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La sexualidad, el género y lo queer en Chile

Entre los estudios culturales que se han ocupado del caso chileno, Carl Fischer aborda la supuesta condición excepcional en el contexto latinoamericano en relación a la disidencia sexual, entre la década de 1960 hasta el presente. El libro es una contribución valiosa en el campo de la sexualidad y el género en Chile.

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Locas excepciones. La vía chilena a la disidencia sexual, de Carl Fischer, hace importantes avances en el estudio del género y la sexualidad en la literatura, el cine y las artes visuales chilenas contemporáneas. A partir de una amplia variedad de artefactos culturales, Fischer sitúa su análisis dentro de la mentalidad político-económica (e incluso sociocultural) de la excepcionalidad, el carácter distintivo tanto del Estado chileno como de su pueblo que considera que son diferentes, “excepcionales”, en relación con otros vecinos latinoamericanos y con el Sur Global en su senda hacia la modernidad occidental. 

Fischer rastrea cuidadosamente la evolución de esta excepcionalidad en el transcurso de varias épocas, afirmando con pruebas sustanciales que el concepto ha evolucionado a lo largo de las administraciones políticas y las ideologías económicas. Así, sostiene que la excepcionalidad puede considerarse “como una forma de pensar en cómo ciertos países, personas, objetos culturales y mercancías se apartan de otros como únicos, a la vez que se sitúan firmes dentro de un grupo particular de pares”. Pasando de una estructura conceptual a su implementación táctica, el autor añade que la excepcionalidad económico chilena es “un fenómeno intrínsecamente violento, que no solo invisibiliza la explotación material de la que muchas veces depende, sino que también excluye a aquellas personas consideradas inadecuadas para protagonizar dicha excepcionalidad”. 

Es importante destacar que lo político representa y gira en torno a un estado de excepción para así eludir los procesos democráticos e inclusivos y llamar a la acción. La excepcionalidad (dentro de la episteme de la excepción) se construye “de manera bien agresiva, sobre la base de modelos de comportamiento masculino y heterosexual”. Fischer yuxtapone este gesto con la presencia y representación de personas queer que “critican las genealogías reproductivas de la excepcionalidad chilena” al “evadir la retórica de la espectacularidad y prominencia… o bien, al insertar sus cuerpos (a veces inescrutables, ilógicos) en las narrativas vinculadas con la ‘lógica’ fácilmente explicable del capital”.

Locas excepciones. La vía chilena a la disidencia sexual se divide en seis capítulos que se ordenan en torno a importantes momentos político-económicos de la historia reciente del país. Organizado en orden cronológico, el lector es cuidadosamente guiado a través de la evolución de la excepcionalidad y cómo los cuerpos generizados entran en su construcción. La decisión de Fischer de estructurar la monografía de esta manera debe ser aplaudida, ya que cada sección se conecta sin problemas con la siguiente, mientras que los capítulos individuales pueden dividirse para un lector interesado en la producción cultural chilena de un período en particular. 

El capítulo I comienza en 1965 y vincula la poiética de José Donoso, el más amplio boom latinoamericano y la reforma agraria en el campo rural. Argumentando que “la modernidad literaria latinoamericana de los sesenta era tanto un asunto de masculinidad patriarcal como uno estético”, Fischer analiza la obra de Donoso y El chacal de Nahueltoro (1969) de Miguel Littin para estudiar lo que él llama una masculinidad monstruosa. El capítulo II examina la representación de las utopías generizadas durante el breve gobierno de Salvador Allende en las obras de Patricio Guzmán, Jorge Edwards y Pedro Lemebel. El análisis de esta sección es excelente y parte de la premisa de que Allende puede ser juzgado alternativamente como “un héroe que dio su vida por la democracia, un ideólogo rígido que se negó a cambiar un conjunto de políticas económicas casi completamente fútiles, o bien, un testaferro débil que insistía en la democracia incluso cuando resultaba obvio que la única manera de lograr el socialismo verdadero era tomar las armas contra la derecha”. 

El capítulo III traslada al lector a la dictadura, centrándose en cómo las expresiones queer de masculinidad cuestionan la unidad familiar heterosexual que Pinochet desplegó como metonimia de la ideología estatal. El capítulo IV analiza la proliferación del sexo y la pluralidad de género después de la dictadura, primero estudiando meticulosamente las historias de Pedro Lemebel y Pablo Simonetti, antes de examinar la producción cultural de la diáspora. Locas excepciones. La vía chilena a la disidencia sexual tiene un capítulo sobre feminismos, feminidades y el cuerpo femenino en la era Bachelet, matizando así el enfoque general del libro en las masculinidades.

Aunque las teorizaciones y análisis generales de Fischer son excelentes, la falta de involucramiento con los estudios latinoamericanos de género y sexualidad es sorprendente. Si bien hay algún intento de discutir la teoría queer en la introducción (y más tarde en una yuxtaposición de Lee Edelman y José Esteban Muñoz), Fischer no logra involucrarse productivamente con el pensamiento de académicos como Ben Sifuentes Jáuregui, David William Foster y Héctor Domínguez-Ruvalcaba quienes han meditado sobre las posibilidades de unos estudios queer latinoamericanos y el movimiento de la teoría queer desde el Norte al Sur. Este vacío crítico es especialmente importante dado el uso tan explícito de Fischer de lo queer en el libro. Es igualmente desconcertante la ausencia de Tengo miedo torero de Lemebel en el corpus de estudio, ya que ese texto ejemplifica la tesis general de Fischer frente a la excepcionalidad y la heteronormatividad. Más importante aún, la loca protagónica de la novela agregaría profundidad y textura a la afirmación de que la figura “permite repensar un largo y productivo debate en la teoría anglófona sobre el lugar que ocupan las personas cuir en la transmisión de ideologías y teleologías políticas”. Me pregunto ¿por qué no discutir las posibilidades de la loca a lo largo de una genealogía latinoamericana? El estilo y la edición de la monografía son estupendos. El texto de Fischer es una contribución valiosa y muy necesaria al campo de la sexualidad, el género y lo queer en los estudios chilenos contemporáneos.

Locas excepciones

Locas excepciones. La vía chilena a la disidencia sexual. Carl Fischer (trad. C. Matta). 2024, Ediciones Universidad Alberto Hurtado. 360 páginas. Dónde comprar.

Artículo aparecido en “Revista Canadiense de estudios hispánicos» 42-1 (2017). Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia

Por Vinodh Venkatesh

Profesor de español en la Universidad estatal de Virginia, Virginia Tech. Su libro más reciente es Capitán Latinoamérica: Superheroes in Cinema, Television, and Web Series (2020).

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