Por Sarah Griffiths*
¿Necesitamos otro libro sobre Tutankamón? La propia autora ya ha publicado dos obras centradas en el farón egipcio. En particular, su La maldición de Tutankamón (2012; Ariel, 2012) en particular, ya aborda gran parte del mismo terreno. Pero la respuesta en este caso es: ¡sí! Joyce Tyldesley es una talentosa contadora de historia que escribe para un público general amplio, entrelazando las investigaciones pasadas y presentes en una narrativa cautivadora tanto para principiantes como para entusiastas.
Esta vez, ella sitúa al propio Tutankamón en el centro del relato: “Mi Tutankamón es un faraón tradicional nacido en tiempos difíciles, que se propone restaurar el orden en una tierra desamparada. Gobierna Egipto durante diez años de paz y está en camino de lograr sus ambiciones cuando le llega la muerte”. Este es un faraón destinado a la grandeza, pero cuyo tiempo se vio truncado por una “inoportuna expedición”.
La autora divide el libro en dos partes, narrando dos historias distintas: la vida, muerte y entierro de Tutankamón; y los acontecimientos que llevaron a su redescubrimiento y reinvención en la época moderna. Cada sección es una narración cronológica sencilla, dividida en capítulos con títulos como “El cuento del príncipe”, que abarca sus primeros años en Amarna, y “El cuento del enterrador”, que describe su momificación y entierro. También incluye capítulos sobre Anjesenpaatón y el antiguo saqueo de la tumba.
La segunda sección del libro trata sobre el descubrimiento de KV62 y sus consecuencias, y si bien la mayor parte de este tema ya se ha tratado en numerosas ocasiones, aún existen fragmentos de la historia que los lectores quizá no hayan conocido, como el soldado que afirmó falsamente haber custodiado la tumba durante siete años y se declaró el “último superviviente” del equipo de excavación. Tyldesley también destaca la contribución de los numerosos egipcios locales que llevaron a cabo gran parte del trabajo de excavación.
Sigue existiendo mucha controversia sobre las diversas investigaciones realizadas sobre el cuerpo de Tutankamón. Esto se pone de manifiesto cuando la autora revisa los estudios de 1968 y 2005, señalando discrepancias entre estos hallazgos y los resultados de la posterior investigación de ADN, que relega a un epílogo aparte “debido a su carácter polémico”. La teoría de Nicholas Reeves de que Nefertiti está enterrada en una habitación oculta en KV62 “quizá sea ir demasiado lejos”, y también cuestiona los documentales televisivos engañosos que no ofrecen una visión completa.
Cuestionando la suposición de que Tutankamón era un faraón insignificante, Tyldesley declara que, en el momento de su muerte, el rey era «el hombre más influyente del mundo mediterráneo de la Edad del Bronce» y señala cómo su descubrimiento ha generado desde entonces ingresos muy necesarios para Egipto e inspirado a muchos a estudiar egiptología, incluida la propia autora. Pero, aunque Tutankamón es un ícono moderno, lo que garantiza que su nombre vivirá por siempre, Tyldesley nos deja reflexionar sobre si el rey hubiera deseado que lo despojaran de sus vendas y sus ajuares funerarios y lo exhibieran en su tumba.
Artículo aparecido originalmente en Ancient Egypt 27.11.2022. Se traduce con autorización de su autora. Traducción: Patricio Tapia

*Sarah Griffiths es escritora, profesora y presentadora, con amplia experiencia en la BBC. Ha estudiado en las universidades de Manchester y Edimburgo. Es editora adjunta de la revista Ancient Egypt.

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