* Por Delphine Renard
El libro de Henriette Michaud nos permite, entre otras cosas, descubrir la manera sutil con la que el gran vienés eludió las pretensiones de Ernest Jones, fundador de la Sociedad Psicoanalítica Británica, de tener prioridad sobre las traducciones y ediciones de sus escritos, para preferir a dos jóvenes desconocidos, James y Alix Strachey. Todo empezó con un gran encuentro: el de Freud y el primero de estos desconocidos, James Strachey, que llegó a su diván en 1920. Fue a pasar un año en Viena con Alix, con la que acababa de casarse, para ser analizado y completar su formación con la perspectiva de convertirse él mismo en psicoanalista: hermosa manifestación de inconformismo para este ex periodista, excluido de numerosos círculos debido a sus posiciones pacifistas durante la Primera Guerra Mundial.
El psicoanálisis todavía causaba miedo en aquella época y despertaba hostilidad, incluso en los círculos avanzados. Freud, seducido por su inmensa cultura, contrató inmediatamente a los recién casados para traducir su artículo “Pegan a un niño” y sus cinco estudios de caso. Angloparlante y anglófilo, discute con ellos todos los domingos los términos a utilizar para denominar sus conceptos. Gracias a sus amigos Leonard y Virginia Woolf, las primeras traducciones de los Strachey, como las siguientes, vieron la luz en las flamantes imprentas de Hogarth Press. De hecho, los Woolf, al igual que los Strachey, han vivido durante unos quince años en el distrito de Londres donde se encontraban varios antiguos alumnos de Cambridge, esto es, Bloomsbury. Se reúnen en casa de otros para tomar chocolate caliente y discutir sobre literatura, arte, política, filosofía o economía con sus amigos, vecinos o compañeros de cuarto: John Maynard Keynes, Bertrand Russell, Roger Fry, Vanessa Bell o E. M. Forster, por nombrar solamente a algunos de los más famosos.
Alix y James Strachey, los traductores de la Standard Edition de las obras de Freud en 24 volúmenes.
A partir de numerosos extractos de correspondencia, Henriette Michaud nos muestra cómo, a través de las relaciones amistosas y románticas de esta pequeña comunidad, Bloomsbury se convirtió en el crisol burbujeante de la modernidad en muchas áreas. Personajes que se han convertido en históricos son objeto, en el intercambio epistolar, de anécdotas burlescas contadas con entusiasmo. Vemos al buen doctor Winnicott, uno de los primeros pacientes de James Strachey, olvidándose sistemáticamente de pagar sus primeras sesiones de análisis mientras, por toda la casa, resuenan las charlas de una bailarina de los ballets de Diaghilev, la novia de Keynes (sí, el de la política keynesiana del New Deal)…
Henriette Michaud cuenta de manera boyante respecto de Alix Strachey, que ella se fue a Berlín durante un año para ser analizada por Karl Abraham después de su tratamiento interrumpido con Freud, de cómo conoció a Melanie Klein, de quien, entre dos bailes de disfraces, preparó la llegada y las conferencias en la Sociedad Británica de Psicoanálisis, antes de su establecimiento permanente en Londres. Un viento de libertad sopla a través de las investigaciones y avances de estos intrépidos y apasionados analistas. Henriette Michaud relata muy acertadamente, en nuestros tiempos de excesiva estandarización, que, en 1959, durante una ceremonia que lo nombró miembro honorario del Instituto Británico, James Strachey pronunció un discurso notable y aparentemente muy ingenioso durante el cual recordó, con su habitual modestia que, si hubiera tenido que formarse en psicoanálisis según las normas actualmente vigentes en el Instituto, no habría tenido la más mínima posibilidad de ser admitido. Entonces la Standard Edition simplemente no existiría.
Cincuenta años de vida en común permitieron a James y Alix Strachey completar este monumento, una magnífica herencia psicoanalítica. Dejemos la última palabra a Henriette Michaud, ella misma una “pasadora” vibrante y vivaz sobre estos “pasadores de Freud a la lengua inglesa”: “Le dejan a la posteridad del siglo XXI un tesoro de lengua, un añadido lingüístico que lleva en sí un poco de la brillantez de Bloomsbury”.
Artículo aparecido originalmente en Cahiers Jungiens de Psychanalyse 155 (2022). Se traduce con autorización de su autora. Traducción: Patricio Tapia
“Freud en Bloomsbury”. Henriette Michaud. (Trad. M. del C. Rodríguez), Editorial Manantial, Buenos Aires, 2024, 206 pp.
* Delphine Renard es psicoanalista y escritora. Ella es miembro de la Société Française de Psychologie Analytique y de la International Association of Analytical Psychology. Es autora de los libros: Judaïsme et psychanalyse (2012), Tu choisiras la vie (2013), La Grande maison de brique rose (2013) y Après Micheline (2016).
