Categorías
Libros Sin categoría

Entre el amor y los crucigramas, la vida de Levrero en Buenos Aires

Libro inédito del gran escritor uruguayo con la correspondencia que escribió entre 1987 y 1989 a su última mujer, un vistazo a su universo literario y, también, íntimo.

Anuncios

En 1985, a sus 45 años, el escritor uruguayo Mario Levrero llegó a Buenos Aires para trabajar en su primer empleo estable como editor en una revista de juegos y crucigramas. Entonces la calle Corrientes, su movimiento incesante y sus librerías abiertas hasta bien entrada la noche lo encandilaron y al comparar estas nuevas experiencias en una gran ciudad, con su vida en Montevideo, plana y asfixiante, se convenció de que el difícil paso de cambiar de contexto, en especial para alguien atado a sus rutinas, sedentario y fóbico como lo era él, había sido un gran acierto impulsado por su amiga y psiquiatra Alicia Hoppe, quien lo instó a viajar al ver que no conseguía los medios mínimos de subsistencia en Uruguay.

La empresa Juegos & Co, propiedad de su amigo Jaime Poniachik, también uruguayo, estaba en pleno crecimiento y le ofrecía toda la libertad para dar paso a sus dotes lúdicas de ingenio y humor en una revista especializada. No obstante dos años más tarde, en 1987, el ánimo ya no era el mismo y presa del cansancio comienza a escribirle a Alicia con la excusa de estar probando una nueva máquina de escribir (ya que hablaban por teléfono a diario). La carga de rendir en una oficina, la falta de tiempo de ocio que necesitaba para escribir así como la forma de ser de los argentinos con los que no podía establecer vínculos afectivos —dados a intercambiar nada más que información entre ellos, como los describe— lo remitió a un estado de malestar que plasmó en la mayor parte de estos registros escogidos y reunidos por el editor Ignacio Echevarría en Cartas a la princesa (Random House), como escribe: “No nací para enfrentar las cosas prácticas, y hete aquí que no hago otra cosa desde hace mucho, muuuuuuuuuucho tiempo”.

Las misivas eran una herramienta de conexión consigo mismo y el paso para llegar al tono de La novela luminosa que lo colocó en un lugar de culto en las letras latinoamericanas, como un narrador que hablaba desde el yo, con párrafos como éste: “Por lo menos descubrí que estaba muy cansado, y que no me permito estar muy cansado, y que la mayor parte de mis estados nerviosos, fóbicos, depresivos y abandónicos provienen de este cansancio. Paso entonces a preocuparme por el cansancio: ¿por qué me canso tanto, si mi trabajo es tan liviano como llevar una pluma en el sombrero? Respuesta: me canso porque estoy tenso, y estoy tenso porque estoy manteniendo una personalidad artificial en el trabajo. Eso me produce un desgaste nervioso y muscular comparable a aserrar una docena de troncos”.

No obstante también se nos muestra como un amante entregado cuando el relato prosaico de sus días va dando paso al tono seductor con el que conquistó a Hoppe dedicándole frases melosas: “Quiero vivir borracho de vos, y no de vino ni de Valium ni de Pernocta”, que ella le recetaba y enviaba desde Uruguay. O esta otra: “Yo me miro al espejo y veo esa mezcla irresistible de la delicadeza casi femenina de Alain Delon con la avasallante virilidad de Charles Bronson, más el savoir faire de David Niven y, por tu parte, tenés el tipo avasallante, provocador deseos irrefrenables, esa mezcla de Marilyn Monroe con Ornella Mutti y Catherine Deneuve”. O como se dedicaba a convencerla de visitarlo más seguido por medio de mensajes del tipo manipulador que ella como psiquiatra debe haber sopesado, pero no podemos saber de qué modo ya que este volumen solo contiene las cartas de él. En el prefacio Echevarría explica que las de Alicia fueron excluidas porque no tienen un valor literario por lo que parecerían desajustadas y también para preservar su privacidad. Asimismo tampoco están un par de cartas de alto contenido sexual si bien hay algunas en que se muestra afiebrado y da detalles de los encuentros.

El apodo de “Princesa”, lo tomó de El principito, y también por el encantamiento con que recupera su figura devenido en sapo gracias al beso de la princesa aludiendo a los cuentos de los hermanos Grimm. La pareja se encuentra cada cierto tiempo en Buenos Aires, donde en las cartas sucesivas a estos días se va viendo que tenían la costumbre de pelear por las manías de Levrero, como la vez que se enfureció porque ella le ocupó su escritorio.

Las cartas, que datan hasta 1989, justo en el periodo posterior al Diario de un canalla (en que rompe con la ficción), van revelando aspectos particulares de Levrero como la satisfacción que siente las mañanas que consigue darse el ánimo de practicar gimnasia (que por lo general consiste en caminar por el departamento); la admiración ante el hecho de que Alicia lo convenciese de bañarse todos los días, “¿cómo hiciste para conseguir que me bañara todos los días? Fue, al parecer una simple sugerencia que tal vez hayas olvidado, dicha al pasar”; la fascinación por los juegos que ideaba para la revista pero cuyo trabajo lo alienaba: “Me raya, me robotiza”, cosa que también le ocurre cuando graba casettes con jazz; la culpa por arrendar un departamento que estaba sobre sus posibilidades económicas y con vecinos acomodados frente a los que se avergonzaba por su facha desaliñada; los estados maníacos “de farra” en su departamento que consistían en fumar sin parar y ordenar sin dormir o con amigos de la librería “en cualquier boliche”, estados que sabía debía compatibilizar con la proximidad evidente de la depresión.

Pero sobre todo nos permite conocerlo como enamorado dependiente, cargante y obstinado en doblegar la voluntad de su amada hasta conseguir un compromiso que es cuando las cartas se interrumpen y él vuelve a Uruguay a vivir ese amor que no durará mucho. Habrá que volver a buscar las claves de su fracaso en El discurso vacío donde retoma sus profundas y vivas reflexiones al poco tiempo de llegar ahora con la excusa de mejorar su caligrafía.

Cartas a la princesa

Cartas a la princesa. Mario Levrero. 2023, Random House. 336 páginas. Dónde comprar

Deja un comentarioCancelar respuesta

Descubre más desde Barroquita

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Salir de la versión móvil