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Salir de la melancolía: una tarde con Serú Girán

Fragmento del libro La entrevista imposible: una tarde con Serú Girán (2024), de Luciano di Vito y Fernando González, con la trastienda de un encuentro único con la banda de Charly García, Pedro Aznar, David Lebón y Óscar Moro un 9 de marzo de 1988. Publicado por cortesía del sello argentino Vademécum.

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Sabrán disculpar la autorreferencia, pero no me queda otra. 

En los últimos años, la famosa reunión de Serú Girán de 1988 apareció en la agenda de periodistas e investigadores. Por diversas circunstancias, aquel reportaje ya es objeto de referencia en biografías y ensayos que nutren el revisionismo musical de este siglo.

Fue inolvidable y único. Los protagonistas fueron los autores de la banda de sonido de nuestra adolescencia. Nos salió bien y estuvo muy bueno. Pero ahora llegó el turno, finalmente, de contar la historia completa. 

A casi medio siglo de su estreno, Seminare es utilizada por una compañía telefónica para promocionar sus productos. Serú Girán aparece y se esconde en el tiempo. Es una verdad de Perogrullo, pero a medida que pasan los años el grupo suena cada vez mejor, desde sus discos felizmente remasterizados o en las grabaciones piratas que circulan por ahí. Mientras miramos las nuevas olas y somos parte del mar, las generaciones digitales descubren y se fascinan con una de las bandas más grandes que hubo en este país en cualquier época. 

Esa misma fascinación nos llevó a querer hacer una nota imposible. Fernando González y yo estudiábamos periodismo. Nos juntábamos con amigos como Sergio Topo Alves da Cruz (con quien hicimos un reportaje memorable y aún inédito al Flaco Spinetta en un galpón de la calle Portela, en Flores, mientras el Mono Fontana tocaba de fondo) y Gustavo Bove, que se vestía más moderno que nadie, se cortaba el pelo como Gustavo Cerati y nos insistía con la genialidad de Signos. Todo aquello sucedía alrededor de un inolvidable programa de radio: Submarino Amarillo, en la vieja y querida Radio Del Plata de la avenida Santa Fe 2043. Pero también durante las noches en Cemento o en el Parakultural. 

Queríamos hacer una nota que nadie hubiera hecho, algo que nos sirviese para entrar a la radio y hacer nuestros programas. No nos importaba cuánto podríamos tardar. Teníamos tiempo, ganas y la idea fija.  

Me acuerdo que anotamos el objetivo en un cuaderno, una especie de bitácora que inauguramos en el bar La Giralda en octubre de 1987. Sabíamos que Charly vivía en el barrio, que Lebón dirigía TMA (Taller de Música y Arte, cuya dirección la sabíamos por un aviso en Cantarock) y no mucho más. Sabíamos que había pasado más de un lustro desde las últimas presentaciones del grupo, de donde salió un disco en vivo que en verdad no era tan en vivo. 

Un día tocamos el timbre en lo de Charly: 

—Soy Di Vito —dije.  

—Charly no está —dijeron del otro lado del portero eléctrico.  

Dimos una vuelta a la manzana. Tocamos de nuevo: 

—Soy González —contestó Fernando. 

—Subí —dijo alguien. 

Y subimos.   

Nos abrió Charly García y nos hizo pasar. Nos sirvió Coca Cola y alfajores de maicena. Vimos su piano Steinway y la ventana hacia Coronel Díaz. Nos preguntó qué queríamos. 

—Juntar a Serú para una nota —dijimos.  

—No hay problema, si los muchachos también quieren, la hacemos —dijo él.

Salimos agrandados. Teníamos la sensación que con el sí de Charly el asunto iba a ser mucho más fácil. Nos equivocábamos. 

En una época sin teléfonos celulares ni redes sociales, esconderse, permanecer invisible o simplemente inhallable era mucho más fácil. Allí aprendimos que para producir servía —y mucho— la inolvidable guía telefónica. Aquel objeto —ya extinguido— fue un aliado a la hora de buscar (y encontrar) a Pedro Aznar. Ubicamos a Pedro en su casa y a David en TMA. Al igual que Charly, y sin que hubiesen hablado entre ellos, la condición era la misma: “Si los muchachos quieren…”. Faltaba Moro. Nadie sabía de él.

El plan empezó a naufragar. Los músicos nos preguntaban a nosotros cuándo íbamos a hacer la nota. Nosotros, mientras tanto, juntábamos material de archivo: fotocopias y recortes de prensa entre 1978 y 1982 para preparar la entrevista. Charly nos avisó que se iba a Brasil ese fin de año del 87. Planeaba una gira con Luca Prodan (y supuestamente Paralamas) que no se hizo por la muerte del líder de Sumo.1 El paréntesis del verano nos dio un poco de aire en la búsqueda del baterista, hasta que una noche de febrero decidimos dar de baja la aventura. Moro no aparecía, los músicos nos pedían una definición y nosotros no teníamos una respuesta. Eran los cuatro o nada; entonces sería nada. Esa noche planeamos pedir disculpas por las molestias ocasionadas y salirnos del intento. Bajamos a comprar cerveza y en una despensa de la calle Paraguay, detrás de nosotros, un cliente hizo su pedido: 

—Cien de crudo, por favor. 

Era Moro. 

Nos presentamos ahí mismo y, como si estuviese guionado, Oscar nos dijo lo mismo que sus compañeros: si los otros quieren, todo bien. Moro nos contó que acababa de mudarse y que el lugar aún no tenía teléfono, por eso ni nosotros ni nadie podía encontrarlo. Nos dejó el número de un amigo donde recibía mensajes.

Finalmente, en marzo de 1988 hicimos la entrevista, pero lo que vino después ya no fue tan simpático ni épico. 

Nadie nos creía que habíamos juntado a Serú Girán. Ni siquiera en el Submarino Amarillo —que ya había cambiado de emisora— nos daban crédito. Decidimos ir a la Rock & Pop, que era la FM del momento. Un contacto nos consiguió una reunión con Daniel Grinbank en la oficina de producción de Raúl Naya, en la avenida Córdoba. Grinbank fue a los bifes: 

—¿Así que ustedes juntaron a Serú? ¿Qué quieren a cambio? 

Fernando y yo le mostramos las fotos y en un pequeño grabador de mano le hicimos escuchar un pedacito de la entrevista.  

—A mí me pagan por pasar estas cosas —dijo DG. 

—A nosotros no —contestó Fernando. 

—Queremos un programa en tu radio —dije. 

Grinbank nos sugirió que viésemos “a Mario” (por Pergolini) o “a Ari” (por Paluch) y dio por terminado el encuentro.   

A los dos días lo vimos a Pergolini en la entrada de la vieja Radio Buenos Aires, donde funcionaba la Rock & Pop. Pergolini tampoco nos creyó demasiado y hasta me quiso cambiar mi LP debut de Serú Girán por los dos primeros de Alejandro Lerner. Al día siguiente fuimos por Ari Paluch, que conducía el programa Maratón. Paluch se enganchó con la idea. Nos abrió las puertas de los estudios de Leandro N. Alem y allí armamos la nota junto al operador Guillermo Raigorosky, quien cortó fragmentos de la entrevista, grabó nuestros testimonios, los copetes y la locución de Gabriela Radice.

La nota a Serú Girán se emitió en el programa número cien de Maratón, el viernes 20 de mayo de 1988 a las cuatro de la tarde. Luego, en junio, apareció un extracto del reportaje en la revista Rock & Pop gracias a los generosos oficios de Pipo Lernoud.

Con Fernando González conseguimos un espacio en la FM Norte de Vicente López —indudablemente, gracias a aquel logro— donde hicimos Art decó, un programa que duraría hasta el 2005 con diversos colaboradores y por diversas emisoras. 

Lentamente, la nota con Serú fue quedando en el olvido, incluso nadie la recordó en 1992, en medio del operativo retorno del cuarteto. Cuatro años después de los dos shows en River, mi vecino Sergio Marchi me tocó el timbre. Nos conocíamos por haber compartido trabajos en Radio Rivadavia junto a Juan Alberto Badía. Sergio estaba escribiendo la biografía de Charly y me pidió un fragmento de la entrevista. 

Fernando González ya había abandonado el periodismo. El reportaje estaba literalmente archivado, tanto las cintas de los casetes como algunas de las fotos que había sacado el querido amigo y compañero de colegio Sergio Lebán.

En el año 2000 Serú Girán volvía a sonar —y de qué manera— gracias a una grabación en vivo de uno de los shows en el Coliseo de la Navidad de 1981. Como podría decir Troilo, Serú Girán siempre vuelve. En el 2003, el periodista y coleccionista Lautaro Pavía me llamó por teléfono: 

—Tengo que darte algo que es tuyo —dijo.

Se refería a la grabación de consola de la zapada con la que Serú Girán celebró y cerró aquella entrevista del 88. La jam (con temas de los Beatles, Prince, rock and roll clásico y Noche de perros, No llores por mí, Argentina, Encuentro con el diablo y El mendigo en el andén) se grabó en una de las consolas de TMA, operada por Eduardo Bergallo. Lautaro me traía aquel tesoro —disponible en YouTube desde siempre— luego de quince años. El círculo se cerraba.

La entrevista imposible: una tarde con Serú Girán

La entrevista imposible: una tarde con Serú Girán. Luciano di Vito y Fernando González. 2024, Vademécum. 100 páginas.

Por Luciano di Vito

Periodista y autor de El arte de Perder.

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