No te preocupes, sé feliz

El psicólogo Jonathan Haidt examina combinando la sabiduría antigua de la filosofía con la psicología contemporánea para ofrecer una perspectiva de cómo vivir una vida mejor o feliz. Es algo que no se persigue de manera directa, no somos aurigas en caballos salvajes, sino jinetes reflexivos en un elefante.

* Por James Flint

La idea del “yo dividido” no es nueva. Olvídense de R.D. Laing: Buda comparó la experiencia del ser humano con la de un domador (racionalidad) montado a horcajadas sobre un elefante (impulso animal); Platón con la de un auriga (mente racional) intentando controlar dos caballos, uno noble que tira hacia la derecha y otro libidinal que tira hacia la izquierda. Y, por supuesto, está la versión victoriana de Freud: la mente como un coche en cuyo asiento trasero “el conductor (el ego) lucha frenéticamente por controlar a un caballo hambriento, lujurioso y desobediente (el ello), mientras el padre del conductor (el superyó) se sienta en el asiento trasero, sermoneando al conductor sobre lo que está haciendo mal”.

A finales del siglo XX, estas imágenes fueron descartadas por muchos en las ciencias sociales y reemplazadas por metáforas de procesamiento de la información y consumo racional, metáforas que a su vez reflejaban las preocupaciones de su época. Cuando Jonathan Haidt sugiere que ahora abandonemos estas metáforas y volvamos a la idea del elefante y el jinete como modelo para el funcionamiento de la mente, a primera vista parece un comienzo poco prometedor para un libro que pretende decirnos cómo ser felices. Pero a diferencia de tantos promotores mundiales de la autoayuda y la filosofía del estilo de vida, por no hablar de sus economistas y psicólogos computacionales, Haidt sabe de lo que habla. Gracias a sus décadas de experiencia como profesor de psicología en universidades, posee un profundo conocimiento de su materia. A esto se suma la distinción de tener, en general, razón.

Lo que llaman la atención de los caballos, carruajes y elefantes con jinetes, argumenta, es algo que los psicólogos sólo recientemente han comenzado a comprender: “en la mente funcionan dos sistemas de procesamiento diferentes en todo momento: los procesos controlados y los procesos automáticos”.

Se pueden lograr muchas cosas con los procesos automáticos. Se puede navegar por las estrellas (aves migratorias), librar guerras y gestionar granjas de hongos (hormigas), incluso fabricar herramientas (los primeros homínidos). El mecanismo central de todos estos sistemas automáticos altamente especializados es la liberación de dopamina, pequeñas dosis de este neurotransmisor son la forma en que el cerebro recompensa a los animales por hacer cosas (como comer, construir nidos y tener relaciones sexuales) que son buenas para la supervivencia de nuestros genes.

Jonathan Haidt, profesor en la Universidad de Nueva York

El procesamiento controlado, sin embargo, es una bestia más escurridiza y más rara. Para empezar, requiere lenguaje. “Aunque dispongas de fragmentos de pensamiento en imágenes, para planificar algo, para sopesar los pros y los contras de dos opciones o analizar las causas de los éxitos y fracasos anteriores, necesitas palabras”.

Pero los procesos automáticos han existido durante milenios, lo que les ha dado tiempo de sobra para perfeccionarse. El funcionamiento cortical superior apareció hace apenas unos 40.000 años, y en comparación es débil y deficiente. Esto, señala Haidt, “explica por qué el ordenador más barato es capaz de resolver problemas lógicos, matemáticos y de ajedrez mejor que cualquier ser humano”, pero ningún robot pueda caminar por el bosque tan bien como un niño de seis años.

Así que aquí estamos: no somos aurigas a cargo de caballos salvajes, sino un jinete reflexivo sentado sobre un enorme y pesado elefante automático que tiene muchas ideas propias sobre cómo hacer las cosas. ¿Qué tiene esto que ver con la felicidad?

La respuesta a ello está en el punto central de este maravilloso libro. La idea clave de Haidt es que la emoción es simplemente la expresión de los mecanismos mediante los cuales el jinete y el elefante interactúan. Las personas felices son aquellas en las que la interacción es fluida, en las que los engranajes encajan, en las que los diferentes niveles se suman para formar un todo más o menos coherente. La infelicidad ocurre cuando el jinete y el elefante tienen grandes diferencias sobre cómo hacer las cosas, una situación bastante común, ya que, mientras que el jinete tiende a estar más interesado en la felicidad, el elefante se empeña en alcanzar el prestigio y las posibilidades de diseminación genética y supervivencia que esta implica.

No ayuda que, a pesar de ser grande, pesado y empeñado en ser el animal alfa, el elefante también sea un completo gatito miedoso. Un “sesgo de negatividad” contra las personas desconocidas y las experiencias nuevas está integrado en la estructura misma del cerebro (en la forma en que están conectados la amígdala y el tálamo), pero, aunque esto pueda resultar molesto, tiene sentido: “Si estuvieras diseñando la mente de un pez, ¿lo harías responder con la misma intensidad a las oportunidades que a las amenazas?”. Claro que no. Si pierdes la oportunidad de comer, lo más probable es que aparezca otra en un rato más. Si te pierdes la señal de un depredador cercano, se acabó el juego.

Habiendo de esta manera desarrollado su metáfora en una imagen detallada y sólidamente argumentada de la mente, Haidt nos lleva en un viaje extraordinario. En el camino, explica por qué la meditación, la terapia cognitiva y el Prozac son formas extremadamente sensatas de tratar la depresión, por qué el budismo es una reacción exagerada al estado de las cosas, de qué manera la religión es una astuta solución cultural a los problemas de la selección de grupos en la evolución, por qué los amantes a menudo se comportan como niños y qué significa esto, cómo el chisme es la clave de la cultura humana y por qué los periodistas se sienten miserables. También intenta explicar la actual división política en Estados Unidos, aunque este es uno de los pocos momentos del libro en que las cosas empiezan a sonar un poco obvias. Dejando eso de lado, no creo haber leído un libro que exponga la comprensión contemporánea de la condición humana con tanta claridad y sentido.

Artículo aparecido originalmente en “The Guardian” 22.07.2006. Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia

“La hipótesis de la felicidad”. Jonathan Haidt. (Trad. G. Poveda). Ediciones Deusto, Vizcaya, 2026, 349 pp.

* James Flint es un escritor británico, nacido en 1968. Estudió filosofía, psicología y literatura en Oxford y Warwick, y jazz en Nueva York. Trabajó en “The Independent”, “Wired” y “The Telegraph”. Es autor de los libros: “Habitus” (1998), “52 Ways to Magic America” (2002), The Book of Ash (2004), y “Midland” (2019). Su sitio web: www.jamesflint.net




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