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El mal y la responsabilidad de estar aquí en el mundo

Hay males humanos (el genocidio) y naturales (el terremoto de Lisboa, en la imagen). ¿Son lo mismo? Su existencia es un dilema intelectual en la historia del pensamiento moderno; en su, a la vez, erudito y accesible libro, Susan Neiman analiza cómo filósofos y escritores han tratado de explicarlo.

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* Por Mark Kingwell

Esta “historia alternativa de la filosofía” de Susan Neiman no es un ejercicio de la falacia de alegato especial que esté de moda ni uno de reforma del canon, sino un intento de demostrar que la filosofía occidental tiene un enfoque erróneo. En lugar de la alianza común pero engañosa entre metafísica (“¿Qué es real?”) y epistemología analítica (“¿Qué podemos conocer?”), Neiman argumenta que los filósofos deberían reconocer que la metafísica está vinculada con la ética (“¿Qué es correcto?”). Las cuestiones tradicionales sobre apariencia y realidad, sustancia y cambio, reflejan una lucha constante, a menudo frustrada o fútil, con el problema del mal. Esta no es una tesis sin precedentes —Aristóteles, por ejemplo, tenía una versión de ella—, pero el enfoque moderno de Neiman y la desafortunada coincidencia de acontecimientos recientes hacen que la cuestión del mal sea a la vez más difícil y más urgente.

Generalmente concebido como un debate teológico estricto dentro de la teodicea cristiana, el problema del mal se basa en la percepción generalizada de que las cosas malas les suceden a las buenas personas. Si esto es así, entonces el “triángulo de la perfección” de la deidad cristiana —las cualidades divinas interconectadas de omnisciencia, omnipotencia y omnibenevolencia— se ven cuestionadas; al menos una de ellas debe ceder. Si los inocentes sufren y mueren, entonces Dios debe ser ignorante, débil o malicioso. El terremoto de Lisboa de 1755, una devastación espantosa, provocó fuertes críticas a la teodicea, especialmente a la versión de Gottfried Leibniz del “mejor de los mundos posibles”, que fue salvajemente ridiculizada por Voltaire.

Susan Neiman, filósofa y directora del Einstein Forum, en Postdam, Alemania.

Susan Neiman, directora del Einstein Forum, en Potsdam, pregunta: ¿Son los males naturales, como el terremoto de Lisboa, y los males humanos, como el Holocausto, versiones del mismo problema, o son distintos? Si existe una distinción, ¿cuál es? Podemos abandonar la fe cristiana y así mitigar el impacto de un desastre natural (ya no es, salvo metafóricamente, un “acto de Dios”). Pero esto no nos ayudará cuando los males creados por el hombre —genocidio, tortura y terrorismo— tengan el mismo efecto de destrozar nuestra idea del mundo como un lugar donde las cosas tienen sentido.

El libro está organizado en cuatro extensos capítulos, dentro de las restricciones autoimpuestas de no definir el mal ni remontarse más allá de la era “moderna”, que aquí se sitúa a partir de 1697 con la publicación del Diccionario histórico y crítico de Pierre Bayle. Los dos primeros capítulos de Neiman analizan los puntos de vista contrapuestos al mal: “Uno de ellos, de Rousseau a [Hannah] Arendt, insiste en que la moralidad exige que hagamos al mal inteligible. El otro, de Voltaire a Jean Améry, insiste en que la moralidad exige que no lo hagamos”. A continuación, se incluye un capítulo aparte sobre las visiones variadas y que desafían las categorías de Nietzsche y Freud, y un capítulo final de evaluación y balance, que incluye algunas reflexiones matizadas sobre los usos retóricos de la palabra “mal” en los días y semanas posteriores al 11 de septiembre de 2001.

El libro de Neiman está escrito con considerable estilo, como ya han señalado muchos críticos, pero posee una cualidad mucho más rara y más valiosa: seriedad moral. Su argumento construye una poderosa fuerza emocional, una sensación de profunda inevitabilidad. Existen males tanto naturales como morales, y ambos tienen el poder de amenazar la inteligibilidad del mundo como un todo. Los ataques imposibles de prevenir contra el World Trade Center y el Pentágono fueron malvados no porque muriera gente —muchas más personas mueren cada verano en las carreteras estadounidenses— sino porque desgarraron nuestro frágil tejido del sentido.

El mal en el pensamiento moderno no es solamente una inteligente revisión de la historia intelectual tradicional; es una exigencia a los filósofos, de hecho, a todos nosotros, de reconocer las profundas responsabilidades de estar aquí, en un mundo donde ni Dios ni la naturaleza —ni, a veces, otras personas— se preocupan por lo que nos sucede. No es frecuente que una obra con conclusiones tan sombrías se sienta tan esperanzadora y valiente.

Artículo aparecido originalmente en The Wilson Quarterly 27-4 (2003). Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia

“El mal en el pensamiento moderno”. Susan Neiman. (Trad. F. Garrido). Editorial Debate, Barcelona, 2026, 480 pp.

* Mark Kingwell es profesor de filosofía en el Trinity College de la Universidad de Toronto. Ha escrito para Harper’s, The Globe and Mail, Toro (como columnista de tragos), National Post, Toronto Star Opinion y The Wilson Quarterly, entre otras publicaciones. Entre sus últimos libros se cuentan Wish I Were Here (2019), On Risk (2020), The Ethics of Architecture (2021), Singular Creatures (2022) y Question Authority (2024).

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