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El mayor miedo de todos

En los cuentos de Meditación madre no hay calma ni equilibrio mental. La respiración es corta porque la maternidad implica ternura, pero mucho antes viene la angustia.

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En el intrincado tema de la maternidad y desde una perspectiva amenazante entra de lleno la trasandina Ana Montes (1992) en un precioso y pequeño volumen titulado Meditación madre (del sello nacional Neón Ediciones). Se trata de madres que no saben serlo y entonces de hijas que actúan de madre pero tampoco saben serlo. O bien de mujeres que se mueren de miedo de ser madres y lo evitan (vemos aquí que con razón). Y en la situación en que el lector esté —con hijos crecidos, sin hijos, como hijos— los cuentos, en más de alguna parte, son para dejar helados.

Ana Montes, quien también es artista visual, se juntaba con cinco amigas escritoras a leer apuntes sobre la cotidianeidad durante la pandemia. Era tanto de escuchar lo mismo que se cansó. Cuando algunas se fueron embarazando, aprovechó para observarlas. Ese fue el material para darle mil vueltas en estos once cuentos en que lo real, que agobia o intranquiliza solo le da espacio a lo imaginario cuando atormenta. Como dijo en una entrevista: “Al mirar en profundidad, cualquier cosa se enrarece y yo me propuse escribir sobre eso, de hasta dónde puede llegar la cabeza en estas cosas”.

En “Una catástrofe” va acomodando imágenes tortuosas. Por ejemplo vemos a un lactante con la boca llena de sangre de tanto desgarrar el pezón. Aludiendo a un cuadro de Picasso titulado Madre con niño muerto, la narradora aprovecha para decir una tremenda verdad: “Tener un bebé es una forma de estar muy cerca de la vida pero también de la muerte”. Pero le da una vuelta de tuerca cuando nos damos cuenta de que es la madre y no el hijo quien está con una complicación vital: “León duerme la siesta a upa mío. Chequé si respira. Su espalda se infla y se desinfla sobre mi pecho. La que no respira soy yo. Salgo al balcón para conseguir un poco de aire”.

Casi todos los personajes sufren de inquietud, de nervios, son dispersas y la realidad mediática no las ayuda. En este mismo cuento, la protagonista busca en Internet sobre madres que mataron involuntariamente a sus hijos. Así elige torturarse en lugar de descansar mientras su madre pasea a su hijo.

En “Agua salada” la protagonista es una adolescente que sufre la ausencia y la inepcia de su madre depresiva. Al tiempo que busca controlar sus propios miedos conoce a una niña que la descoloca cuando escucha de su pasado familiar siniestro: un hermano muerto en un accidente en una moto de cuatro ruedas en un veraneo tras el cual nunca volvió a escuchar de él.

En “Truco de magia” y “La flamenca” las protagonistas se obsesionan: la primera tiene un embarazo psicológico cuando una mujer, que conoce en el metro, confunde su gordura con un embarazo. Mientras que en “La flamenca” la fijación es con una artista del siglo pasado, cuyo sufrimiento identifica al suyo. Y nuevamente ambas terminan atrapadas en Internet. En uno la narradora sufre de insomnio y la consume la luz blanca del teléfono que se le cuela al cerebro sin tregua ni control. En el segundo la protagonista se dedica a mirar cámaras de seguridad en vivo por el mundo buscando algo que llame su atención para calmar su ansiedad.

“Últimamente este parece ser el único tema de conversación posible. Al llegar la tercera década no se puede escapar de pensarse madre o no madre”, concluye en una fiesta para su sobrino recién nacido en Israel la protagonista de “Ni de acá, ni de allá”, que no se encuentra nada cómoda mientras transcurre la celebración. Sobre todo pensando en que en cualquier momento suena la alarma antibombas y tiene que correr. Del mismo modo la maternidad se anuncia por todas partes como un peligro que la sofoca.

“Meditación madre” es el título también de la última narración que bien podría ser la primera por la ironía del planteamiento. Y como en varios otros cuentos la madre de la protagonista es un ser frágil, “como si un viento la pudiera volar de un momento a otro como a una sombrilla”. Los personajes de este libro se mezclan entre sí o evolucionan pese a que el orden de los cuentos esté alterado. Dice en una entrevista que el trabajo de moverlos para encajarlos de otra manera fue de las cosas que más disfrutó. Y todos tienen el mismo tono introspectivo y el estilo delicado de un lenguaje acompasado que se mezcla con el vigor de estos pensamientos rotundos con que nos apela, nos guía por sus recovecos hasta que sus contradicciones y sorpresas nos dejan de una pieza.

Meditación madre

Meditación madre. Ana Montes. 2024, Neón Ediciones. 161 páginas. Dónde comprar

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