* Por Ana-Maria Dumitraşcu
Florence Noiville, crítica literaria y periodista del diario Le Monde, novelista y también ensayista, es conocida por ser la autora de la biografía del premio Nobel Isaac Bashevis Singer, por la que recibió el Premio de relato biográfico (Isaac B. Singer, 2003). En 2016, Noiville publicó Écrire c’est comme l’amour. Portraits littéraires (2016), una obra traducida al inglés como Literary Miniatures (2013), un título que se ajusta a la brevedad de las descripciones que contiene y se complementa con una entrevista con el escritor francés de origen checo Milan Kundera, un amigo cercano suyo. Entre las voces más importantes de la literatura mundial, Kundera, a través de sus escritos, conquistó a un vasto público internacional en un momento en que los relatos de las experiencias de los regímenes socialistas en Europa del Este generaban entusiasmo global. Logró desentrañar la memoria emocional de las naciones del bloque comunista que exigían ser escuchadas y despertar el interés y la compasión de las sociedades occidentales que no se enfrentaban al autoritarismo de sus homólogas orientales, creando a la vez un puente transgeneracional en la era de las “tres Europas” (tomando prestado el título de un ensayo del historiador Jenó Szúcz).
Es oportuno avisar que quienes deseen encontrar una biografía completa del escritor checo en esta obra encontrarán más bien una monografía que se asemeja a investigaciones y entrevistas, una biografía que recorre su trayectoria bibliográfica, las circunstancias históricas, políticas y culturales que rodearon la publicación de sus novelas, así como la recepción de su obra en Francia y en el extranjero durante y después de la caída del régimen comunista checoslovaco. Además, la investigación literaria parece ser la forma preferida de Florence Noiville, autora, entre otras obras, de novelas de investigación. Por ejemplo, en La Donation (2007), la narradora indaga en su pasado y en el de su madre; en L’Attachement (2012) [hay versión castellana: Los lazos, Alianza, 2015], Anna, la hija de Marie, busca comprender a su madre tras su muerte a través de su amor pasado; o también en L’Illusion délirante d’être aimé (2015), que retoma la investigación de la periodista y novelista Laura.
En Milan Kundera. Un retrato íntimo, Florence Noiville recorre la trayectoria de Kundera a través de diferentes épocas y llega a los lugares que amó, etapas de su trayectoria de escritor: Brno (su ciudad natal), Praga, Rennes, París, Belle-Île-en-Mer y Martinica. A través de las dos citas elegidas como epígrafes, deja claro que su objetivo no es emprender una biografía en el sentido clásico del término —Kundera detestaba las biografías, creyendo, como Gustave Flaubert, que el escritor debe esconderse tras el texto literario y la novela en particular—, sino sumergir al lector en “la sabiduría de la novela” (El arte de la novela, 1986). Sin embargo, el libro contiene numerosos elementos biográficos, a menudo íntimos, y se convierte repetidamente en un homenaje al “hombre orquesta” que fue Kundera, con sus múltiples habilidades y conocimientos artísticos: músico, poeta, ensayista, escritor, dibujante y pintor. También se relata un episodio sombrío de los últimos años del novelista, cuando, tras perder la razón, se dedicó a destruir todos sus libros. Es aquí donde la lectura flaquea, porque el verdadero Milan Kundera, aquel que buscamos en su obra, ya no está presente.
Diversas voces emergen a lo largo de las páginas: la del novelista Milan Kundera, la de su esposa Věra Kunderová, y la de especialistas y críticos literarios como el montrealés François Ricard y el escritor rumano Norman Manea, así como la de Anna Kareninová, traductora de sus obras al checo. Florence Noiville se reunió con estas personas o con las que habló por teléfono. A pesar de la amplitud de trabajo, en el que sus perspectivas convergen, divergen o se superponen, cada uno contribuye, con sus propias piezas, a la construcción del gran rompecabezas, aún incompleto, que es Milan Kundera.
El libro no tiene ni prefacio ni posfacio ni índice y, a primera vista, parece rapsódico, incluso caótico, debido a la ausencia de capítulos, a pesar de los títulos y subtítulos. Las frases son simples y límpidas, mientras que el estilo es sin adornos. Desde el punto de vista compositivo y tipográfico, el libro se estructura en párrafos cortos separados por espacios en blanco. Estos últimos tienen una doble función: a la vez utilitaria (asegurar una transición) como la de señalar los diversos cambios de tiempo, lugar, punto de vista, humor, tono, emoción y ritmo, todo lo que permita al lector interrumpir su lectura en cualquier momento. Estos espacios en blanco crean la impresión de que el autor anima a los lectores a leer entre líneas tanto como en el texto. Además, traducen visualmente los silencios que invitan a reducir el ritmo, a detenerse y dar tiempo a que las sucesivas capas de la lectura impregnen la memoria y estimulen la reflexión. Stefan Zweig (Confusión de sentimientos) dijo: “La pausa es parte de la música”; y Maurice Blanchot (La escritura del desastre) pensaba que “el silencio es ya una palabra”. Se podría decir que se trata de una escritura poética en que Florence Noiville recuerda a la de Guy Goffette, una escritura que destaca tanto en su formulación como en su puesta en página, y que sugiere la estructura de un largo poema polifónico con los respiros de los intervalos tipográficos.
La obra de Noiville también constituye un ejemplo de literatura no ficcional que rompe con las reglas y técnicas narrativas tradicionales de la cronología al adoptar un método de escritura fragmentario y no lineal. La autora relata acontecimientos representativos de la carrera literaria de Kundera, dejando al lector la tarea de reconstruir la trama del relato. En consecuencia, el libro se construye según una técnica carnavalesca, como un juego de ecos entre el pasado lejano, el pasado reciente y el presente, donde las digresiones narrativas toman la forma de analepsis, de prolepsis, de pausas narrativas y de epífrasis. En lo que concierne a la estructura supuestamente ambigua del libro, la clave la proporciona la propia autora, invitada al programa «Matins» de France Culture («Milan Kundera: Escribir contra el yo», France Culture, 2 de junio de 2023), donde lo describe como «un abrigo de arlequín», hecho de retazos, de elementos biográficos intercalados con citas, de un extracto de una partitura musical compuesta por Kundera a los 14 años, de dibujos y pinturas, de fotos personales, de notas del diario de viaje de Noiville, de recuerdos del pasado más o menos lejano del novelista, de pedazos de conversaciones con Milan Kundera, con su esposa, Věra Kunderová, o con quienes lo conocieron bien, todo ello “cosido” con hilos de impresiones, de reflexiones personales, y envuelto en una ternura nostálgica.
Con sus intertítulos, la aproximación cinematográfica del relato fílmico recuerda al cine documental, donde una narradora, a veces presente en un lugar específico, a veces distante en un segundo plano, busca desvanecerse, estableciendo así un paralelismo entre la toma de notas y la toma de imágenes. En consecuencia, los distintos pasajes a veces se titulan con comentarios de Kundera. Por ejemplo, el primer pasaje se titula “Hacer creer a la posteridad que uno no ha existido”, mientras que otros adoptan la forma de fragmentos de un diario íntimo, como “2000. Ancas de rana al ajillo con perejil frito” o “2020. Una tarde, calle Récamier”, o entradas de un diario de viaje, por ejemplo, “2021. Cuaderno de viaje: Terezín”, “2021. Cuaderno de viaje: Brno” o “2022. Cuaderno de viaje: Praga”. A veces, la sección comienza con un año seguido de un nombre representativo de una etapa importante en la vida del escritor: “1993. ¿Por qué un escritor debería ser prisionero de una sola lengua?”. También hay pasajes anecdóticos como “1981-2018. Dos ‘t’, dos ‘r’”, que relata un episodio de 1981 cuando, durante la ceremonia oficial de ciudadanía francesa de Kundera, el nuevo presidente de la República, François Mitterrand, le pidió un autógrafo: un momento de pánico lo invadió, pero fue salvado a tiempo por Věra Kundera, quien le susurró a su esposo: “dos t’s, dos r’s”. Otra historia humorística que sin duda encantará a los lectores es la titulada “1995. ‘La lengua francesa es como Greta Garbo’”. Enfrentado al francés, un idioma que lo fascina y lo intimida a la vez, Kundera se siente como un niño de catorce años que conoce a la “divina” actriz sueca nacionalizada estadounidense. En otras ocasiones, los pasajes son reflexiones de la autora o preguntas retóricas a las que ella ha buscado una interpretación, una vía de lectura, una respuesta —ver “Su ojo entre el pulgar y el índice” o “¿Se recupera uno alguna vez del síndrome de Europa del Este?”—, pero hay otros, como los titulados “La pieza faltante” o “El eslabón perdido”, donde ella asume la ausencia de anécdotas personales por respeto a la voluntad de discreción que Milan Kundera siempre ha afirmado.
Concluyamos con un conocido título de Kundera, La vida está en otra parte, una afirmación que la autora ha transformado en una pregunta a la que ofrece una respuesta personal y que deja en el aire el misterio del acto artístico, que lleva a perderse, a evadirse, a conocerse mejor y… a tomarse el tiempo, porque “la novela es enemiga de la velocidad” (Kundera, en Les Grands Entretiens de Lire, entrevista con A. de Gaudemar).
Artículo aparecido originalmente en “Questions de communication” 46 (2024). Se traduce con autorización de su autora. Traducción: Patricio Tapia
“Milan Kundera. Un retrato íntimo”.Florence Noiville. (Trad. M. Lahoz). Tusquets, Barcelona, 2024, 304 pp.
*Ana-Maria Dumitraşcu enseña en el departamento de literatura de la Universidad de Transilvania din Braşov. Ha estudiado y escrito largamente sobre la obra de Milan Kundera.
