Que inauguró la “Sodamanía” en Chile haciendo playback en el programa Martes 13, que para el verano siguiente agrandó la apuesta, con dos presentaciones en el Festival de Viña, al frente de Soda Stereo. Que escribía canciones, las cantaba, producía y tocaba en guitarra hasta convertirlas en himnos continentales; que usaba varios productos para levantar esos “raros peinados nuevos”; que en alguna de esas fugaces visitas a Santiago, a finales de los años ochenta, conoció a Cecilia Amenábar, quien sería su esposa y la madre de sus hijos. Que se casaron el 25 de junio de 1993 en la iglesia Los Misioneros de Pedro de Valdivia Norte; que se instalaron en el departamento de El Bosque Sur 65, a pocas cuadras del metro Tobalaba. Que, mientras esperaban a su primer hijo, Benito, él escribió su primer álbum solista, Amor amarillo. Todas esas cosas se saben de los días de Gustavo Cerati en Chile. Estas otras —que relata el periodista Nelson González, autor de Te conozco de otra vida— se saben un poco menos: que, para su luna de miel recorrieron el norte de Chile en auto; que se movía por Santiago en metro; que comió asados al borde del lago Vichuquén en el Maule, adonde llegaba en avioneta y tenía una casa; que, mientras disfrutaba de la pausa de Soda Stereo, armaba y desarmaba proyectos de electrónica, como Plan V, visitaba disquerías y asistía clubes y discotecas, porque lo que quería, realmente, era seguir explorando y haciendo música.
Ese fue uno de los hallazgos del periodista Nelson Gonzálezen el libro Te conozco de otra vida. Los años de Gustavo Cerati en Chile (2024, Catalonia), donde reconstruye las huellas del paso del líder de Soda Stereo por Chile en los años 80 y 90.
“En la investigación empiezo a encontrarme con una persona totalmente cotidiana; que el tipo efectivamente andaba en metro, que podía caminar tranquilo por las calles, por ejemplo en Providencia, que era por donde iba a Bellavista, a una discoteca que le gustaba mucho”, dice a Barroquita el periodista Nelson González. “Empiezo a pillar a una persona totalmente distinta a la que uno se imagina. Uno tiene la imagen de Gustavo Cerati sobre el escenario, que era un monstruo y se lo comía entero. Pero abajo era una persona totalmente cotidiana y que necesitaba de la tranquilidad. Una tranquilidad que él solamente había encontrado en los hoteles. Y lo más llamativo es que esta tranquilidad la encuentra en Santiago, un lugar al que él llamó ‘La ciudad de la calma’, en oposición a ‘La ciudad de la furia’, como hizo llamar a Buenos Aires”.
Otro libro sobre Cerati
“El 2014 entré a la universidad y más que una idea para un libro, la imagen de Cerati en Chile fue como una historia que empecé a tener presente de alguna forma en mí”, dice Nelson González sobre el origen del texto.
Cuando muere el músico ese mismo año, en la Uniacc corrió el rumor de que Gustavo iba a buscar a su pareja Cecilia Amenábar a la misma sala de clases. “Tuve una profe que fue compañera de Cecilia en esos años y lo confirmó, y el mito pasó a tener más forma”, cuenta el autor.
En la pandemia, mientras mantenía el podcast de entrevistas “Cuéntame una historia original”, Nelson González volvió a recordar esa imagen de Cerati en los pasillos de la universidad. “Se me ocurrió escribir la historia en formato podcast. Y ya posteriormente cuando estoy investigando me dije, ¿sabes qué? Esta cuestión da para más que un capítulo de una hora. Y me puse a investigar y vi que esta cuestión no existe”.
“Yo me leí todas las biografías y todos los libros que tienen que ver con Soda Stereo y con Cerati. Me leí lo de Zeta Bosio (Yo conozco ese lugar). Vi todos los documentales y reportajes habidos y por haber, con respecto a Gustavo Cerati y Soda Stereo. Y de hecho, es por eso que digo que del lado chileno de Cerati se habla muy bien. Se habla muy lindo, que vino a pasar días hermosos acá en Chile. Pero de alguna forma lo sentí poco explorado. Me leí la biografía de Juan Morris (Cerati, la biografía), que fue la primera que se hizo. Me leí la última que había hecho Sergio Marchi (Algún tiempo atrás), que es como la biblia de Cerati prácticamente. Lo de Gustavo Bove (Conversaciones íntimas), que es un libro de conversaciones. De la Maitena Aboitiz (Cerati en primera persona), que también es una periodista argentina.
Ese fue el primero que apareció después del ACV.
Exactamente, ese libro particularmente son citas de Gustavo, de entrevistas con distintos medios sobre su obra. Y de hecho, creo que es el único libro que ha resaltado la familia Cerati desde Argentina. Porque claro, como ahí no hay manos de terceros, sino que son puras citas de Gustavo, la familia respalda ese libro.
De todas esas lecturas, ¿cuál llamó tu atención?
¿Sabes qué me gusta mucho? El libro de Juan Morris. Lo encuentro muy interesante. Creo que además Juan Morris tiene una pluma muy rica, porque se ha dedicado mucho al periodismo interpretativo. Ha estado mucho tiempo en la Rolling Stone. Entonces, me parece que él, si bien su libro es más cortito que el de Marchi, creo que tiene una forma muy rica de escribir la parte en que Gustavo está en Chile. Me sirvió mucho como guía.
Un melómano en Providencia
En plena promoción de su disco Dynamo, a fines de marzo de 1993 el grupo Soda Stereo anunciaba la cancelación del tramo de la gira por Estados Unidos y España. Cerati tomaba un avión a Buenos Aires, harto de los intensos días de rockstar. Quería otra vida, ya no le gustaba la suya: “Disfrutaba más las escapadas con Cecilia que los shows y las rutinas con el grupo”, cuenta el citado libro de Morris sobre aquella época. “Gustavo le preguntó si se podía ir a vivir a Chile con ella (…) En Santiago, Gustavo empezó a vivir la vida de Cecilia y a olvidarse de la suya”.
“Cecilia Amenábar, por supuesto”, dice Nelson González sobre los chilenos más gravitantes en la vida de Cerati, a quien llamaban Gus. “No hay Gustavo Cerati en Chile sin Cecilia Amenábar, es el pilar de todo. También Benito Cerati y Lisa Cerati. Y ya después sus amigos, Christian Powditch, que fue un hermano prácticamente de Gus. Fue su principal amigo. Después vienen Guillermo Ugarte, Andrés Bucchi, los amigos de Plan V, pero me parece que Powditch era el principal. También hay que mencionar a Hugo Chávez, el dueño de la disquería Background”.
En esta pausa chilena Cerati mantuvo una relación con Background, el Club La Feria e incluso su proyecto Plan V, lo que da cuenta de que seguía interesado en la música. ¿Cómo lo ves tú?
Sí, yo creo que lo del año sabático era más que nada estar arriba de los escenarios, porque Gustavo era un melómano. Era loquísimo por la música. De hecho, su conexión más grande con Cecilia parte por la música. Entonces, él no iba a dejar de interesarse en escuchar música, en ir a ver música en vivo. Lo que necesitaba era salir un poco de este ajetreo que le dejaba ser el líder de Soda Stereo. Una pausa era algo que no había podido hacer antes, pero que quería hacer antes. Pero, ¿cómo va a tomarse una pausa en medio de giras llenando estadios con cincuenta mil personas? No podía.
¿Era un melómano?
Gustavo era un melómano, loquísimo con la música. En la Background, que era donde nace una cierta escena de la música electrónica, podía pasar horas. Yo acabo de estar con Christian Powditch recientemente en su departamento y me decía “es que era loquísimo”. No podía acompañarlo a una disquería. Podía pasarse todo el día ahí en una disquería. Se llevaba discos de repente. Y cuando alguien le preguntaba por algún artista que no conocía, Gustavo se compraba toda la discografía.
También cuentas que iba a ver grupos de la época como Solar, MalCorazón y Electrodomésticos.
Sí, iba a ver a Solar, a MalCorazón. Pero la banda que más le llamaba la atención eran los Electrodomésticos. Después eso hace sentido con lo que él mismo hizo posteriormente. También le gustaban Viena, Anachena, de los hermanos Frugone. Pero de alguna manera, Gustavo nunca fue fan de una banda chilena. Sí le interesaba ver lo que se estaba haciendo, porque él quería ser parte de una escena y tampoco quería dejar de ir a ver música. Cathy Lean, de MalCorazón, le gustaba mucho. La encontraba una tremenda frontwoman. De alguna manera, Cerati se adapta a la vida de Cecilia y sus amigos, y él iba a todos lados donde lo invitaran. Todo lo que tenía que ver con música, él iba.
¿Qué descubriste de Cerati que no sabías antes del libro?
Que tenía malos modales en la mesa. Era muy chistoso porque era una persona que comía con la boca abierta, entonces tuvieron algunos roces con Cecilia. Otro asunto que descubrí es que Gustavo en el escenario era la persona más segura del mundo. Estaba al tanto de lo que representaba para la escena, para el rock latino, por así decirlo, y que sus canciones ya eran un clásico y que además eran buenas. Él sabía todo eso y estaba consciente. Pero bajo el escenario era una persona totalmente espontánea. Era, además, alguien que buscaba la espontaneidad y era alguien que necesitaba de la tranquilidad. Era una persona que podía llenar fácilmente el Teatro Caupolicán y al otro día estar lavando los platos del almuerzo familiar. Era un tipo que necesitaba ser cotidiano.
Keko Yunge, la Background y Gabriel Parra
En su luna de miel por el norte de Chile aparece el cantante Keko Yunge y en tu libro hay una foto donde se están bañando en los géisers del Tatio.
Sí, lo de Keko Yunge fue una historia muy interesante. Yo siempre había leído la historia de un pololo de Cecilia Bolocco, que le había prestado una guitarra blanca a Gustavo Cerati, pero nunca había visto su nombre, no sabía quién era. Yo de hecho, como que me pasé el rollo de que era Michael Young, pero terminé dando con Keko Yunge. Un día le hablo a Keko Yunge, que vive en Tailandia, me contesta y me cuenta que le pasó la guitarra, que es la que aparece en el video de Te llevo para que me lleves.
También aparece el rapero chileno Tea Time.
Tea Time fue el único artista chileno que tiene una colaboración con Gustavo Cerati en su carrera como solista. Porque yo no considero Plan V como parte de su carrera solista, sino que es un grupo, ¿ok? Entonces, Tea Time fue el único que comparte coautoría, por así decirlo, con Gustavo Cerati en una canción en su carrera como solista. Me pareció importante el relato de él. Y sé que nadie lo había entrevistado en 20 años sobre el tema.
Si hubiera que hacer el ejercicio de un mapa de la vida chilena de Cerati, ¿qué lugares pondrías?
Pondría, por supuesto, a Las Condes, que fue donde vivió en un departamento y posteriormente en una casa. Providencia, porque iba mucho a los bares de Bellavista y a la disquería Background. También a la discoteca Gente, que le gustaba. La Blondie, que también iba mucho. Y por supuesto, Vichuquén. Cerati era muy familiar con Cecilia, y ella tiene su familia allá, en Vichuquén. Allá se compraron una casa.
¿Hubo alguna influencia de Chile en la obra posterior de Cerati?
Lo que hizo con música electrónica y lo que le muestran sus amigos que hacían música electrónica, a Gustavo le sirvió para convencerse de que su camino también iba a ir por ahí. Porque si bien empieza un poco antes la música electrónica con Dynamo, con Colores Santos y Amor Amarillo, todo lo que tiene que ver con su amigo Christian Powditch, y todo lo que se estaba generando en la Background, lo acaba por convencer a Gustavo para seguir profesionalizándose en esto. La prueba clave es que luego de su paso por Chile, Cerati publica el disco Bocanada.
Ahí está el sample de Los Jaivas en el tema Raíz.
Claro, hay un sample de Los Jaivas que la verdad es prácticamente imperceptible. O sea, si no fuera porque él lo dijo, tal vez nunca se hubiera sabido. También está el sample de La carta de Violeta Parra en Karaoke (del disco Siempre es hoy), que también es prácticamente imperceptible. Lo interesante es que Cerati conocía a Los Jaivas, los vio en Argentina antes de vivir en Chile, y creo que fue uno de los descubrimientos del libro. Me lo contó Óscar Sayavedra, el ex mánager de Soda Stereo (entre 1985 y 1989): Cerati tenía una admiración profunda por Gabriel Parra.
¿En serio?
Él quedó maravillado la vez que los vio en Argentina cuando tenía 17 años. Me contaba Sayavedra que escapar de Los Jaivas o de Violeta en Argentina era imposible porque eran muy conocidos. Hay que recordar que además Gabriel Parra (como el resto de la banda) era multi instrumentista. Eso llamaba la atención de Gustavo, además de la performance en vivo, que era como un show aparte.
