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Las mujeres al cadalso

“Guillotinadas” evoca las figuras de cuatro mujeres mártires de la Revolución francesa: María Antonieta, la reina depuesta, Madame du Barry, la última favorita de Luis XV, Madame Roland, la musa de los girondinos, y Olympe de Gouges, escritora y precursora del feminismo, todas ejecutadas durante el Terror en el otoño de 1793.

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* Por Jean-Clément Martin

En línea con sus libros anteriores, y siguiendo de cerca a las mujeres protagonistas de la historia, Cécile Berly reconstruye los últimos momentos de cuatro mujeres, famosas por una u otra razón, que fueron arrestadas, encarceladas, juzgadas y guillotinadas en los últimos meses de 1793. Estas cuatro mujeres sirvieron de verdaderos chivos expiatorios, permitiendo canalizar el descontento mientras que la Francia revolucionaria se enfrentaba a amenazas tanto en su interior como en todas sus fronteras. El libro comienza con un artículo particularmente pertinente del Moniteur universel del 19 de noviembre de 1793, ya que los debates de ese día en la Comuna confinaban a las mujeres a sus “tareas domésticas” al mismo tiempo que condenaban a la nobleza, el lujo, la cultura literaria y la religión. Estas cuatro mujeres, tan diferentes las unas de las otras como podían serlo —la reina odiada, la amante real envidiada, la anfitriona de salón que inspiró a un poderoso y criticado grupo político, y la conocida y controvertida escritora— fueron condenadas a muerte por razones muy distintas, pero las cuatro estuvieron rodeadas del mismo odio público y fueron sometidas a juicios que no fueron más que una farsa de la justicia; el peor de ellos fue cuando María Antonieta fue acusada de incesto por Hébert. No es necesario decir que todas sufrieron las humillaciones del encarcelamiento, del juicio y del traslado a la guillotina de la misma manera, atravesando multitudes hostiles. Ante estas adversidades, mientras Madame du Barry se sentía abrumada, las otras tres resistieron a sus jueces, incluso provocándolos, demostrando una valentía y una determinación firmes.

Cécile Berly ha tomado la opción de describir con gran atención los detalles de las trayectorias y actitudes de estas mujeres durante esos momentos precisos, basándose en hechos atestiguados por la historiografía y por las memorias, y recuperando las palabras y las tomas de posiciones que se citan con frecuencia. Con razón, ella no va más lejos ni se aventura en los análisis psicológicos, siempre difíciles de hacer y siempre frágiles. Estos relatos son, por definición, únicos y, a la vez que también generalizables, ya que otras mujeres han sufrido las mismas humillaciones, las mismas prácticas arbitrarias, los mismos malos tratos y los mismos procedimientos, respetando formalmente la ley, pero infringiéndola sin escrúpulos en su aplicación.

Las mujeres ejecutadas: María Antonieta, Madame du Barry, Madame Roland y Olympe de Gouges.

La elección de estas cuatro mujeres se justifica plenamente por lo que ellas dicen sobre el período en cuestión. El otoño de 1793 estuvo marcado por un aumento espectacular de la misoginia en la Convención y entre los sans-culottes, quienes rechazaron categóricamente las demandas de igualdad social y política planteadas por las mujeres. Si bien no fueron las únicas en sufrir este destino, otras mujeres más directamente activas en la vida política y social podrían haber abierto perspectivas diferentes. El crimen cometido por Charlotte Corday contra Marat en julio conmocionó a la nación e hizo que los hombres temieran perder su control de la sociedad. Este temor explica por qué, pocos meses después, Pauline Léon y Claire Lacombe, figuras destacadas entre las mujeres republicanas revolucionarias, se vieron obligadas a abandonar la vida pública, logrando escapar de la guillotina. También sería posible mencionar a Théroigne de Méricourt, atrapada y golpeada en 1793, que cayó en la locura y posteriormente fue encarcelada hasta su muerte en condiciones espantosas. Junto a estas mujeres célebres, miles de mujeres contrarrevolucionarias fueron ejecutadas y masacradas en esos mismos meses. Más tarde, en 1794, finalmente se llevaron a cabo ejecuciones según diferentes justificaciones, como la de Lucile Desmoulins, las de las Saint-Amaranthe, madre e hija, y la de Cécile Renault.

Estas cuatro mujeres guillotinadas, por lo tanto, no son casos aislados. Muy por el contrario, los testimonios conocidos nos recuerdan que muchas mujeres y hombres de la época sufrieron este tipo de sufrimiento y mantuvieron la compostura incluso en el cadalso. Sin duda, es un punto ciego del libro el no haber señalado el valor ejemplar de estos cuatro casos. Si bien es innegable que las cuatro mujeres estudiadas en este libro fueron víctimas de comportamientos violentos e injustos, se impone la cuestión de saber si su destino era común en aquella época para mujeres de su condición, si ellas sufrieron los errores de la justicia en un estado de excepción, o si fueron víctimas de venganzas personales que pudieron expresarse ante instituciones carentes de objetividad. ¿Eran habituales las acusaciones de Hébert contra la reina, las de sus familiares contra Madame Roland y las de sus sirvientes contra Madame du Barry en todos los juicios (lo que yo creo)? ¿Tenían fundamentos políticos, en el sentido más preciso del término (lo que yo dudo)? Sin duda, estas preguntas deberían haberse planteado, así como un intento de comprender por qué estas mujeres perdieron la vida mientras que otras prisioneras, cuyos testimonios se citan en el libro, fueron perdonadas. Cécile Berly nos recuerda con razón que no debemos apresurarnos a atribuir estas ejecuciones legales al “Terror”. Pero sin integrarlas en una reflexión más amplia, se deja al lector poco familiarizado con la compleja historia de la Revolución, convencido de que está presenciando el curso ordinario de la “justicia revolucionaria”, lo cual es en sí mismo un tema formidable y aún no resuelto. Sin embargo, incita —y este es el aspecto esencial e indiscutiblemente el corazón de su enfoque de la historia— a reflexionar sobre la relación personal e íntima que tenemos con la violencia, ya sea la del siglo XVIII o la del XXI.

Artículo aparecido en “Annales historiques de la Révolution française” 413-3 (2023). Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia

“Guillotinadas”. Cécile Berly. (Trad. O. Guilpain). Editorial FCE, México, 2025, 124 pp.

* Jean-Clément Martin es profesor emérito de la Universidad de París I Panthéon Sorbonne y ex director del Institut d’histoire de la Révolution française. Ha publicado numerosos artçulos y libros, entre estos destacan: La Revolución francesa. Una nueva historia (2012; Crítica, 2013), Robespierre, la fabrication d’un monstre (2016), La Terreur (2017) y La révolution inachevée des femmes (2025).

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