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La pesadilla que acabó con la vida sexual de Michel Houellebecq

Reseña de Unos meses de mi vida, Octubre 2022-marzo 2023 (Anagrama), cuando el poeta y novelista francés se convirtió en el centro de dos polémicas tras filmar un video porno y ser acusado de islamofobia.

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No fue atacado por un comando terrorista dada su abierta islamofobia ni le descubrieron cáncer al pulmón por fumar casi cuatro cajetillas diarias, dos temas que lo preocupaban. El golpe que recibió el poeta y novelista Michel Houellebecq fue imprevisto y lo mató por dentro. Había filmado un video porno que ahora, contra todos sus pronósticos, estaba a disposición pública en Internet subido por un pseudoartista neerlandés sin escrúpulos. De ingenuo, pisó un palito, y sufrió oleadas de una vergüenza que sentía iba a sobrevivirle. El niño terrible de las letras francesas se puso hipersensible, paranoico y se llenó de odio.

El autor que renovó el nihilismo con Las partículas elementales como para dejar La náusea de Sartre en un simple boceto, cuenta en Unos meses de mi vida, Octubre 2022-marzo 2023 (Anagrama) los hechos que dieron lugar a esta narración que palpita venganza pero curiosamente se sostiene por amor.

En solo 117 páginas da a conocer muchos de sus pensamientos más íntimos que exponen sus gustos y repelencias. A principios de octubre del 2022, Houellebecq recibe un tentador correo, que por vanidad y hedonismo no iba a pasar por alto. En él un artista neerlandés, apodado en adelante despreciativamente como “Cucaracha”, lo notifica de que irá a París junto a una joven que el autor denominará “la Cerda”, una estudiante de filosofía supuestamente deseosa de intimar con él frente a una cámara.

Para entender todo este rollo hay que partir de la idea de que para la superestrella de las letras francesas era muy común incursionar con jovencitas groupies. Cosa que en el libro no tiene problemas en reconocer, total, no hay nada ilegal. ¿Pero por qué dar el paso a dejarse grabar? Bueno, por amor. Y aquí nos adentra en una retrospectiva sobre su historia con el porno y la conclusión de que participar en un proyecto de esas características sería una hermosa manera de consumar el vínculo con su pareja, la poeta china, varias décadas menor, conocida simplemente como Lysis.

La prostitución, como plantean Bruno y Daniel, los personajes de Las partículas elementales y La posibilidad de una isla, es una manifestación propia del vacío existencial, pero legítima. En cambio la pornografía es un síntoma de la crisis moral y presenta una visión distorsionada de la sexualidad degradando la intimidad. Porque cuando Houellebecq se enfrentó por primera vez a la pornografía profesional, las acciones torpes y exageradas de los actores, le provocaron náuseas y un sentimiento de desesperación, como cuenta en estas páginas. Tras esta mala experiencia la vetó por treinta años, y solo reanudó su interés gracias a una joven amante alemana: “Es una ventaja secundaria, pero real, de las amantes jóvenes: accedes a otro mundo, a un universo cultural que de lo contrario no habrías conocido. Así, gracias a esta joven descubrí a Nirvana y YouPorn: no es poco”. En este porno amateur y sencillo podía encontrar casi siempre un placer auténtico y hasta cierta ternura.

Imagen de la película Kirac 27

¿Por qué un trío si hay amor?

La idea de conservar la huella real de los momentos de pasión de una pareja, que podrían perderse con el tiempo, le produjo una nostalgia prematura. Pero también una cierta contrariedad de estar fuera, por brecha generacional: “Ya me cuesta comprender que haya gente que muestre sus fotos de vacaciones en las redes sociales. Pero ¿imágenes íntimas?”. No obstante, optó por dejar pasar sus prejuicios y se centró en eternizar el deseo y goce con su mujer.

Houellebecq expone dos elementos que debe contener la sexualidad para ser plena, el primero y más importante es el amor, el segundo, la empatía simultánea y no tiene ninguna vergüenza para soltar el siguiente párrafo analítico. “Si se cumplen milagrosamente esas condiciones emocionales, el extremo placer físico que el hombre obtiene se explica por elementales consideraciones anatómicas. En la postura injustamente desprestigiada del misionero, para el hombre es perfectamente factible, mientras penetra a la mujer, acariciarle los pechos y lamerle, chuparle o mordisquearle los pezones, entre otras caricias apreciadas. Sea la que sea la postura que se adopte, si bien la mujer puede (y por lo tanto debe) acariciar los cojones del hombre durante la penetración, en cambio le resulta imposible lamerlos, por lo que la intervención de otra mujer es indispensable —por otra parte, ya está bien establecida la superioridad de la lengua sobre los dedos—”.

El problema es que la Cerda no cumplió las expectativas con una actitud totalmente pasiva que más ameritaba que hubiese sido ella la que pagara la sesión. Pero las imágenes ya estaban y aunque más adelante celebrarían otra reunión esta vez en Ámsterdam con actrices distintas para continuar otros proyectos, Houellebecq fue perdiendo la paciencia y las ganas y no se dejó grabar más. Si bien firmó un contrato que le permitió a la Cucaracha usar las imágenes del encuentro con la Cerda, el escritor estaba bajo los efectos de una botella de vino y de ansiolíticos y no lo leyó bien, pero el argumento no le sirvió.

Había un tráiler de él sin camisa, besando a una mujer joven en la cama, pero la real amenaza era el video con la Cerda de un poco más de cincuenta minutos que el autor no recomienda: “Me resultaba atroz pensar que la única huella perdurable de mi vida sexual, la parte más viva de mi vida, fuese un coito mediocre con una cerda inerte, grabado por una Cucaracha degenerada, un conjunto de una fealdad total. Merecía algo mejor; cualquiera merece algo mejor”.

“La actualidad ya no existe”

A sus 67 años Houellebecq debió reunir todas sus energías para defenderse por medio de juicios y abogados, como lo aconsejó el actor Gérard Depardieu con quien compartía una época que se había vuelto claramente desagradable: “El juego de la celebridad se asemejaba cada vez más a un juego de exterminio…”. Que el actor estuviese acusado de violencia sexual contra una decena de mujeres no lo desincentivó a seguir su consejo práctico: consagrarse en exclusiva a la literatura, y no rendirse en nada, incluido en lo jurídico. Pero Houellebecq se preocupa de desmarcarse, “ni borracho como una cuba creo haber incurrido en lo que llaman ‘comportamiento inadecuado”’.

De hecho es él quien reconoce sin pudor que se siente como una mujer violada. Y ha sufrido “el asco, o al menos la inapetencia absoluta, que despierta el sexo. Infectarle a alguien las fuentes del placer me parece, en efecto, muy cercano al crimen”. Tras la experiencia, escribe, “había tenido por primera vez en mi vida la impresión de que la sexualidad contenía algo de sucio”. Y como confesó en una entrevista en el diario El País, desde entonces no había podido tener sexo.

El texto contiene varias sorpresas. Por ejemplo el reconocimiento de ser un ignorante en geopolítica, el autor de El mapa y el territorio pensaba que Crimea y Ucrania eran provincias rusas, antes de la anexión de Crimea, “por la misma época me enteré de la existencia de los países bálticos, o sea que se me habían escapado unas consecuencias de la disolución de la URSS”. O su afición a leer a John Grisham, “El último que he leído, Ajuste de cuentas, es realmente un libro hermoso, perturbador y misterioso”. Y el odio a Picasso: “Si Picasso, para afearlas deforma las cosas, y sobre todo a los seres, es porque su alma es fea”.

Si bien la mayor parte del libro está dedicada al caso del video, hay otra polémica con la que abre el volumen, la acusación de islamofobia tras una entrevista que dio al filósofo Michel Onfray en Front Populaire donde podía interpretarse que el autor vinculaba a los musulmanes con la delincuencia. También es traicionado cuando pide que retiren el número. Como eso no sucede, aquí escribe la aclaración. Cierto es que esta obra es, como se ve, por desquite, y puede considerarse sesgada, pero las páginas están llenas de honestidad y dan muestras de una personalidad frágil y de un sentido moral, bien estricto, que el lector no se espera.

Y hay una interesante idea filosófica de cómo percibe Internet, y que lo descompone: “Cuando buscas algo, los resultados más recientes no son los que aparecen antes, a no ser que hayas configurado el navegador para ello; mis lectores me veían en la televisión por Internet como si yo apareciese ahí todos los días. En cierto modo, la actualidad ya no existía”.

Unos meses de mi vida, Octubre 2022-marzo 2023

Ficha: Unos meses de mi vida, Octubre 2022-marzo 2023. Michel Houellebecq. 2024, Anagrama. 120 páginas. Dónde comprar

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