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Nueve décadas de un plumífero cascarrabias

El Pato Donald, la contraparte de Mickey Mouse, llegó a la pantalla grande el 9 de junio de 1934, hace exactamente 90 años, de la mano del corto The Wise Little Hen. El autor se ensaya sus vínculos con Disney y Chile.

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En 1994 Michael Jordan había abandonado la NBA, luego del triplete de anillos que había conseguido con los Chicago Bulls (1991, 1992, 1993) el espigado escolta de la casaquilla 23 sentía que ya había hecho todo en el básquetbol y ya no le llamaba tanto la atención jugar ese deporte, por lo que lo cambió por el béisbol. Los encargados de la liga entraron en pánico; Jordan había sido en tándem con ESPN la base de la fama planetaria de la NBA y con urgencia deberían encontrar otra figura tutelar. Eligieron a dedo a Grant Hill. Dennis Rodman escribiría luego en su libro Bad as I Wanna Be (1997) unos párrafos lapidarios sobre esta decisión:

“La NBA decide quiénes serán los elegidos. Cuando Grant Hill salió de Duke, fue ungido inmediatamente. La máquina publicitaria estaba en marcha. Ya había ganado el premio al Novato del Año, ya había formado parte del equipo All-Star. La liga decidió lo que iba a ser incluso antes de que jugara un partido en la NBA. Grant Hill encajaba perfectamente con la imagen del hombre de la NBA. Venía de Duke, por lo que había estado expuesto a nivel nacional un millón de veces. Todo el mundo lo conocía. Todo el mundo lo amaba. Tenía la apariencia adecuada. Su padre, Calvin Hill, fue un gran jugador de fútbol profesional. Su madre era una importante abogada de Washington. Resultaba elocuente y vivía una vida limpia. Y en la cancha de baloncesto también resultaba llamativo con sus clavadas y anotaba muchos puntos. El jugador perfecto para la NBA; los directivos apenas podían creer su suerte. Yo pensé que esto era patético. La liga acaba de decidir que Grant Hill llegaría directamente a la cima; tenía los comerciales, los patrocinios, todo. Se decidió esto cuando Michael Jordan estaba jugando béisbol: Grant Hill sería el próximo dios del baloncesto. Luego resulta que llega Jason Kidd de los Dallas Mavericks, jugando como loco. Kidd era un gran jugador, pero no tenía el pedigrí perfecto de la NBA. Había tenido algunos problemas antes del draft, cuando supuestamente huyó de su auto después de sufrir un accidente en una autopista en Oakland, California. Era muy temprano en la mañana y venía de un club. Eso apareció en todos los periódicos, por lo que algunos equipos de la NBA se preguntaron si su personaje no era lo suficientemente bueno para la NBA. Dallas decidió que sí, y Kidd terminó haciendo más para ayudar a su equipo que Grant Hill”. Ese año 1995 la NBA tuvo que ceder el punto y darles el premio de Rookie del año ex aequo a ambos (Hill y Kidd).

Algo similar a lo de la NBA fue lo que sucedió con el Ratón Mickey, la figura de monitos animados de trazado sencillo con que Walt Disney había logrado expiar un pecado de infancia, cuando había matado a los siete a una lechuza, sin querer, en Marceline, Missouri (USA), lo que le habría impulsado a Walter Elías a imaginar todo un mundo de animales antropomorfizados que en los dibujos y la animación le granjearían su fama también global.

Mickey era simpático, querendón, perspicaz y noble: el yerno ideal; y Disney empezaba a sentir que sus propias obras requerían de un contraste, en alguna medida porque otros animadores y estudios como Leon Schlesinger y luego la Warner Brothers estaban creando su propio universo de monitos animados con un tenor más adulto en sus personalidades y con una resonancia mayor entre los espectadores de mayor edad. Walt entonces una tarde a inicios de la década de los treintas escuchó a Clarence Nash hacer una voz de pato cascarrabias y se dio cuenta de que ahí estaba lo que andaba buscando.

Y creó al Pato Donald, la contraparte de Mickey Mouse.

Donald debutó en la pantalla grande el 9 de junio de 1934 hace hoy exactamente 90 años en el corto, The Wise Little Hen y premunido de un temperamento rabioso, con una vida a merced de los dramas cotidianos, como una gotera que suena en la noche y quita el sueño se transformó de inmediato en el personaje favorito de los seguidores de las obras de Disney: porque no era perfecto, no el yerno ideal, sino que más bien, “un beso del infierno” como dice en una de sus canciones Joan Manuel Serrat.

Luego el mundo de Patolandia se poblaría de otros patos como su novia Daisy, sus sobrinos Hugo, Paco y Luis, y más tarde Tío Rico, Glad Consuerte o Giro Sintornillos, estos tres últimos obra de Carl Barks, el verdadero genio detrás de las aventuras plumíferas.

Donald y su prole y pandilla habitarán fundamentalmente en los cómics que llegarían a Chile primero por editorial Zig-Zag en los sesentas y luego por Pinsel (Publicaciones Infantiles Sociedad Editora Limitada) desde los setentas; donde estaría siempre emprendiendo desde sus escasos recursos económicos iniciativas y obsesiones que nunca llegarían a puerto, como la jardinería o hacerse seguidor del flipismo (la práctica de solucionar cualquier dilema lanzando una moneda al aire); recibiendo llamadas urgentes de su tío multimillonario, que hacían que su teléfono saltara rebotando al hacer ring; y finalmente resultando siempre derrotado por las circunstancias.

En suma, una persona, aunque ave, atormentada por la vida moderna como todas y todos nosotros.

En nuestro país Donald habría de tener un papel clave en nuestras propias historietas, toda vez que una película de 1942 en que él actuaba y que transcurría en Latinoamérica tendría una secuencia en que Chile era representado por el avioncito Pedrito que debía cruzar Los Andes y que fue odiado por las espectadoras y los espectadores nacionales de aquella época. Ello llevó a que René Rodolfo Ríos Boettiger, “Pepo”, creara la respuesta chilena a Donald, otro plumífero llamado Condorito. Y Ariel Dorfman y Armand Mattelart en 1972 analizarían al personaje con detalle en Para leer al Pato Donald.

Donald siempre perdía en sus peripecias y por ello en Italia en 1969 la editorial Mondadori creó un alter ego del pájaro de Disney, Patomás, un súper héroe que lograba finalmente desfacer los entuertos.

Este mes el Pato Donald cumple noventa años y es bueno recordar que mucho de lo que hoy somos como adultos le debe algo a sus historietas y a su personalidad de antihéroe irritable, pero al final con un enorme corazón.

Por Ricardo Martínez

Profesor universitario (UDP), lingüista y autor de Clásicos AM: una historia de la Balada Romántica Latinoamericana y de Indiepop: una historia.

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