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Pinochet, Rauff, la impunidad y la justicia internacional 

Desenterrando el vínculo de Pinochet con uno de los hombres más buscados de la Alemania nazi, Walter Rauff, el último libro del abogado Philippe Sands surge tras una década de investigación.

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Por Dan Carrier*

A pesar de las pruebas de asesinatos masivos, el general Augusto Pinochet viajó al Reino Unido para someterse a una intervención menor en un elegante centro médico privado, The London Clinic.

Era 1998 y el exdictador se sentía tan seguro que, cuando los agentes de la Policía Metropolitana llegaron al lado de su cama, se llevó una desagradable sorpresa: tenían una orden de arresto.

El magistrado español Baltasar Garzón aprovechó la oportunidad para esposar al hombre que lideró un golpe armado contra el gobierno democráticamente electo de Chile en 1973 y fue responsable del asesinato de miles de personas.

El profesor de derecho y abogado Philippe Sands representó a la organización Human Rights Watch en el caso Pinochet. Y ahora cuenta una historia que entrelaza al dictador con un nazi genocida que encontró refugio en el Derecho Internacional bajo el régimen de Pinochet.

El libro revela que a Philippe Sands se le pidió que representara a Pinochet y, como defensor del principio de la «fila de taxis (que los abogados toman el siguiente caso independientemente de las creencias personales), estaba obligado a defender a Pinochet.

Su esposa, española, le dijo que solicitaría el divorcio si lo hacía; en cambio, siguió las instrucciones de Human Rights Watch.

El libro, Calle Londres 38, es el tercero de una trilogía. Philippe eligió el título en honor al edificio de Santiago donde los escuadrones de la muerte de Pinochet arrastraban a sus opositores y los torturaban: había sido el centro de un partido socialista antes del golpe de Estado.

Las obras anteriores de Sands, Calle Este-Oeste y Ruta de escape, investigan los vínculos entre su familia, la Segunda Guerra Mundial y cómo los nazis escaparon de la justicia.

“Todo empezó en 2014, cuando estaba investigando para Ruta de escape”, recuerda.

Encontró una carta intrigante en los archivos: era de un hombre llamado Walter Rauff a otro nazi, aconsejándole que se dirigiera a Sudamérica.

“Vi que Rauff había huído a Chile”, dice. “Vi que podría haber un vínculo entre él y Pinochet”.

Esto dio origen a una historia detectivesca de una década de duración y revela, por primera vez, un vínculo entre uno de los hombres más buscados de la Alemania nazi y Pinochet.

Y al igual que en Calle Este-Oeste y Ruta de escape, Philippe no podía ignorar una conexión personal.

Carmelo Soria, primo de su esposa, fue una de las víctimas de Pinochet.

Un juez chileno le preguntó por qué se había interesado tanto por Rauff: “Era una pregunta honesta”, escribe. “Todo empezó con la ley, cómo se llevaron adelante los crímenes creados por el tribunal de Núremberg, la interacción entre inmunidad e impunidad. También hubo una conexión personal a través de Carmelo, y descubrí que una de las muchas asesinadas en los furgones de Rauff era Herta Gruber. Tenía 12 años, era la prima mayor de mi madre”.

El libro se lee como un thriller policíaco que combina Derecho Internacional, la soberanía y la inmunidad, y la cuestión moral de la responsabilidad en la esfera política.

Philippe entrevista a decenas de personas que ofrecen pistas y recuerdos personales, así como a las figuras jurídicias y políticas que participaron en el arresto de Pinochet.

La inspiración le llegó de un vecino. El difunto escritor John le Carré vivía enfrente de Philippe en Hampstead.

“Él estaba fascinado por Rauff y tuvo un papel en darle forma al libro”, dice Philippe. “Le Carré explicó cómo abordar un tema complejo y hacerlo legible. Explicó cómo colocar pequeñas pistas. El lector comprende y quiere resolver el rompecabezas”.

“John tenía un profundo respeto por el lector que no estaba inmerso en el mundo del espionaje —o en mi caso, en el Derecho—, pero que entendía el mundo”.

Como demuestra la investigación de Philippe, Rauff, quien era responsable de los furgones nazis que utilizaban gases del tubo de escape para matar a las víctimas encerradas en su interior, se convirtió en gerente de una fábrica de cangrejos chilena. Su pasado era bien conocido. Se intentó exigirle responsabilidades y se prepararon causas para su extradición. Vivía con el temor de ser secuestrado o asesinado, y Philippe revela que escapó por poco de los agentes israelíes.

Walter Rauff

Aunque Rauff afirmaba que era inocente —decía que “cumplía órdenes”—, Philippe ha descubierto pruebas que demuestran que este asesino rabioso y antisemita continuó con su labor. Sin revelar demasiado —el libro no merece spoilers de su contenido—, Philippe se propone establecer un vínculo entre Rauff y Pinochet. Los resultados son asombrosos, y espera que causen consternación en Chile.

“Proporciona evidencia por primera vez de la conexión entre los crímenes cometidos en América Latina en las décadas de 1970 y 1980 y uno de los autores de los crímenes de guerra nazis”, añade. “Demuestra que estos individuos no se desvanecieron. Continuaron en otros lugares”.

Philippe habló con muchas fuentes, incluyendo partidarios de Pinochet.

No fue fácil. “Si los tratas con respeto y demuestras que no alterarás ni un solo detalle, se construye la confianza”, afirma. “En un tribunal, el discurso político no se tolera. Compartes espacio con personas con las que puedes discrepar profundamente, pero a las que tratas con respeto. Aprendí de Le Carré a no guiar al lector. El lector, como un juez, quiere formarse su propia opinión”.

“El trabajo consiste en presentar el material fielmente. Puede ser difícil, pero dejas que el lector decida. Un abogado respeta al juez para que se forme su propia opinión; como escritor, debes respetar al lector”.

“Y en estos tiempos de noticias falsas, creo que el papel del escritor es exponer los hechos con imparcialidad y no imponer una agenda”.

El libro se remonta a los juicios de Núremberg y su impacto actual: con Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu acusados ​​de crímenes de guerra en Ucrania y Gaza, el Derecho Internacional está en el punto de mira.

“Vivimos en un momento en el que se cuestionan las ideas establecidas desde 1945”, añade.

“No soy idealista —ellos tienen que evolucionar—, pero los fundamentos se mantienen. El abuso de la ley y de los altos cargos no te exime de rendir cuentas. Fue revolucionario en 1945 y merece respeto y protección hoy”.

Y como señala Philippe, el arresto de Pinochet tuvo un impacto global.

“Hizo que otros reflexionaran sobre sus propias inmunidades”, afirma.

El presidente croata, Franjo Tudjman, decidió no viajar a Alemania para recibir tratamiento médico urgente; se enfrentaba a una acusación por crímenes cometidos en la antigua Yugoslavia. George W. Bush canceló una visita a Suiza, supuestamente por temor a ser entrevistado sobre la técnica de interrogatorio de ahogamiento simulado, mientras que Putin faltó a una cumbre en Sudáfrica tras los crímenes cometidos en Ucrania.

Para muchas familias que lloran a sus seres queridos en Chile, no ha habido justicia ni cierre.

Cuando Pinochet murió en 2006, se encontraba bajo arresto domiciliario y había sido procesado. Al igual que con Rauff, la muerte significó que burló a la justicia.

Artículo aparecido originalmente en Camden New Journal 27.03.2025. Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia

Calle Londres 38. Philippe Sands (trad. F. Ramos y J. M. Salmerón). 2025, Anagrama. 584 pp.

*Dan Carrier experimentado periodista que escribe en Camden New Journal; también escribe para The Guardian. Estudió Historia y Ciencias Políticas. Es autor del libro Untold London (2022).

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