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Los Tres: madurez y belleza

El sábado 27 de abril de 2024, el grupo Los Tres inició su residencia de regreso a los escenarios en el Movistar Arena, nada menos que con la formación elemental de sus primeros discos y cuatro fechas al hilo. Acá, algunos apuntes de la autora de uno de los libros importantes sobre el grupo.

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Creo que como cualquiera de los asistentes que se encontraban en el Movistar Arena la noche del sábado 27 de abril, para experimentar la primera noche de La Revuelta en Santiago, mi vínculo con Los Tres viene de una memoria emocional y por cierto algo de nostalgia. No hablo desde la maña, desde la vereda de “esos tiempos eran mejores”. Hablo de la fascinación adolescente, de ese periodo de descubrimiento en que comienzas a definir tu propia personalidad, tus gustos, hasta tu forma de vestir. A los 14 años era una esponja, y recuerdo vívidamente a uno de mis compañeros del colegio tocando guitarra, canciones como Amor violento o He barrido el sol. Pero el impacto fue mayor cuando vi el video de Déjate caer.  Era algo inquietante, evocador. Oscuro pero pop. Creo que por eso se quedó conmigo para siempre. Y al poco tiempo después, en mi casa estábamos escuchando el disco La espada y la pared sin parar.

Nunca tuve la oportunidad de ver a la formación original de Los Tres. El año 2000 —cuando se separaron— ya era universitaria, y mi foco principal era estudiar, iba a muy pocos conciertos, no tenía la plata para ir. Creo que tampoco le tomé el peso a la disolución. Años más tarde, vi a las distintas alineaciones de Los Tres en numerosos shows, pero, por algún motivo, me parecía que estaban en piloto automático. Disfrutaba viendo sus presentaciones, pero no me causaban esa fascinación primaria. Quiero aclarar, no hablo del punto de vista de fan, sino de alguien que siguió su carrera más bien en forma casual.

La noche del 27 de abril de 2024 marcó la primera vez que vi en vivo sobre el escenario a este maravilloso cuarteto, Álvaro, Ángel, Pancho y Titae. Ninguno de los conciertos que había visto previamente se podía equiparar a la madurez y belleza que entregaron en el primero de la serie de shows en Santiago como parte de La Revuelta. No había presenciado una dedicación a la música como la de Los Tres en este recital. Me encantó que hayan iniciado con Follaje en el invernadero, una opción muy poco explosiva como para comenzar un setlist de una banda de rock, pero que demostró de inmediato el apego a la melodía y la musicalidad del grupo, además de su delicadeza, su cohesión, su virtuosismo y elegancia. Creo que este nivel de performance sólo se pudo haber logrado debido a su separación, a su tiempo distanciados, pero principalmente, al tiempo que le dedicaron a seguir evolucionando como artistas e instrumentistas.

A pesar que amé todo el recital, aquella sección en que se intercambiaron instrumentos la parte dedicada al Unplugged, y la parte más rockera al final, fue Moizéfala la que me conmovió por completo. El tema de todo su repertorio, aquel single que nunca fue single, en manos que con el paso del tiempo hicieron realzar su hermosura. Vi la conexión de los cuatro músicos en el escenario, escuché cómo cada uno integra una música que se convierte en algo mucho más grande que ellos mismos, cómo su virtud trasciende el estilo y el tiempo. Volví a experimentar esa fascinación adolescente que pensé que había cubierto en una capa de amargura que la edad me ha dado. Los Tres lograron traer el alma de vuelta a miles que no sabíamos que necesitábamos sanar su ausencia.

Por María de los Ángeles Cerda

Traductora, editora y autora del libro La espada & la pared-Los Tres.

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