Un cambio de casa echó a correr los recuerdos de una época que ahora parece hecha de pura ciencia ficción. En los noventa minutos de Cuando respiro en tu boca, la gente contesta un teléfono alámbrico y se fuma la ansiedad en un espacio sin ventilación, ni ventanas, con dieciocho horas de luz artificial por día.
El registro de Carlos Moena, filmado en el candor de las cintas hi8, le imprime además esa porosidad que tan bien conocen los días del “Proyecto de Rock Nacional” de la EMI.
Ahora es el año 2017 y el cineasta acaba de encontrar tres de esas cintas. En su interior se guardan los ocho días que duraron las intensas grabaciones de Peces, el álbum debut de Lucybell trabajado en los extintos Estudios Sonus junto al productor argentino Mario Breuer.
Lucybell lleva dos o tres años como banda cuando encara la artesanía del disco que sentará sus coordenadas entre el noise y el shoegaze británico, y al menos cuatro influencias capitales: Joy Division, The Cure, Cocteau Twins y Killing Joke. También, la Facultad de Artes de la Universidad de Chile como espacio de encuentro. Y la aparición de un brazo audiovisual a cargo de Moena, que tomaría la dirección de sus videoclips.
En ese registro analógico, el grupo ambiciona lo que acaso toda banda en los años 90 desea: rozar el interés de alguna compañía disquera.
Los días de las cintas transcurren cuando Doble opuesto de La Ley (producido por Breuer) suena en la radio y además la banda de Beto Cuevas graba un comercial de Pepsi. Eso capta el interés de un grupo de “misteriosos empresarios textiles”, como reza la película, quienes invierten en instrumentos nuevos, horas de estudio y en financiar el viaje a Chile y los honorarios de Mario Breuer como productor.
Que no me vengan con paraísos
A contrapelo de la media de los documentales musicales —más cercanos a la búsqueda de la vorágine—, Cuando respiro en tu boca observa con paciencia la intimidad de una banda cargada de ternura juvenil y el sudor de extenuantes jornadas de ensayo y error.
El registro se extiende generosamente en lo instrumental —desde exigentes jam sessions— y recrea el humor y la contención de Breuer, un productor formado en el trabajo con nombres como Virus, Soda Stereo, Charly García, Los Abuelos de la Nada y Sumo; pieza clave en la dinámica del disco y preocupado de encauzar “la fuerza del grupo”.
“Si uno quiere sacarle sonido al grupo, lo básico y primordial es que el grupo toque junto”, comenta sobre su método. “Trato de grabar la mayor cantidad de música posible al mismo tiempo”.
Breuer bromea buena parte del registro, pero cuando habla va en serio. “Yo creo que le dan demasiada importancia a lo que viene de afuera”, reclama sobre el gusto musical de los chilenos, y aclara su misión: “Sueño un poquito con ser una pequeña parte de un engranaje que haga que, finalmente, la música chilena pueda tener la aceptación entre los chilenos, como tiene el rock argentino entre los argentinos”.
Moena pone a la mesa algunos trucos de grabación en estudio y la artesanía de escribir y producir canciones clave en un repertorio que ha sabido sobrevivir a la fuga de miembros fundadores (incluso tres décadas después).
Acá Lucybell todavía no es Lucybell, o “el grupo de Claudio Valenzuela” —por lo demás único miembro de esa formación que continúa en la actualidad—, sino una banda agazapada, preparándose para viajar y amanecer en otro estadio de la música local, una secuencia iniciada con la rotación de Lunas y sobre todo Cuando respiro en tu boca.
Lucybell semeja un cuarteto de partes iguales con un cantante carismático que toca algunas guitarras, acompañado de Marcelo Muñoz a cargo del bajo, pero que también graba varias otras guitarras y aparece tocando el piano; un baterista —Francisco González— que es empujado a dar lo mejor de sí, y a Gabriel Vigliensoni retratado como un nerd de la técnica musical.
El entusiasmo juvenil y las tensas negociaciones de una banda con músicos de carácter, también son parte de la película.
“Es el primer disco”, dice en algún momento Claudio Valenzuela, acaso el único sonido que persiste de esa formación. Allí mismo sentencia: “Para nosotros no es la conclusión, es el comienzo”.
Cuando respiro en tu boca (Chile, 2018). Dirección de Carlos Moena. 90 minutos. Disponible a la venta en este link.
