Gabriel Zanetti nació en 1983 y ha publicado obras desde el año 2008, como Cordón umbilical, El pejerrey, Crónicas de temporada (2020), y Juro que es verdad (2021). La primera edición de Nombres propios fue publicada en mayo de 2023.
A veces me pregunto cómo definir a Gabriel Zanetti. Podría describirlo como el colocolino, el profesor de literatura, el lector de Lispector, Ginzburg y Merino. Podría definirlo como quien me introdujo a los Me acuerdo de Brainard y me dejó escribiendo mis propios «me acuerdo» durante un semestre completo, sin detenerme. Sin embargo, prefiero definirlo simplemente como el pejerrey.
Cuando fui a pedir su libro en una feria de editoriales independientes, el librero me dijo: «¡Aaah, Gabriel, el pejerrey!». Y es que Zanetti es un gran pescador. No lo digo yo, lo dijo el librero que me atendió. La prosa de Zanetti es rápida y fluida, como un pejerrey que nada en las profundas aguas de la costa chilena. Se mueve entre diferentes corrientes: desde la crónica y la poesía, desde la cotidianidad de una once familiar hasta la melancolía de cantautores como Bob Dylan y Leonard Cohen. En Nombres propios, encontramos una serie de pensamientos e imágenes breves, pero llenas de fuerza, como esta que decidí ilustrar por el cariño que le tengo a Dylan y Cohen.
Cada fragmento de esta crónica ofrece una mirada diferente a la vida diaria del narrador, mezclando humor, nostalgia, y observaciones sobre las pequeñas complejidades de la vida. El estilo de Zanetti es fragmentario y refleja el carácter personal y momentáneo de las experiencias que relata, como si estuviera registrando pensamientos o escenas que se presentan en su mente de manera orgánica, como si se tratase de un diario al estilo Emilio Renzi.
Piglia sostiene que, muchas veces, no recordamos los libros que hemos leído, ni siquiera aquellos que más nos gustaron en su momento. Sin embargo, sí recordamos lo que nos hicieron sentir y qué estábamos haciendo cuando los leímos. Recuerdo que empecé a leer el libro apenas lo tuve en mis manos. Estaba lloviendo en Santiago y caminaba por el Barrio Italia, en el centro de la ciudad. Comenzó a llover cuando saqué el plástico del libro y me hice a un lado para protegerlo de las gotas de lluvia. La primera frase me dejó enganchado, y lo fui leyendo mientras caminaba hacia el trabajo. Lo terminé durante mi turno; seguramente fue el día en que menos trabajé, porque mi mente estaba concentrada en una cosa: en la prosa de Zanetti.
En Nombres propios, el tiempo es fragmentario y fluctuante, sin seguir una cronología lineal clara. En lugar de una única línea temporal, el texto parece entrelazar varios momentos de la vida del narrador a través de recuerdos y situaciones cotidianas. Estos fragmentos saltan en el tiempo de manera fluida, sin fechas específicas que estructuren el relato de forma tradicional, lo que da la sensación de que el tiempo está moldeado por la memoria y la experiencia.
El tono de Nombres propios es íntimo, personal y reflexivo, con una actitud honesta y directa hacia lo que narra. El autor no adopta un tono irónico hacia los personajes, sino que muestra una cercanía profunda con ellos, especialmente con los miembros de su familia, como sus hijas y su pareja. Se percibe una identificación muy fuerte con estos personajes, lo que refuerza el carácter autobiográfico del texto.
Lo que más rescato de Zanetti es el humor que ocupa y la facilidad con que lo muestra en los diálogos, en las preguntas y respuestas de sus personajes:
«Soñó con un hombre que le gustaba. Iba en un barco y, por algún motivo, no podían acostarse. Le comenté a una amiga sobre los sueños eróticos de Beny. Me dijo que, cuando ella estaba embarazada, tenía sueños triple x con todo el mundo. ¿Y conmigo?, pregunté».
La prosa de Zanetti evoca tantas imágenes que me imaginé haciendo un cómic de ella. Al menos, me di la libertad de dibujar estas viñetas.
El tratamiento de los personajes no es distante ni crítico; al contrario, el narrador se implica emocionalmente, revelando sus preocupaciones, sus momentos de cansancio, sus alegrías cotidianas y sus frustraciones. Esta cercanía se nota, por ejemplo, en la forma en que el narrador habla de sus hijas o de su pareja, Beny, con afecto y vulnerabilidad. En ocasiones, Zanetti expresa cierta autocrítica, pero no se detecta una postura irónica o sarcástica hacia los demás.
Gabriel Zanetti es uno de esos autores que, después de leerlo, me inspira a sentarme a escribir e imitarlo. Esto me ha pasado con algunos escritores como Salinger, Bolaño o Carver. A cualquier escritor que esté atravesando una mala racha creativa, le daría un consejo simple: lee Nombres propios.
Zanetti explora lo universal, esas situaciones que todos o la mayoría hemos vivido y que pasan casi desapercibidas, momentos que hemos olvidado pero que él rescata, haciéndonos rememorar el presente y el pasado. Zanetti escribe sobre cuando te cobran el doble en una compra y no sabes dónde dejaste la boleta, sobre sueños, desayunos, lecturas, tallarines, el taco, partes por exceso de velocidad, pejerreyes, supermercados, paternidad y un sinfín de etcéteras.
Nombres propios no solo es un compendio de recuerdos y reflexiones, sino un espejo donde cada lector puede ver fragmentos de su propia vida. Con su prosa ágil y evocadora, Zanetti nos invita a navegar por los matices de la existencia, a recordar lo que realmente importa: los momentos fugaces que nos definen, las risas compartidas y las frustraciones que a menudo pasamos por alto.
En su crónica no solo leemos su historia, sino que, de alguna manera, escribimos la nuestra.
Nombres propios. Gabriel Zanetti. 2024, Ediciones Tácitas. 72 páginas
