La clase en que Mark Fisher iba a hablar de Chile

Deseo postcapitalista: las últimas clases es la recopilación de su último curso de posgrado en la Universidad de Londres, en donde encontramos al escritor y filósofo punk a punto de mostrar nuevas formas de deseo fuera del capitalismo.

En el último posteo de su famoso blog K-punk, el crítico cultural Mark Fisher (1968-2017) había elaborado una playlist titulada: “No más mañanas de lunes deprimentes”. Este momento animado de su vida coincidía con el entusiasmo con que había iniciado un curso de posgrado en Goldsmiths, Universidad de Londres, y que quedó tristemente inconcluso tras las primeras cinco clases cuando uno de estos lunes, en diciembre de 2017, acabó suicidándose. Deseo postcapitalista: las últimas clases (Caja Negra Editora) es la ocasión para conocer los rasgos que hacían de Fisher una figura carismática idolatrada por quienes lo conocieron de cerca.

Así lo vemos excitado cuando los estudiantes daban en el punto, o alucinado con un texto “que nos pega bastante rápido” como uno que trata de la falta de conciencia de la burguesía, o muerto de risa cuando reconocía su falta de conocimientos en economía, o gozando con lo deslenguado de Lyotard en Economía libidinal, cuando habla del goce masoquista de los obreros que eligen trabajar cuando no es necesario, “escúpanme encima”, lee esta parte y contagia las carcajadas. O exhausto, pero siempre jocoso, por la dificultad de entender a teóricos que se creen más serios por escribir en difícil (Lukács).

Deseo postcapitalista es un suceso filosófico que se lee como una novela de intriga, con temas que a Fisher le “volaban la cabeza” y que iba exponiendo a modo de completar un mapa que indicaría a los jóvenes cierto camino que tenía que ver con la atención a la estética en la política, como sugiere brevemente. De ahí que su interrupción cobrase un cariz trágico e irreversible desde el punto de su aporte al conocimiento, y entonces el libro es también un drama con una verdadera caja negra que contiene la grabación de estas clases cargadas de herramientas para resolver muchas de sus preguntas.

A las sesiones aportan como personajes de novela sus alumnos quienes a pedido de Fisher las iniciaban con una síntesis de las lecturas propuestas la clase anterior, o alentados por su feedback positivo lo iban interrumpiendo para proponer interpretaciones. Sus aciertos, errores, inseguridades y escepticismos, todas estas formas eran bienvenidas.

Entre las canciones de su playlist “No más mañanas de lunes deprimentes”, que se encuentra en Spotify y en Youtube van “Jobseeker” de Sleaford Mods, “House in the Country” de The Kinks, o “Rat Race” de The Specials. Algunas son comentadas en sus clases como artefactos de contracultura y función política que terminarían mercantilizándose en decoración y discos de vinilo. Fisher estaba dispuesto a conformarse con que ocuparan este lugar nefasto siempre y cuando volviéramos a sentir su intensidad original por un mundo que transformar. Pero lo que no puede aceptarse, recalca, es la nostalgia, vehículo del capitalismo que paraliza: “Hemos llegado a amar nuestras pasiones y razones de izquierda (…) más de lo que amamos el mundo existente que queremos cambiar”, cita a Gibson Graham, en Una política poscapitalista. Los alumnos ponían esta música en sus reuniones que continuaron cada lunes tras su muerte para discutir entre ellos los temas que el profesor les marcó a fuego y ver si desentrañaban el hilo de Ariadna como dice uno de ellos en el prólogo.

Cómo Chile iluminaba el pensamiento postcapitalista de Fisher

En sus clases Fisher vuelve una y otra vez a la idea de que el surgimiento de la contracultura y los hippies fue el momento en que se estuvo más cerca de superar el capitalismo. Pero esta oportunidad se perdió irremediablemente y las razones no son muy nítidas si bien la séptima clase iba a poner el caso de Chile como el paradigma de esta debacle seguida tan de cerca por el neoliberalismo.

La clase se titulaba “La destrucción del socialismo democrático y los orígenes del neoliberalismo: el caso de Chile” y consistiría en el análisis de dos textos: “Estados de shock: el sangriento nacimiento de la contrarrevolución”, en La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre de Naomi Klein y otro de la chilena Eden Medina, “Cibernética y socialismo” en Revolucionarios cibernéticos. Tecnología y política en el Chile de Salvador Allende, Lom, 2013.

El primero habla de lo que habría pasado de triunfar la fusión de la contracultura y las ideas de izquierda con la ética antitrabajo de los Beatles: “Stay in bed/ float upstream” (quédate en cama/ flota contra la corriente) y su reemplazo por el abrupto triunfo del modelo neoliberal. En una de las clases nos da un adelanto: “…el caso de Chile era mucho más simple. En última instancia, allí hubo un golpe neoliberal lisa y llanamente. La CIA apoyó el golpe contra el gobierno de Allende, derrocándolo y convirtiendo a Chile en una suerte de laboratorio en que las políticas neoliberales podrían ser testeadas por primera vez”. Lo que le interesa del cuadro representado por Klein es que en Chile se dieron dos narrativas en conjunto: un entusiasmo y fervor por el izquierdismo antiautoritario y una curva agónica hacia la dominación neoliberal.

Por su parte, aunque no alcanza a introducirlo siquiera, el texto de Eden Medina se concentra en un proyecto de cibernética que se llevó a cabo durante el gobierno de Allende el cual generaba un socialismo más participativo y eficiente, una tentativa de control cibernético que permitiría gestionar la economía en tiempo real. Se trataba de un sistema para recolectar datos económicos de fábricas y otras entidades por medio del sistema de telex. ¿Cómo uniría a estas dos autoras? Este es el tipo de cosas que dejan a los huérfanos de Fisher llenos de interrogantes y un buen trecho que recorrer por sí mismos, donde las clases son solo el mapa de futuras exploraciones y para los lectores curiosos el propio tesoro.

Deseo postcapitalista

Deseo postcapitalista: las últimas clases. Mark Fisher. 2024, Caja Negra Editora. 272 páginas. Dónde comprar




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