, claro.

Y por eso el otro libro que hojeé, a las 6 de la mañana, era una antología de microcuentos en inglés y español, como ya dije. Y entre sus páginas había algo que no era tanto un microcuento sino más bien una línea. Una que finalmente, cuando me decidí a revisar el teléfono, y para mi (no) sorpresa vi que Trump había ganado ampliamente, me hizo todo el sentido del mundo.

*

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

*

Si la victoria de Trump, la segunda, significa el fin de la historia del sistema político gringo, por lo menos el que conocemos hasta el momento, tal vez el fin de la historia no vendrá con la paz mundial, o una catástrofe global, sino con una repetición terrible e interminable de lo mismo.




Deja un comentario

Descubre más desde Barroquita

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo