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La búsqueda de lo inalcanzable

En este libro Richard Gwyn recuerda sus viajes por Sudamérica en busca de poemas para una antología. Desde la Patagonia hasta México. Es también un libro sobre la traducción, el recuerdo y los intentos por mantener el rumbo de la propia vida.

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Por Gavin O’Toole*

En las muchas palabras dentro de este libro se encuentra una sola clave, cuya búsqueda ha ocupado a millones de escritores.

Y es esta: los viajes que emprendemos en este mundo material, trazado por mapas y símbolos, tienen un destino espiritual: encontrarnos a nosotros mismos.

El libro de Richard Gwyn nos recuerda por qué Latinoamérica fascina a tantas mentes creativas, un lienzo que ofrece al aventurero un alcance creativo ilimitado.

Embajador de ninguna parte es una memoria y un diario de viaje sobre las visitas del autor a esta región, pero también es la crónica elocuente de un viaje personal.

Mientras Gwyn nos cuenta acerca de sus encuentros como un poeta que visita este hemisferio con conflictos, también revela sus propias batallas: con el alcohol, el duelo y con la búsqueda del lugar al que pertenece. Sus viajes por Latinoamérica constituyeron, sin duda, una etapa formativa en su vida que dejó una marca indeleble.

Gwyn relata sus incursiones en la región para encontrar poemas y conocer poetas para su antología, The Other Tiger (2016), muy bien acogida por la crítica, una colección de poesía que él seleccionó y tradujo.

Esta es una reflexión sobre la fragilidad, la pérdida y el amor, cuya conclusión está precedida por las conmovedoras observaciones que solamente un poeta puede ofrecer sobre los últimos días, y luego la muerte, de su padre en Crickhowell, Gales, en mayo de 2015.

Gwyn escribe: “Cuando por fin ya no respira, su presencia de ser vivo se desintegra bruscamente, se desvanece como una voluta de humo, y una ausencia palpable desciende sobre la habitación en la que permanecemos los tres (…). Una ola de tristeza inexpresable nos inunda, sumergiendo temporalmente todas las demás emociones, y experimento la sensación casi cinematográfica de irrealidad que acompaña a esos momentos que uno reconoce como que definen la vida”.

Él aborda cada situación con el celo de un escritor que toma notas para escenas que luego incluye en un poema o novela: las minucias de lo cotidiano se convierten en momentos significativos, lecciones aprendidas.

Su vuelo inicial desde Cardiff con rumbo a un festival de poesía en Nicaragua, por ejemplo, se convierte en un entretenido relato sobre los pasajeros de un avión, los eslavos, los pogromos, la embriaguez y la falta de autocontrol.

Sus comentarios políticos son sinceros y concisos, volviendo a considerar algunos de los peores excesos de una región violenta y sus orígenes en el intervencionismo estadounidense, como la masacre de El Mozote en El Salvador. Compara el cinismo de Daniel Ortega con los sueños de poetas originalmente sandinistas como Ernesto Cardenal y Gioconda Belli.

Al visitar un festival en Argentina y codearse con la élite literaria, se dirige luego a una villa miseria, impactado por el contraste social que encuentra, para luego regresar a los pechos inflados y las hipérboles del evento con diversos sarcasmos sobre sus estimados expositores.

En Colombia, le fascina enterarse que el presidente Juan Manuel Santos y Tony Blair escribieron como coautores un libro, La tercera vía, buscando adaptar —Dios no lo quiera— la filosofía política blairista a un contexto colombiano. ¿Veremos quizá una colaboración similar en el futuro entre Keir Starmer y un restaurado Álvaro Uribe?

Gwyn visita la Patagonia argentina, donde se sumerge en la herencia galesa del sur azotado por el viento, considerando inicialmente las afiliaciones de quienes allí se identifican con la lejana patria como una fantasía nostálgica.

Escribe: “Me sentí confundido y un poco avergonzado por mi ambivalencia hacia los galeses patagónicos: Eran, en general, gente amable y generosa, sin grandes recursos económicos, que intentaban seguir adelante con sus vidas, y yo no tenía derecho a formular juicios desinformados sobre ellos. Para agravar mi malestar, mi galés hablado estaba oxidado, por decir lo menos; nunca lo había hablado con fluidez y, durante varios años, lo había descuidado; en consecuencia, me sentía más cómodo hablando castellano con los lugareños”.

La segunda parte del libro está dedicada a sus visitas a México, que ofrece amplio espacio para la reflexión sobre el mito y la historia precolombinos, un festín para el poeta, junto con reflexiones sobre las obras de grandes autores como Juan Rulfo, especialmente sus hermosos relatos impregnados de desilusión.

La mente de Gwyn es como Latinoamérica, aventurera, sin fin, inmersa en la calidez adictiva de aquellos con que se encuentra. Como él mismo reconoce, la publicación es una estación de paso, y tal viaje en el mapa de su mente nunca termina del todo. 

Escribe: “Al llevar el proyecto a su finalización, me pareció que nunca podría concluirse, como tampoco termina realmente la poesía misma o un único poema”.

Esto se debe a que la vida del escritor transcurre en búsqueda de algo inalcanzable —al final de nuestros viajes no podemos ser la misma persona que partió— y eso es, en última instancia, el conocerse a sí mismo.

Gwyn reconoce esto: “Casi no me identifico ni comprendo al joven de diecinueve años que mencioné al comienzo de esta crónica. No considero que el yo que habito ahora sea el mismo que era entonces, ni ninguno de los innumerables yo que surgieron en el medio”.

Buscamos escapar de esos yo a través de viajes que nos separan de todo lo que hasta ahora nos ha hecho quienes somos, con la esperanza de regresar a un mejor lugar para la comprensión, un año cero, una reinvención.

El poeta concluye: “La idea de que podríamos carecer de un yo esencial e identificable me atrae y me repele por igual y, sin embargo, al mismo tiempo su ausencia no parece ser un obstáculo para la satisfacción o incluso la serenidad”.

Artículo aparecido originalmente en The Latin American Review of Books 20-07-2024. Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia

Embajador de ninguna parte. Richard Gwyn (Trad. J. Fondebrider). 2025, Editorial Lom. 346 pp.

*Gavin O’Toole es periodista independiente y ex subeditor de The Guardian y The Observer. Ha escrito seis libros sobre América Latina y ha impartido clases sobre política regional en la Universidad Queen Mary de Londres.

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