* Por Bernard E. Morris
Se siente de inmediato el afecto que Levertov siente por estas reminiscencias y el afecto que dedica a plasmarlas en alegres relatos. Aunque en una nota afirma: “Estas teselas no tienen la pretensión de formar un mosaico completo”, ellas sí sugieren una completitud, un diseño. Las veintisiete piezas en prosa se fusionan gracias al espíritu, la perspicacia y la destreza de la autora con los misterios de su historia personal.
Levertov recuerda con tal detalle que sus relatos adquieren la condición vívida y vital que tiene la buena ficción. Podemos ver las luces, los colores y las formas que enriquecieron el mundo de la niña, de la joven. Flores, árboles, espacios habitados se funden en mosaicos que vibran con las emociones de la autora, y las imágenes que corren evocan experiencias tan fluidas que se transmutan entre sí, convirtiéndose en epifanías. Un jardín de la infancia, por ejemplo, está lleno de “marañas de espinos, laburnos, manzanos, memoria, tiempo”.
Preservando el pasado, reviviendo sus bellezas y dramas, Levertov también explora la “verdad” en el corazón de la memoria, con el ojo de una poeta, agudizada por la experiencia y la reflexión madura. Parte de la intención de la autora es descubrir los pequeños misterios, por ejemplo, su “primera experiencia romántica”, que marcó el final de su “verdadera infancia”; por qué terminó una amistad o qué perdió al abandonar un antiguo barrio. Estos descubrimientos la han hecho consciente de “la compleja interacción de los objetos tridimensionales en el espacio y su transmutación en composiciones”, una transmutación que no pudo lograr, dice ella, en sus primeros esfuerzos por aprender a pintar.
Este tipo de transmutación es evidente en toda su colección de teselas en prosa. En “La voz”, por ejemplo, Levertov recuerda una experiencia en Francia durante la guerra, cuando escuchó a un grupo de monjas cantar en una iglesia. Del coro oculto surgió una sola voz recordada que, más de treinta años después, se mezclaría con el recuerdo de la voz de su hijo cantando en otro lugar. El recuerdo demuestra cómo la acumulación de experiencias hace posible la recreación del goce, convierte la recreación misma en un goce. La mente reflexiva, nos muestra Levertov, también puede alcanzar la comprensión. Una gran imagen de uno de sus sueños se describe en el relato final, titulado “Un poema perdido”. La fachada de “una inmensa catedral” en Florencia está incrustada de perlas. La gente que pasa junto a la muralla se acerca para tocarlas. La muralla misma es oscura, como la “turbia oscuridad de la ciudad”. Esta “Catedral de Perlas” se ha convertido para ella en un símbolo de su propia historia, una vasta oscuridad incrustada de perlas luminosas, que alcanza y toca brevemente al pasar. Al final, nos enseña que nuestra propia historia se cierne en la oscuridad y puede brindarnos alegría, tal vez belleza, incluso comprensión. Su experiencia y su comprensión se transmutan en las nuestras. Sus teselas dan a nuestro mundo un mosaico.
Artículo aparecido originalmente en “Harvard Review» 9 (1995). Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia
“Teselas”. Denise Levertov. (Trad. G. Jorge). UDP, Santiago, 2025, 180 pp.
* Bernard E. Morris es poeta, ensayista y profesor. Ha enseñado en la Universidad de California en Berkeley. Ha contribuido en publicaciones de revistas literarias y de poesía. Es autor del libro “Taking Measure: The Poetry and Prose of X.J. Kennedy” (2003).
