* Por Eve Houghton
La historia del libro no siempre implica el estudio de la historia ni tampoco de los libros. Como demuestra James Raven en este volumen breve y fascinante, la pregunta de qué tipo de objeto puede considerarse como un libro sigue siendo objeto de intenso debate. Tradicionalmente, la historia del libro en Occidente ha hecho de “libro” un sinónimo de “codex” —conjunto de hojas plegadas o cosidas entre sí—, pero, en el relato del profesor Raven —que abarca un amplio rango geográfico y cronológico—, adopta una gran variedad de formas materiales: caparazones de tortuga chinos con inscripciones de hace 3.000 años, tablillas de arcilla sumerias con escritura cuneiforme; registros de cuerdas anudadas o quipus, utilizados por los funcionarios incas de Sudamérica para llevar la contabilidad. Los límites del libro parecen aún menos claramente definidos en la era de los posteos de un blog y del Kindle.
Caparazón de tortuga en China de hace más de 3.00 años escrita como oráculo
Además, la “historia” del libro podría no reflejar toda la amplitud y diversidad de una empresa académica que ahora comprende trabajos realizados en ámbitos como los estudios literarios, la sociología, la antropología y la informática. Proyectos basados en datos, tales como la Reading Experience Database de la Open University, examinan la historia de la procedencia y el uso de los libros a gran escala. Las funciones avanzadas de búsqueda de palabras y frases en bases de datos como Google Books y la HathiTrust Digital Library han permitido una aproximación computacional a las investigaciones de crítica literaria tradicional sobre cuestiones de estilo, autoría e influencia literaria. Las colecciones en línea —entre ellas Early English Books Online y Eighteenth Century Collections Online— han sustituido los rollos de microfilm por imágenes digitales. El campo que Robert Darnton describió a principios de la década de 1980 como “la historia social y cultural de la comunicación impresa” abarca ahora objetos de investigación y enfoques metodológicos difíciles de imaginar incluso hace unas pocas décadas, tales como el trabajo con archivos “nacidos digitales” (como los correos electrónicos y los documentos de Word) o los modelos informáticos capaces de superponer registros históricos de propiedad de libros sobre datos geográficos.
Un mérito que hay que reconocer a ¿Qué es la historia del libro? es el hecho de que pone énfasis en cuestiones persistentes acerca del alcance de la historia del libro, al tiempo que define los parámetros de la disciplina con el suficiente detalle como para avanzar hacia una “introducción global y accesible al campo de la historia del libro, desde la época antigua hasta la moderna”. La obra también apunta hacia áreas emergentes de estudio, especialmente en un esclarecedor capítulo sobre la historia de la lectura. Raven escribe que la lectura es “la dimensión más significativa y desafiante de la historia del libro”. Dado que ella deja pocos vestigios materiales, la lectura sigue siendo una de las prácticas más elusivas de captar en términos históricos. Por ejemplo, no siempre es una actividad silenciosa y solitaria. Como han demostrado Paul Saenger y otros estudiosos, existen pruebas significativas de que, en la Europa premoderna, muchas personas escuchaban los libros más que los leían. Pero ¿cómo pueden los historiadores y los críticos literarios dar cuenta de una forma de interacción con los libros que, la mayor parte de las veces, no dejó rastro alguno?
Representación del autor, traductor e iluminador del siglo XV, Jean Miélot, aquí traduciendo.
El creciente interés académico por las anotaciones marginales o marginalia de los lectores que ha tenido lugar en los últimos treinta años ofrece una vía para la historización de la lectura. Sin embargo, como nos recuerda Raven, “el uso del libro… no tiene por qué corresponderse con lo que generalmente se considera lectura”. Leah Price y Adam Smyth, entre otros, han investigado diversas actividades que también podrían considerarse bajo la categoría de lectura: hojear libros, reciclarlos o venerarlos. En una de las anécdotas memorables de Price sobre la Gran Bretaña victoriana, se acusa a una mujer de combinar las encuadernaciones de sus libros con el color de sus vestidos. Las primeras formas de impresión japonesa mediante xilografía, señala Raven, estaban asociadas a diversas formas de práctica ceremonial y oración que permitían exhibir el libro como una suerte de “chamán preventivo”. Raven sugiere de manera convincente que la no lectura forma parte de la historia del libro tanto como la lectura misma, ya que la “atención ritual” prestada al libro como objeto físico pudo haber sido, para ciertas personas, “mucho más importante” que la lectura propiamente tal.
El ambicioso alcance del libro inevitablemente lleva a la sensación de que algunas áreas han recibido un tratamiento algo breve. Raven menciona a media docena de especialistas en una sola frase, y sus referencias a la investigación internacional sobre la historia del libro (“Siguieron notables obras publicadas de la India, México, Brasil, Japón y Sudáfrica”, escribe en una sección) pueden parecer, en ocasiones, abrumadoras o demasiado generales. Pero Raven ha elaborado un recuento de este campo admirablemente convincente que es accesible para el lector general y que defiende con solidez una culturalmente inclusiva comprensión del libro en la historia. Una historia global del libro, por ejemplo, pone la “revolución” de la imprenta de Gutenberg —una narrativa ahora disputada— en conversación con los orígenes de la imprenta en Asia. La prevalencia de colecciones literarias misceláneas y de autoría anónima en los libros chinos anteriores al siglo XX desafía las concepciones occidentales sobre la autoría y la formación del canon literario. La ventaja de concebir el libro como un fenómeno global, según demuestra Raven, es que desfamiliariza una historia que creemos conocer, planteando preguntas sobre la cambiante naturaleza de la lectura y la escritura a través del tiempo y el espacio.
Artículo aparecido originalmente en Times Literary Supplement 28.09.2018. Se traduce con autorización de su autora. Traducción: Patricio Tapia
“¿Qué es la historia del libro?”. James Raven. (Trad. M. Torres). Editorial Grano de Sal, México, 2025, 220 pp.
* Eve Houghton es investigadora en St John’s College, Cambridge. Trabaja en un dos libros: Experimental Fictions: Representing Speech and Thought Before the Novel y Masculinity and Minor Characters on the Early Modern Stage: Four Types. Es coeditora del Oxford Handbook of Thomas Nashe. Sus ensayos académicos han aparecido en revistas como Critical Inquiry, ELH: English Literary History y The Papers of the Bibliographical Society of America.
