Sergio Cancino, autor de Invisible: “Me parecía injusto que no hubiera un libro dedicado a una banda tan relevante como La Ley”

Ya está en librerías la emotiva crónica que explora la historia de cómo La Ley se sobrepuso a la trágica muerte de su guitarrista y fundador, Andrés Bobe, de la mano de su disco más emblemático, acaso el Big Bang de su ascenso continental.

Invisible es la séptima entrega de la colección “Disco rayado” de la editorial La Piedra Redonda que reescribe la historia de algunos de los álbumes más relevantes de la música popular chilena. La crónica del periodista Sergio Cancino va sobre el capital disco del grupo La Ley que el próximo año cumple tres décadas de historia. 

De refilón el libro viene a saldar cuentas con la literatura musical sobre el grupo de Beto Cuevas, con un narrador que toma posiciones para hablar del que sea tal vez el álbum más importante de los chilenos y que también se zambulle en el relato.

“Nada de lo que pasó después de 1995 habría sucedido si el disco no fuera la joya que es”, dice el autor a Barroquita.

“Para mí es la obra cumbre de La Ley, donde mejor capturan el ideal de sonido y belleza que comenzaron a crear cuando Andrés Bobe era el líder”, explica Sergio Cancino, exdirector de las radios Concierto, UNO y Rock & Pop. “Invisible conecta mi fanatismo original con mi posterior trabajo periodístico. Por eso tomé la auto-ruta de la crónica retrospectiva, con el archivo y las entrevistas que tuve con los músicos, durante mis años en radio, como base”.

¿La Ley era un capítulo al debe de la literatura musical chilena?

Me parecía injusto que no hubiera un libro dedicado a una banda tan relevante como La Ley, a diferencia de Los Prisioneros, Los Jaivas, Los Tres y Los Bunkers. En los noventa, el favoritismo del periodismo musical local estuvo con Los Tres y creo que eso derivó en la falta de publicaciones sobre La Ley. Hubo un par de intentos fallidos; la banda estaba a la defensiva con el medio local y es lógico que quisiera controlar el relato. Por otro lado, estaba instalada la idea de que era un grupo internacional más que chileno. Y luego vino el largo receso. 

Dices que la crítica chilena fue benévola con Invisible, pero que se destacó más su fuerza comercial que el cauce creativo, ¿por qué? 

Era más sencillo leer Invisible como un fenómeno de ventas y una historia de resurrección tras la tragedia, y no como la obra musical integral que es. Era más fácil alabar el profesionalismo de la banda que sumergirse en su espesor musical. Fue una década de triunfos esquivos para el rock nacional, especialmente más allá de nuestras fronteras; no es raro que el impresionante éxito en México de La Ley y el MTV Unplugged de Los Tres fueran los hitos más comentados y repetidos.   

Hablas de la búsqueda de identidad chilena cuando salió el disco y que, de alguna manera, Los Tres fueron el doble opuesto del grupo (lo comparas con algo parecido a lo que pasó entre Isabel Allende y Bolaño). ¿Ha cambiado esa lectura? 

Me parece que se desvaneció ese escenario binario de los noventa, más alimentado por cierto periodismo que por los artistas. Los límites y clasificaciones suelen estar al servicio de intereses ajenos a la creación. La música popular es híbrida, ecléctica, mestiza. Cuando dirigía Radio UNO, quienes más tenían recelo de la mezcla de géneros de música chilena eran los ejecutivos comerciales y corporativos, no los auditores que valoraban esa diversidad.     

¿Por qué crees que La Ley conectó emocionalmente con México, como pasó varias décadas atrás con Los Ángeles Negros? ¿Y cómo explicas ese forado generacional que hay entre medio? 

La dictadura cortó el intercambio musical chileno-mexicano. La Ley fue una de las primeras y más entusiastas bandas en retomar esa conexión con el retorno de la democracia, en un mundo cada vez más globalizado. Allá La Ley se deslomó tocando en cuanto pueblo y escenario pudo, algo que reconoce, por ejemplo, Mauricio Durán de Los Bunkers en su libro: La Ley abrió circuitos de trabajo incluso para los propios artistas mexicanos. Y lo hicieron con una propuesta atractiva no solo en términos musicales, sino también estéticos, con elementos dramáticos en la interpretación de Cuevas, algo que ese mercado apreció mucho.

¿Qué pasaba en los 90 con la valorización del género pop? ¿Se puede trazar algún paralelo con la actualidad?

Recuerdo que no había problema si lo pop y lo comercial estaban en un contexto de baladistas, música bailable, electrónica o fenómenos de moda. Pero si se trasladaba a una formación tradicional de guitarra/bajo/batería que apelaba a la masividad y al espectáculo, se producía un extraño cortocircuito. La Ley padeció esa estrechez de mirada: demasiado oscuro para los poperos, demasiado blando para los rockeros. Había un prejuicio generacional también de los más viejos, como cuando hoy los Gallagher de Oasis opinan que Coldplay o The 1975 “no son rock”. La típica reacción boomer, digamos, a Imagine Dragons. Creo que ahora es poco habitual que el público joven ande pidiendo definiciones estilísticas tan estrictas a Charli xcx, AKRIILA, Lana del Rey o Maneskin. Les gusta o no, y ya está. El consumo digital es más fluido y libre.

Sergio Cancino

Uno de los comentarios que más se escuchan sobre La Ley es la fuerza interpretativa de Beto Cuevas, que sea trilingüe y versátil, ¿qué otros elementos consideras relevantes en esta etapa del grupo? 

Que detrás de un tremendo frontman había una banda de músicos increíbles, en una racha de composición estelar. Luciano Rojas, Mauricio Clavería, Rodrigo Aboitiz y Pedro Frugone estaban sincronizados al tope de sus capacidades, y conectadísimos con el plan iniciado por Andrés Bobe. Invisible fue un momento único y sobrenatural; los problemas con Vértigo, el siguiente disco, y el quiebre de la unidad del quinteto así lo demostraron, por eso tienen su propio capítulo en el libro.

¿Dónde pondrías el acento en la parte artística de Invisible? 

En la perfecta y elegante combinación entre las letras de Cuevas y el entramado musical, más la espaciosa coproducción de Humberto Gatica. Invisible respira, no agobia, a diferencia de otros álbumes de la época. Posee una excitante mezcla de oscuridad y dolor, pero también de esperanza y hedonismo. La mezcla entre influencias inglesas y una latinidad austral está muy bien lograda. 

La Ley

Personas extrañas hablan de quien fui

La crónica de Invisible está salpicada por varios pasajes en primera persona, donde Sergio Cancino (que también es autor de Acuario sobre el disco de Manuel García) cuenta su relación con el disco desde su más temprano entusiasmo de fan hasta su ineludible vínculo como crítico musical.

“Algunos de los libros musicales que más me gustan tienen un narrador que se involucra desde sus emociones, sin perder el espíritu crítico e incluso aguzándolo”, dice Cancino. “Dos casos recientes: la historia de Mariana Enriquez con Suede en Porque demasiado no es suficiente (2023) y la crónica de Álvaro Bisama sobre Javiera Mena en Piensa en mí como soy (2019)”.

“Bisama me hizo un par de comentarios que enriquecieron el texto, al igual que Marcelo Aldunate, fundador y primer director de radio Rock & Pop, a la hora de pulir el retrato de los noventa en Chile”.

Consultado acerca de los años en que La Ley lanzó Invisible, Marcelo Aldunate mantiene el recuerdo fresco: “Eran vistos, al menos en esa etapa, como una banda exitosa, con un carácter internacional (tal vez la única en ese momento), capaces de generar, disco tras disco, importantes hits radiales y con una puesta en escena impecable”, dice a Barroquita

El fundador de radio Rock & Pop también pone en contexto la impronta de La Ley. 

“Eran actores relevantes en las parrillas musicales de las radios FM y los programas musicales de televisión —dice Aldunate—. Sin embargo, su estética, tanto musical como visual, era más sofisticada, lo que les hacía parecer menos cercanos y menos conectados con la cultura popular chilena en comparación con grupos como Los Tres o Chancho en Piedra. Creo que esa percepción se ha mantenido. De hecho, la historia escrita hasta ahora no los categoriza como la gran banda chilena de los 90, a pesar de sus indudables logros”.

¿Dónde pondrías el acento en la parte artística de ese disco de La Ley?

Definitivamente en la producción. Tiene un estándar muy alto para lo que se hacía en Chile en esos años. Probablemente, en términos de grabación, mezcla y masterización, sea uno de los primeros discos competitivos a nivel internacional de una banda de este lado del mundo. En muchos aspectos es un disco que demostró que era factible pararse de igual a igual con cualquiera en el ámbito de la música pop rock  latinoamericana.

Invisible es el disco que más canciones aporta al MTV Unplugged de La Ley, ¿es también su disco más importante? 

Sí, creo que es el disco más importante por la cantidad de canciones exitosas. El Duelo y Día Cero son singles absolutamente imprescindibles de la década. También es un disco clave en su incursión y consolidación en el mercado latinoamericano, especialmente en México. Y algo que no es menor: es el disco que logra que la banda se sobreponga al duro momento que significó el fallecimiento de su líder, guitarrista y compositor, Andrés Bobé.

Sergio Cancino coincide con el diagnóstico: “Creo que la altísima representación de Invisible en el show acústico y en las antologías Historias e histeria y Retour confirman la estatura del álbum como su obra más importante. Nada de lo que pasó después de 1995 habría sucedido si el disco no fuera la joya que es”, dice el autor de Invisible

La Ley es el único grupo chileno que tiene en sus estanterías un Grammy anglo, también produjeron sus álbumes con Humberto Gatica y su música triunfó en México y Argentina, solo por nombrar dos mercados extranjeros disímiles. ¿Qué te gustaría que pasara con Invisible, que el próximo año cumple tres décadas? 

Que tuviera una reedición a la altura del aniversario. Ni siquiera es fácil encontrar el CD de Invisible. Compré uno en Next Records, una disquería de Temuco, cuando me di cuenta que solamente tenía mi antiguo casete. El catálogo de La Ley está bastante descuidado: las ediciones disponibles, de Doble opuesto y La Ley, son muy pobres. El proyecto de Germán Bobe de rescatar los dos primeros casetes del grupo es un aporte enorme en esta historia. Mencionar la posibilidad de la reunión del quinteto es un sueño, considerando las recientes declaraciones a través de la prensa.    

¿Y qué te gustaría que pasara con el libro? 

Que encuentre sus lectores y que conecten desde sus propias vivencias con Invisible y la banda. Creo que es una historia potente, conozcas o no a La Ley, te guste o no. Los más jóvenes pueden encontrar inspiración en un grupo que triunfó contra la adversidad desde esta esquina del mundo. Es un libro de música que habla de otras cosas también, del Chile de los noventa, de los medios de comunicación de la época, de la expectativa de un renacimiento cultural tras la dictadura. Me gustaría que se escribieran nuevos textos sobre La Ley que dialoguen con el mío. Me gusta esa conversación entre distintas fuentes y referencias. Doble opuesto merece su propio libro. Y el grupo amerita una biografía o un documental.

Invisible. Sergio Cancino. 2024, La Piedra Redonda. 123 páginas




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