Tomar un respiro

Un padre y esposo encuentra la libertad en la carretera en la novela finalista del Premio Booker 2025, “El resto de nuestras vidas”. Su autor, el escritor Ben Markovits, está en Chile para participar en la Furia del Libro, en una conversación sobre su obra (Viernes 29 de mayo, 17 horas, Estación Mapocho).

* Por Philip Womack

La novela de Ben Markovits, El resto de nuestras vidas —la duodécima del autor—, trata el más estadounidense de los temas: el viaje por la carretera. Esta odisea traza la crisis de la mediana edad, en términos de salud tanto física como mental, de nuestro cautivadoramente cómico narrador, Tom, un profesor de derecho cuya esposa, Amy, tuvo una aventura muchos años atrás. La novela se centra principalmente en la eterna danza de la familia, las brechas y las uniones entre generaciones a medida que se separan, se unen, se comunican o no logran hacerlo.

La hija en edad universitaria de Tom, Miri, está a punto de ser abandonada por su novio; su hermano mayor, Michael, está a punto de comenzar una nueva relación. Aunque Tom permaneció con Amy por el bien de los niños, se hizo una promesa a sí mismo de dejar la casa cuando Miri fuera a la universidad. Y así lo hace, en busca de su juventud perdida. Hay reminiscencias del cuento de John Cheever, “El nadador” (1964), en el que un hombre decide volver a casa a través de las piscinas de sus vecinos, revelando que está al borde de una crisis nerviosa mientras critica el sueño americano. (Markovits, en última instancia, es más optimista).

Benjamin Markovits

Lo único que Tom siempre quiso fue “sentarse a leer libros”, pero la vida lo obligó a tomar una dirección diferente. Ahora, alienado por la vida moderna y desconcertado por la cultura de la cancelación que se ha infiltrado en la universidad donde enseña, encuentra en los caminos una libertad de una especie que no había experimentado en años. Su decisión no ha sido fácil: Tom siente que está repitiendo los actos de su propio padre, quien abandonó a su madre. Sin embargo, él sigue adelante, con el teléfono apagado y el cuerpo debilitándose. Es irónico que, mientras vaga libremente, algo siniestro esté bloqueando la circulación de su sangre.

El resto de nuestras vidas es también una novela sobre las clases sociales: Tom se considera de clase media baja, aunque, como admite a regañadientes, su padre era un “empleado”. Amy, por su parte, proviene de una familia judía adinerada, los Naftali, que exudan buen gusto y éxito por generaciones. Sin embargo, no hay nada dogmático en el planteamiento del autor: ricos o pobres, todos sufren y sobreviven.

Markovits destaca en la descripción de las relaciones familiares: lo que se dice y lo que se calla; el peso de la experiencia que moldea el carácter; y las maneras en que las familias se aman, incluso cuando sus miembros se irritan mutuamente. Miri es brillante, pero nunca persevera en nada, causando tensiones con su ambiciosa madre; Michael se “había convertido en uno de esos jóvenes que deciden que la interacción familiar no les resulta una fuente de felicidad”. Los pequeños detalles son reveladores. Cuando Tom deja a Miri en la universidad, ella no cena con él, ni siquiera desayuna al día siguiente. Cuando Michael “cada vez que volvía a casa, le gustaba resolver cosas, así podría irse otra vez”. El hermano de Tom, por su parte, piensa que “lo único que había que hacer para lograr que pasaran cosas buenas era ser amable con los demás”. El verdadero corazón de la novela es la relación entre Tom y Amy: incluso cuando él está lejos de ella, piensa en ella, y su matrimonio es bellamente retratado en todos sus tonos sutiles.

La cultura de la cancelación se aborda con sensibilidad. Tom, a quien Miri advierte sobre convertirse en alguien que tiene “la ira del varón blanco”, se siente incómodo con los cambios en su trabajo como profesor (en un toque simpático, él imparte una clase sobre delitos de odio). El nuevo decano toma partido por el lado de los estudiantes con demasiada frecuencia. Tom ha asesorado al dueño de un equipo de básquetbol acusado de racismo y sexismo; su nombre está en el informe y le aterra que sus alumnos se enteren. A Michael no parece importarle que la gente pierda su trabajo por asuntos aparentemente insignificantes, considerándolo una oportunidad para “resetear” la sociedad.

Más tarde, Tom se encuentra con un viejo amigo, Sam, quien se describe a sí mismo como un “tipo blanco, maduro, al que le gusta enseñar cosas sobre tipos también blancos, ya muertos”. Sam sabe que ofenderá a sus alumnos en algún momento; se resigna a eso. Otro personaje, un jugador de básquetbol, quiere presentar una demanda colectiva por “discriminación sistemática contra los jugadores blancos”. Si bien Sam le parece simpático a Tom, considera ridículo al jugador de básquetbol.

Todos tememos caer en la irrelevancia a medida que la tecnología y la sociedad nos superan, y a medida que los jóvenes crecen y nos dejan atrás. Sin embargo, al leer la apacible, poderosa y divertida novela de Ben Markovits, recordamos que el amor familiar puede darnos estabilidad y mantenernos juntos.

Artículo aparecido originalmente en “The Times Literary Supplement” 25.04.2025. Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia

“El resto de nuestras vidas”. Benjamin Markovits. (Trad. J. Naldini). Editorial Chai, Buenos Aires, 2025, 228 pp.

* Philip Womack estudió en el Oriel College de Oxford y ha enseñado latín y griego en diversos países. Es autor de siete novelas de fantasía inspiradas en mitos y leyendas: The Other Book (2008), The Liberators (2010), la trilogía The Darkening Path (2014-2016); The Double Axe (2016) y The Arrow of Apollo (2020). Su primer libro de ensayo es Cómo enseñarle los clásicos a tu perro (2020; Paidós, 2022).




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