Tiene el pelo largo, lentes gruesos y un cigarro en la mano derecha. Mira fijamente al cura y político español Lluís Maria Xirinacs, de quien solo vemos la silueta y especialmente sus manos. El fotógrafo Joan Carles Codolà retrata a un joven de chomba y chaqueta de gamuza forrada, pero más bien capta el magnetismo que genera Xirinacs en él, quien protestaba por la libertad de los presos políticos frente a la cárcel Modelo de Barcelona.
El retratado era el cura, pero, con el paso de las décadas, ese registro se convirtió en un rastro involuntario de Roberto Bolaño en 1977, su primer año en Barcelona después de casi una década en México. Esa foto también ilustra el afiche del documental Escribir no es normal, del periodista y realizador Tomás Achurra (Toque de queda, 2015), un perfil sobre el escritor chileno y su paso por Cataluña.
Por las escenas de Escribir no es normal pasan Alejandro Zambra, Edna Lieberman, Enric Ansesa, Jaime Rivera, Luna Miguel, Santi Serramitjana, Soledad Bianchi, Jorge Carrión y un puñado de entrevistados que componen un retrato coral que ante todo funciona como un fresco que refleja inspiraciones.
El documental que persigue a Bolaño en sus años en Castelldefels, Barcelona, Girona y Blanes se estrenó precisamente esta semana en el Blanes Costa Brava International Film. “Sólo el hecho de decir ‘yo lo estrené en la ciudad que Roberto Bolaño escogió pasar sus últimos años’, para mí ya es total”, comenta Achurra.

¿Cuánto tiempo estudiaste la figura de Bolaño antes de ponerte a filmar?
Estuve dos años completos trabajando en Roberto Bolaño, sin tener necesariamente la idea de hacer finalmente un documental. Yo me vine a Barcelona en mayo de 2021. Recién había estrenado Insurrección (2020), que hablaba del estallido social y, de alguna forma, me había prometido que iba a hacer otro documental. En mi primer año en Cataluña viví algunas malas experiencias como migrante. Cuando uno migra siempre lo pasa un poco mal. Entre el papeleo, te sientes un poco desplazado. Desde ahí comencé a interiorizarme en la figura de Bolaño, que está tan presente en el centro de Barcelona, en la Calle de Tallers. Luego fui a Blanes y me lo leí todo. Me pasé un año entero visitando lugares, haciendo scouting, hasta que de un momento a otro empecé a tomar la cámara y grabar.
¿Qué te atrajo de Bolaño en Cataluña para situar tu mirada en el documental? Tomando en cuenta que es una figura que, de cierta forma, se mueve por tantas partes.
Más que nada por acotarlo. Quería hacer un documental con mis posibilidades y que fuera real. Entonces, lo que me quedaba era explorar un poco acá. Ahí está Castelldefels, Barcelona, Blanes y Girona. Sabemos que Bolaño también es México y Chile, pero creo que esos son otros documentales aparte, es parecido a lo que ha hecho Ricardo House con La batalla futura (2016). Quería centrarme en Cataluña y retratar ciertas cosas que no habían sido reflejadas, entrarle a temas nuevos. Esa es la intención del documental, que tampoco sobresalga por lo que ya hay, sino que sea un material de consulta más en todo el universo que existe.
Háblame un poco de cómo fuiste mezclando la figura de Bolaño con tu experiencia como migrante en Barcelona.
Hay ciertos libros de Roberto Bolaño como El Tercer Reich (2010) o Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (1984) que están muy situados en Barcelona. A mí me marcó profundamente Consejos… porque hablaba mucho de Arenas y Sants, del barrio de Sants, y yo vivo muy cerca de ahí. Entonces, como que iba leyendo a Bolaño e iba descubriendo la ciudad, fue como una especie de guía. Luego leí El Tercer Reich y justo me fui el fin de semana a Blanes, conocí el hotel, la bahía, y creo que fueron esos momentos los que me gatillaron a filmar, porque estaba algo desmotivado por hacer un documental. Si me hubiese refugiado sólo en los libros se me habría hecho más difícil.
Hay varios documentales sobre Roberto Bolaño que han sido estrenados desde su muerte, ¿qué grietas o posibilidades viste en ellos para plantear la mirada de Escribir no es normal?
Creo que siempre fui muy sincero en que aquello que yo quería hacer era reflejar inspiraciones de Bolaño. Quería hacer un perfil. Recoger detalles muy mínimos, sobre sus conversaciones, su humor. Es un personaje súper rico. Se habla mucho de Bolaño como un personaje sectario, contestatario, algo anarquista. Contra todos. Pero busqué ciertas cosas que exploraran su ternura, amistades, escenas de pareja, que me parecieron que no estaban tratadas de la forma en que Escribir no es normal las trata.
Carolina López, viuda de Bolaño, demandó a Jordi Lloret y Darinka Guevara, directores del documental Estrella distante (2012) por mencionar a la última pareja del escritor, Carmen Pérez de Vega, lo que también afectó a la trilogía de La batalla futura. ¿Fue tema para ti al momento de filmar tomando en cuenta en que te centras en los años en Cataluña?
El legado de Roberto Bolaño compromete muchos problemas, por decirlo así. Eran temas en los que yo no me quería meter porque pienso que su figura es más que eso. Quise entrevistar a Carmen Pérez de Vega, pero debido a ese entuerto fue complicado. Me pasó lo mismo con el crítico literario Ignacio Echevarría. Hay un cierto atisbo en el documental, pero personalmente no me interesaba retratarlo, no por miedo, sino porque opaca completamente su trabajo.
Ricardo House, director de La batalla futura, es parte de Escribir no es normal, algo bastante atípico, porque habitualmente cuando hay una referencia anterior como que se suele escapar de ella. ¿Cómo se dio ese contacto? ¿Qué intercambio tuvieron?
Eso fue súper raro, porque uno cuando va a hacer un documental dice, bueno, “echémoslo a pelear” con los anteriores. Entonces, el primer contacto que tuve con él, cuando conseguí su teléfono, fue llamarlo. Le comenté que era complicado hablar de Bolaño. Y él me dijo un día, “ven, hablemos”. Tuvimos buena onda y tiempo después le expliqué que quería entrevistarlo. Quise hacer ese ejercicio de meta documental, entrevistar a otro documentalista que ya se metió en esto, traerlo como entrevistado.
Un poco extraño.
Es verdad, pero fue un ejercicio interesante también. Logró que los dos trabajos convivan. Un documentalista entrevistando a otro documentalista. Y él, de alguna forma, en el documental habla un poco por mí.

¿Cómo hiciste para ordenar el material amplio con el que trabajaste?
Fue un ejercicio bonito porque si te das cuenta hay una búsqueda de polifonía de voces, donde cada uno tiene su punto de vista. Hay algunos que coinciden, otros no tanto. Entonces, lo primero que hice fue armar una línea de tiempo desde 1977 hasta 2003. De ahí fui cortando, por temática, por locación. Engranando. Que se fueran un poco respondiendo o complementando.
¿Qué fue lo más te llamó la atención de lo que encontraste tirando de la madeja de Bolaño en Escribir no es normal?
Su afición por la música. Hay una playlist que su familia hizo para la exposición Archivo Bolaño. 1977- 2003 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, La música de Bolaño, que está en Spotify, con los temas que él escuchaba. Me gustó mucho descubrirlo desde esa perspectiva. Me habría gustado tener las licencias de esas canciones.
Pero el documental tiene harta música de todas formas, ¿cómo lo resolviste?
Quería jugar con la música. Tenemos al músico Miguel Alberte y trabajamos con sus canciones. Había que llevar al documental y a Bolaño a un lado más pop, que creo que ha sido muy poco explorado.
¿Cuál será tu relación personal con Roberto Bolaño después de tanto tiempo planeando sobre su persona y su literatura?
Es raro. Bolaño es alguien que define un periodo de mi vida y creo que va a ser de esos personajes que siempre van a estar ahí.

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