Hoy el meme es el virus cultural de más rápida circulación. Por medio de imágenes remezcladas de Internet se canaliza con gracia y contundente entereza el cúmulo de experiencias incomprensibles y atosigantes propias de estos tiempos que ni los filósofos han sabido explicar. Básicamente es aceptar las situaciones absurdas que vivimos con humor y eludir así la ansiedad existencial. Como Sísifo que sufre su condena con resignación.
A esta eficacia del silencio en los memes alude Mike Wilson en Wittgenstein y el sentido tácito de las cosas, ensayo que pretende calmar la angustia frente a lo que no seremos capaces de comprender, como el origen de la vida. La máxima del filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, “de lo que no se puede hablar, mejor callarse” en simple le pone un límite a la filosofía, y por lo tanto a nuestras preocupaciones. La obra de Wilson se publicó por primera vez el 2014 y hoy Ediciones UDP la repone en una edición corregida y ampliada. Pese a que señala en el prefacio que quiso escribir sobre el filósofo por razones “personales y egoístas”, y que en ningún caso hubo afán superior o académico, sus páginas son de un rigor y una precisión argumentativa que solo pueden evidenciar un sólido recorrido intelectual, entonces esta aclaración resulta relevante.
Mike Wilson (St. Louis, 1974) de padre norteamericano y madre argentina vivió sus primeros años en Chile, Paraguay y Argentina para luego volver a estudiar literatura en Cornell, pero el 2005 asumió como profesor de la facultad de letras de la Universidad Católica. Desde entonces y hablando en chileno, se mezcló en la escena literaria local escribiendo celebradas novelas entre las que se encuentra El púgil, Zombie, Rockabilly y Leñador que lo ubicaron en un lugar de culto no solo por su carácter bizarro que va del ciberpunk a una escritura apocalíptica en Leñador ーdonde no espera crear solo describir con la pureza del tono de un almanaqueー sino también por el hecho de que decidiera cambiarse de una editorial como Alfaguara a sellos independientes, y así salir del circuito tradicional y del marketing asfixiante al extremo de desaparecer de la portada dejando su nombre solo en el interior de Leñador.
El punto de partida de Wittgenstein y el sentido tácito de las cosas es ofrecer un alivio terapéutico a la frustración que le produjeron de niño las preguntas básicas sobre el enigma de la vida. Ni la ciencia ni la religión explicaban ninguna cosa, por su parte la filosofía continental de los posmodernos no hacían más que “profundizar el nihilismo y vender la pomada”; en Wittgenstein, sin embargo, el autor encontró la salida, como escribe en el prefacio que data de abril de este año, donde explica que la verdad se encuentra en la propia experiencia y no puede reducirse al lenguaje por lo que habrán cosas que nunca podrán conocerse. Entonces ocurrió la magia de ir muy atrás cuando a los 6 o 7 años, libre de cualquier ansiedad, se contentaba con mirar las manos bajo el sol, “momentos en que no sabía expresar lo que me asombraba, permitiéndome simplemente maravillarme ante el mundo sin necesidad de verbalizarlo”.
El libro se divide en tres partes, más tres apéndices. La primera aborda el texto más conocido del filósofo, el Tractatus logico-philosophicus, en que Wilson rescata la importancia de lo místico, no en un sentido religioso sino del misterio de lo que no puede expresarse en el lenguaje. El alivio viene cuando dejamos de pensar en ciertas cosas porque simplemente no vamos a llegar a ninguna parte. De ahí la figura de la escalera que hay que soltar una vez arriba, a la que Wilson recurre en varios pasajes.
La segunda y la tercera parte abordan sus otras dos obras, Investigaciones filosóficas y Sobre la certeza que han sido vistas como opuestas de la primera generando la idea de un segundo y un tercer Wittgenstein. Sin embargo Wilson encuentra una línea de pensamiento con la que consigue demostrar que nada anula a la primera versión del filósofo. Su lectura de Investigaciones se aboca al sentido que se halla en lo prereflexivo, como escribe: “La reflexión que se contorsiona sobre sí (así como el sobreanálisis de la función de una palabra) puede resultar en un calambre mental”; la filosofía vendría ejercer un rol terapéutico frente a estos enredos cuando el lenguaje desaparece. Y de Sobre la certeza confirma algo similar al recalcar que se manifiesta justamente cuando se escapa de la codificación: la certeza es mística, “y, sin embargo, a la vez categóricamente irrefutable”.
Este libro le viene bien a los tiempos en que abundan ideologías extremistas, políticas draconianas de cancelación o ideas inclusivas en que uno se cuestiona cómo ser buenos, porque Wittgenstein nos aclara una y otra vez que el lenguaje que configura todo esto no es más que aire, contorsiones de lo que no podremos comprender, por lo cual, sin mayor conflicto, incluso lo ético es que pasemos de lo más relajados.
Wittgenstein y el sentido tácito de las cosas. Mike Wilson. 2024, Ediciones UDP. 120 páginas. Dónde comprar.
