Tamara Tenenbaum: “A ratos tengo el sueño de que esta novela sea una película”

La escritora argentina habla de su novela La última actriz, un homenaje al teatro argentino con todas sus obsesiones: las mujeres, las relaciones de pareja, y la tensión entre tradición y modernidad.

Filósofa, narradora y guionista, Tamara Tenenbaum (1989) es la autora del famoso ensayo El fin del amor, querer y coger que va por su catorceava edición. La obra además tiene una serie en Amazon Prime en la que la autora participó ideando personajes para que calzaran con el cúmulo de ideas contra el amor romántico y sus trancas. Su más reciente novela, que la trajo a Chile estos días, se llama La última actriz. También la ha pensado como película. A pesar de que se arma a partir de correos electrónicos, un diario de vida y monólogos, es pura visualidad. 

Se trata de dos personajes que viven en épocas distintas. Sabrina acaba de terminar de estudiar artes e impulsada por su director de tesis y amante se embarca en una investigación sobre el fin del teatro judío en Argentina. Un diario de vida perteneciente a una actriz, aparecido entre papeles que se extraviaron con el atentado en la Amia en 1994, la iluminan y funciona como una apelación a sí misma y sus propias obsesiones. La vida de Jana relatada en las páginas de ese diario es una suerte de espejo de la suya, ambas están enamoradas del teatro, pero el teatro no las elige. Mientras Sabrina renuncia a ser actriz porque no sabe actuar y opta por investigar, Jana persevera en una compañía para ser elegida en algún papel sin conseguir más que un rol intrascendente. A su vez, Sabrina está enamorada de su profesor pero vive una relación compleja, en tanto Jana espera que algún día el director del teatro se fije en ella como mujer.

¿Cómo surge esta novela? Justo se cumplen 30 años del atentado de la Amia, ¿era algo que tenías pendiente?

Para nada. La empecé a pensar hace un par de años. Cuando me preguntan por el atentado siempre digo lo mismo, que no tengo nada que contar porque no me acuerdo, entonces cuando me ponen a hablar del tema me resulta muy incómodo. Hay una expectativa de que uno tenga algo que decir. Mi padre fue a pagar un entierro, la Amia era solo una oficina y yo tenía cinco años. Incluso sin haberlo vivido, por el hecho de haber estado en esa época hay personas que pueden elaborar un relato, yo no porque no me acuerdo de nada. Pero sí me gusta que esta novela es una vía de acceso al tema, un poco heterodoxa; cuando conocí esta historia de los papeles perdidos me pareció interesante, el misterio de las cosas que se pierden irremediablemente. En las fotos de esos días se puede ver que hubo mucha gente trabajando en rescatar papeles 

Las protagonistas tienen un vínculo complejo con el teatro y con los hombres también. Hay impotencia, ¿el teatro es una metáfora?

El teatro es una metáfora de la seducción. Es esta posición femenina de ser mirada, de tener que seducir, de tener que lograr mantener la atención de alguien, creo que eso me interesaba, esa pasión porque te miren. Y en la novela ese aspecto es muy complejo porque a veces las protagonistas quieren que las miren y a veces en realidad se confunden. Sabrina por ejemplo presta poca atención después de que obtuvo el amor y ya no le interesa tanto, y esa es un poco la trampa de la seducción. Una vez que sedujiste a quien tenías que seducir hay que pasar a otro objetivo.

¿Puede haber una cosa nostálgica de esa condición de fragilidad de la mujer del siglo pasado? Ambas protagonistas son inseguras, dependientes…

No la pienso como nostálgica, pero a ratos tengo el sueño de que esta novela sea una película y obvio que ahí si no puede no ser nostálgica porque ya más el mundo de Jana, de los años 50 o 60, todos queremos vivir ahí, te la imaginas a ella yéndose a comprar vestidos con la madre a la modista, y dices, qué belleza todo eso, ¿no? como que nos produce una nostalgia muy inevitable. Pero en el libro siento que a la vez no están muy idealizados los vínculos que ellas tienen con los hombres. Si lo piensas, ninguna de ellas vive un gran amor, ni Jana ni Sabrina que tiene un novio pero a ratos parece despreciar. A ratos pretende que es un idiota. No es una historia de amor del siglo XX, la gran historia de amor es la de ellas dos, Sabrina interesándose por Jana y luego Jana descubriendo que esta chica se dedicó a investigar su vida. Entiendo a lo que vas porque cuando me las imagino sí tengo una nostalgia de los vínculos del siglo XX que eran terribles pero a la vez son divertidos de contar. Contar la historia de Sabina enamorada de su profesor me divirtió un montón porque justamente me divierte un vínculo que parece de poder pero en realidad es re gris, de afuera miras y dices “qué hot el profesor con la alumna”, pero lo ves después en la vida real y es patético, eso me parece divertido. Por otra parte, me dan ganas de vivir un amor incondicional de dos personas que se respetan y hablan todo con honestidad pero no sé si me dan ganas de escribirlo la verdad me aburro un poco.

Tamara Tenenbaum

Más allá de lo aburrido, ¿es posible una relación tan transparente?

No porque el lenguaje no funciona así, incluso las parejas más honestas del mundo no pueden decírselo todo. Es una ficción entonces. Quizás hay que escribir la novela del siglo XXI.

En tu libro El fin del amor te lo planteas, salir de los estereotipos y escribir desde otra perspectiva más moderna, pero como que lo descartas. ¿Se hace difícil?

Es verdad que es un poco inimaginable, pero a la vez es como “bueno, habrá que imaginarlo”.

Hace poco participaste en una obra de teatro llamada El Dibuk, original de 1914, en que un espíritu se niega a abandonar el mundo y toma posesión de una novia, simbolizando el amor trágico. En La última actriz, la compañía de teatro de Jana prepara esa obra ¿pasaste de la ficción a la realidad?

Y sí. Es que El Dibuk, entre dos mundos, como se llama la obra me pareció increíble. Una novia que es poseída por un espíritu que se mueve entre mundos que pueden ser el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, pero también el mundo moderno y el mundo premoderno. El Dibuk habla de una sociedad en crisis, sobre vivir en el mundo moderno o en el premoderno, que es la historia de siempre, los hijos rebelándose contra los padres que quieren sostener tradiciones mientras que ellos lo que quieren es integrarse a la cultura en la que viven. Me pareció que ese tema seguía más vivo que nunca no solamente entre gente religiosa, y me pareció que era un buen momento para tratarlo porque es un tema que a la vez está en una crisis. No sé si sea una juventud que se quiera rebelar contra sus padres, no entiendo bien qué quieren hacer, un poco creo que estamos en una especie de fin de ciclo histórico. El siglo XX fue el de las juventudes secularizadoras, rebeladas pero eso se está terminando. Las juventudes son más conservadoras de lo que creemos. Están volviendo las radicalizaciones religiosas, están volviendo al conservadurismo moral, al conservadurismo político, estamos ante un fin de esa historia que cuenta el libro y eso me intrigaba.

Como el Dibuk, que no quiere ir al más allá…

La película de 1937, que está en Youtube, es lo más raro que he visto en mi vida. Es un espíritu errante y no tiene dónde ir, entonces se toma un cuerpo cualquiera, pero en realidad nunca es cualquiera sino el que le corresponde.

La última actriz

La última actriz. Tamara Tenenbaum. 2024, Seix Barral. 200 páginas. Dónde comprar




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