Este lunes, el poeta Felipe Cussen recibió una importantísima misión secreta: su ídola Javiera Mena le pidió que dijera algunas palabras para anteceder la primera escucha de su nuevo disco Inmersión, que se lanza hoy en todas las plataformas. Con mucho nerviosismo, el poeta dirigió sus pasos hacia las coordenadas secretas que le habían enviado, se identificó en voz baja, entregó las contraseñas correspondientes, y recibió la credencial que lo habilitaba para compartir este evento junto a las amigas íntimos de la artista, sus colaboradoras, y lo más granado de la prensa especializada. A continuación, en exclusiva mundial, se comparte el breve discurso que, trémulo de emoción, leyó Felipe Cussen en esta noche tan especial, que representa el más alto honor al que ha podido acceder en su condición de poeta.
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¿De dónde salieron estas canciones? Eso fue lo primero que anoté tras escuchar Inmersión en una calurosa tarde de febrero, rodeado de cajas de mudanza. Me habían llamado mucho la atención los nuevos tonos, los nuevos afectos que comenzaba a escuchar, que se alejaban de la imagen empoderada y desafiante que lucía Javiera en Nocturna, y que abrían, como también apunté, una dimensión de ternura, incluso de fragilidad que resultaba, a la vez, como otra forma de atrevimiento: atreverse, por ejemplo, a comenzar un disco con una canción lenta, apenas acompañada por una guitarra, y confesar que es difícil “subir al cielo, teniendo tanto miedo al vuelo”.
Otros paisajes nacen en estas canciones, que mutan sin transición como en los sueños: puede ser una película de vampiros, después la selva, después una ciudad caminada de día, e incluso por momentos me imagino un western o una película de samuráis. Se escuchan también otros ecos, más retro, como si se colaran melodías de Burt Bacharach o Fleetwood Mac, dentro de las armonías siempre reconocibles de Javiera. E incluso, al comienzo de “Claro de luna”, se escucha una risa, que nos despierta.
El elemento primordial, sin embargo, es el agua, que aquí se ofrece como una inmersión material en el mar, entre peces y corales, y también en el interior, en el origen. En los lentos movimientos acuáticos se producen idas y venidas, bajadas y subidas, cercanías y distancias. El mejor ejemplo es “Mar de coral”, con la voz entrañable de Santiago Motorizado, que mi adorada Marcela nominó como “nuestra canción del verano”, y que estoy seguro que también será para todas aquí “nuestra canción del otoño”.

Creo que las recurrentes menciones acuáticas representan con mucha precisión un simbolismo profundo, como lo define Juan Eduardo Cirlot: “La inmersión en las aguas significa el retorno a lo preformal, con su doble sentido de muerte y disolución, pero también de renacimiento y nueva circulación, pues la inmersión multiplica el potencial de la vida”. Esto demuestra perfectamente que, como bien lo ha explicado más de alguna vez Javiera, una canción pop puede ser tan superficial como profunda, si entendemos, al igual que Vladimir Jankélévitch, que la música profunda es aquella que “acumula en sus notas (…) un número infinito de virtualidades”.
Esa infinita expansión es la que le otorga el valor a estas canciones o, mejor aún, a esta “poesía con melodía”, como entiende mi colega Javiera la poesía que necesitamos hoy. Pero ¿necesitamos aún la poesía, sirve para algo la poesía? Hace poco la poeta española María Salgado respondió que sí: la poesía nos salva de “la lengua muerta, la prosa estándar, (…) de la frustración, de la soledad en la angustia, de la muerte del secreto y el misterio, de la falta de riesgo y de deseo”, y concluía: “Para no servir aparentemente de nada, sale muy a cuenta la poesía, la verdad”.
¿Dónde nacen las canciones?, vuelvo a preguntarme una y otra vez. ¿Nacen en el vacío que sólo a veces conseguimos crear en nuestra mente? ¿De ese espacio intermedio en el que se intersectan este mundo y los otros mundos? ¿De aquella música de las esferas que intentamos calcular pero no somos capaces de escuchar? ¿Del azar? ¿De nuestros recuerdos? ¿De la memoria de nuestro cuerpo, de las huellas de las vibraciones de todas las canciones que hemos escuchado?
Tratemos de imaginarlo, mientras nos sumergimos por primera vez en este regalo infinitamente profundo que una vez más nos comparte Javiera.


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