El regreso de Mauricio Wacquez: la simbología del cartesiano apasionado

El regreso de Mauricio Wacquez: la simbología del cartesiano apasionado

De la mano de la Narrativa Completa, de Tajamar, y los Cuentos Completos, de Alfaguara, el reconocido escritor está de vuelta en librerías después de años de que sus libros eran difíciles de encontrar. Una obra anclada en el poder y la sexualidad marcaron su carrera, además de una interesante relación de amistad con Donoso.

Su biografía indica que falleció en septiembre del 2000 en su residencia de España, pero Mauricio Wacquez acaba de tener una nueva vida. Sus libros que solo hasta hace un mes eran muy difíciles de encontrar en alguna librería, ahora han vuelto a circular de la mano de los dos tomos de la Narrativa Completa, que publica Tajamar, y los Cuentos Completos, de Alfaguara. 

Los libros de Wacquez habían quedado fuera de circulación tras un conocido conflicto entre Tajamar —que se había hecho de los derechos— y la familia del autor, en lo que no ahondaremos. Ya superado el tema, y con el fin del contrato de edición de Tajamar, somos los lectores los grandes favorecidos con su vuelta a los escaparates.

Hijo de un enólogo francés, profesor de Filosofía, traductor al castellano de Jean Cocteau y de Gustave Flaubert, la obra de Wacquez tiene la exquisitez y fineza del mejor de los Petit Verdot, o de un Carginan. Su fuerte no es tanto la historia que cuenta, sino el lenguaje, el cómo lo cuenta. Son textos poéticos a ratos, que a veces resultan algo confusos, hay que volver una y otra vez a ellos para logar captar el sentido de lo que se propone el autor. Ello deriva en su naturaleza de culto, que sea un autor más del gusto del mundo literario (“un escritor para escritores”, suelen llamarlo) que de la mayoría de la gente. Aunque hay que reconocer que se lee mejor en la quietud del sofá que en el ajetreo del Metro.

En sus palabras —en una entrevista que le hizo Claudia Donoso para APSI— dijo: “No creo en las literaturas nacionales, así como creo que los géneros son inventos de los editores. Yo tiendo más hacia una lengua franca y me importa el respeto de unas pocas personas a las que yo también respeto. No tengo la sensación del fracaso. La obsesión por ganarse un premio no me asiste…los bestsellers no sirven sino para hacerte vivir espléndidamente (y envidio de todo corazón esas cuentas corrientes) pero ese tipo de literatura me aburre soberanamente. Mi chilenidad es de una especie muy crítica”.

La obra de Wacquez tiene dos grandes ejes: el poder y la sexualidad. Sus personajes son atormentados por deseos, impulsos, pero que no pueden cumplir. O por condiciones que no pueden cambiar. “Tengo la impresión de que el poder tiende al avasallamiento, tal como una célula tiende a comerse a otra célula. Me interesa la cabeza de los poderosos, la cabeza de la ambición, porque, para mantenerse, la cosa viva tiene que meterse en una estructura de poder, y ese es un hecho biológico que pasa por la violencia, por matar al otro”, dijo Wacquez en la citada charla.

Además, el deseo ocupa un lugar central: “Soy un hedonista innato, y la líbido es la emoción sexual que nos da impulso para poder vivir y traspasar la barrera de los estúpidos, de los demagogos, de los que tienen las armas y nos amenazan”, y seguía con algo parecido a una declaración: “Nada hay en el mundo que me pueda apartar de la prosecución del placer y me he dado permiso para todo: para creer en la Virgen amarrada en un trapito, para amar a quien quiera. He hecho y haré de todo, pero no creo que toda acción sea impune”.

Mi amigo José

Punto aparte fue su relación de amistad con José Donoso. Ambos vivieron en el pueblito de Calaceite, en España, y desarrollaron una literatura de interiores, de casas, donde los tormentos de los personajes van por dentro. Claro que son escritores muy diferentes. Distintas manos para unas mismas teclas. En sus Diarios Centrales, podemos ver cómo fue el vínculo de Wacquez con el hombre de El obsceno pájaro de la noche. En 1968, hizo una entrada que probablemente sean algunas de sus lecturas del año. Entre Faulkner, Proust o Perez Galdós, figura Toda la luz del mediodía, de Wacquez.

Escuchemos la voz de Donoso. El 23 de julio de 1973, escribió: “Mauricio Wacquez viene a comienzos de agosto, algo que no estoy muy seguro de contemplar con ojos demasiado contentos. Veremos”. El 23 de noviembre de ese msmo año, dijo: ¡Horror! Debo releer Paréntesis, de Mauricio Wacquez, para escribir ese maldito prólogo. Tiemblo. Me siento inseguro. Quiero demasiado a Mauricio para no hacerlo, y mi juicio verdadero, que me reservaré —París, al fin y al cabo, bien vale una misa, y Mauricio vale París como amigo—, puede ser, y espero que sea, porque es más bien negativo, equivocado. Veremos. Aquí tomaré algunas notas.

El 28 de febrero de 1974, escribió algo revelador: “Le tengo miedo a Mauricio Wacquez. Es loco. En cuestiones de dinero es completamente malo de la cabeza. Y en todo sentido, es la locura, el desequilibrio mismo. Gana 25.000 al mes. Este mes me debe 15.000 a mí, le ha llegado una cuenta de 5.000 de teléfono, tiene que pagar la casa: 5.000 más. Y fuera de eso, tiene que pagar coche, a plazos, piso en Barcelona que se está comprando; máquina de escribir, casa en Calaceite, etc”.

“Realmente está loco. Y creo que llegado el caso en que, este mes, yo lo apure, como el otro mes lo apuré, más que nada porque quiero que se termine este asunto de dinero entre él y yo (y si es posible, la casa también, que se liquide), esta extraña dependencia que tiene de mí (¿por qué tuvo que comprar exactamente del mismo papel de escribir —carísimo, por lo demás— que ocupo yo? ¿Por qué tuvo que comprar las últimas 500 hojas sabiendo que ya no lo fabricarán más, y que yo lo necesito? La relación es extraña, obsesionante, intensamente paranoica y destructiva de parte de él y le tengo miedo”. 

El 6 de octubre del 74, dijo: “Estuvo Mauricio Wacquez pasando el fin de semana con nosotros. Agradable. Anoche hablamos él y yo, hasta tarde: but no firewords. Algo está gastado en nuestra amistad”. Y poco después, en noviembre, anotó con dureza: “¿Mauricio Wacquez? Demasiado borracho, demasiado homosexual, y se alimenta de los fracasos de los otros —especialmente de los míos— como un buitre de carroña”.

Como vemos, una relación con claros y oscuros. Eso sí, Donoso le dedicó a Wacquez su novela El jardín de al lado (1981) y lo definió de una forma muy en su estilo: “El cartesiano apasionado, más, pasional e irracional, que adora los sistemas y el orden, pero no puede vivir dentro de ninguno”.

¿Qué sería de Mauricio Wacquez si estuviese vivo? Quizás estaría al frente de algún taller literario, seguro hubiese seguido escribiendo, e influyendo en los escritores de las generaciones posteriores a la suya. Seguro también es que hubiese seguido tocando los mismos temas, y a lo mejor se hubiera hecho un Instagram.

En los próximos meses, se esperan nuevas publicaciones de la obra de Wacquez, de la mano de Alfaguara y Ediciones UDP.

Narrativa completa (1963-1983)

Narrativa completa (1963-1983). Mauricio Wacquez. 2024, Tajamar Editores. 1450 páginas. Dónde comprar

Cuentos completos

Cuentos completos. Mauricio Wacquez. 2024, Alfaguara. 172 páginas. Dónde comprar




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