Una de las cosas que he empezado a amar de los regresos desde Viña los domingos en la tarde con la Carmencita cuando pasamos el fin de semana en la costa es cuando nos ponemos a escuchar música.
Por alguna razón a la Carmencita le bajan unas enormes ganas de escuchar un solo estilo o una sola idea (siguiendo, quizá, el principio que instaló Ben Ratliff, el crítico musical del The New York Times en su libro de 2016, Every Song Ever: Twenty Ways to Listen in an Age of Musical Plenty, donde argumenta que hoy, en un tiempo en que disponemos de toda la música de la historia a un click o dos de distancia: “A medida que las subdivisiones familiares como ‘rock’ y ‘jazz’ importan cada vez menos y el pasado accesible de la música se hace más y más amplio, los oyentes pueden dejar de lado las intenciones de los compositores y músicos y comprometerse con la música de nuevo, en sus propios términos”).
Así hemos escuchado en varios viajes selecciones de power-pop, la música de a-ha, el trap chileno de los últimos dos años, power-ballads o ABBA.
Esta semana fue un poco más errático, pero llegamos a buen puerto. La Carmencita me comentaba que le llamaba la atención algo que yo había estado sosteniendo varias veces en los últimos meses: que mucha de la música ochentera es una superposición de los setentas.
Hay muchas canciones ochenteras que en realidad son canciones setenteras pasadas de fecha (como las botellas de leche vencidas). O, lo que es peor, canciones de melodías y recursos anteriores a los ochentas disfrazadas de ochenteras solo porque se llenan de sintetizadores, secuenciadores y drum-machines.
Mi ejemplo favorito son las Pointer Sisters, que básicamente son, para mí, “un girly-group modelo Motown disfrazado de techno-pop” (¿qué, si no, son Jump o Neutron Dance?).
La Carmencita me preguntó qué era lo que hacía que algo fuera realmente ochentero, y volví a nuestro viaje escuchando a-ha de hace como dos años: el techno-pop, las voces estilo “choppy guitars”, aceleradas y casi siempre en registro de bajo barítono.
Así que pusimos una primera lista en Spotify de hits ochenteros y sonó Soft Cell con Tainted Love.
Carmencita: Oye, pero esta canción es un cover de los Soft Cell de Gloria Jones!!!
Yo: Claro, no estoy pensando que todos los temas ochenteros sean en realidad solo ochenteros, tenemos varios casos [y fuimos poniéndolos] de temas que en realidad son sesenteros y de los que se hicieron covers en los ochentas con un sonido más ochentero y con esas voces de registro más bajo.
Carmencita: ¿Ejemplos?
Yo: (There’s) Always Something There to Remind Me de Naked Eyes que es un cover del tema de Burt Bacharach y Hal David cantado por Lou Johnson; Denis de Blondie, que es un cover de Randy & The Rainbows; A Hazy Shade of Winter de las Bangles cantada originalmente por Simon and Garfunkel.
Carmencita: Oye, pero se te va una esencial: Always on my mind de los Pet Shop Boys, cover de Elvis Presley. ¿Escuchemos a los Pet Shop Boys?, yo creo que ese sonido sí es esencialmente ochentero.
Yo: Una vez Felipe Pumarino me contó que para él la diferencia entre el techno-pop y el synth-pop es que el primero es más “humano”, esto es, que hay un tipo tocando el sintetizador (o más de un tipo y más de un sintetizador) y otros otros instrumentos (como en Human League, Heaven 17, Japan, OMD, e incluso algunas cosas de Simple Minds), y que en el synth-pop todo está más secuenciado y que finalmente deriva en la música de tagadá de los noventas. Creo que los Pet Shop Boys son la bisagra entre ambas tendencias.
Así que empezamos a escuchar a los PSB y nos encontramos con un par de datos que nos dejaron para dentro. La Carmencita empieza a buscar info en la red mientras ponemos canciones como la misma Always on my mind (y yo le cuento que Antonio Jiménez Morato dijo hace algunos días sobre este tema: “La compusieron Johnny Christopher, Mark James y Wayne Carson. Es una de las escasísimas canciones que no permite que la destrocen la versione quién la versione. Así de buena es”), Rent, Domino Dancing o Go West; o cosas más raras, como Love Is a Bourgeois Construct o Being Boring, hasta que llegamos a It’s a Sin.
Carmencita: Oye, para variar Madonna pirateó, como siempre, ahora este tema descaradamente, es la misma idea de Like a Prayer. Mira lo que dice el The Guardian: “Unos años antes de que Madonna besara a su Jesús negro en el video de Like a Prayer, y REM usara la imagen de un dubitativo Tomás tocando la herida en el costado de Jesús en el video de Losing My Religion, Tennant estaba rodeado de velas y monjes con pesadas vestimentas mientras cantaba sobre la vergüenza, preparándose para ser quemado en una pira funeraria. Reino Unido, N°1 durante tres semanas, It’s a Sin se inspiró en la educación católica de Tennant, no es un tema particularmente obvio para un éxito tan grande. Sin embargo, lo que hace que la canción funcione es su producción exagerada, que hace que la pecaminosidad suene como la cosa más emocionante del mundo. Caso en cuestión: las voces amortiguadas al principio son de una cuenta regresiva de la NASA, puesta ahí por ninguna otra razón que el simple dramatismo. Los chicos de la trastienda detrás de It’s a Sin también conocían como la palma de sus manos la lógica de los charts. El productor Julian Mendelsohn y el ingeniero Andy Richards habían trabajado con Frankie Goes to Hollywood para Relax y para Two Tribes. El primero grabó una misa católica en el Oratorio de Brompton para el middle-eight de esta pista, mientras que el segundo creó el efecto de trueno que lanza It’s a Sin a la cuenta regresiva, y luego al espacio. ‘Neil y Chris normalmente salían del estudio alrededor de las siete u ocho en punto todas las noches, dándonos una lista de cosas que les gustaría que hiciéramos, y luego regresaban a la mañana siguiente y nos contaban lo que hicieron y no me gustó’, dijo Mendelsohn a la revista Sound on Sound en 2010, ‘a medida que las cosas se iban sumando, los dos nos dejamos llevar’”.
Bueno, eso de la cuenta regresiva de la NASA es fenomenal y también los efectos atmosféricos. Pet Shop Boys son una banda mayúscula que un día hace como treinta años sostuvieron en una entrevista que eran mayores a los Beatles. Quizá una exageración también, pero pucha que son buenos.
Llegando a Santiago decidimos bautizar a estos viajes de regreso escuchando música como, “The Route 68 Appreciation Society of Music”. Este es un playlist en Spotify sobre este “primer episodio”.
