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La indigencia moral de Los parientes pobres de Rafael Gumucio

El autor es pura humildad: en esta nueva novela se desprende de sí en doce personas distintas, once hermanos y una sobrina veinteañera muy compleja que busca huir de este pasillo claustrofóbico que es Chile.

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En su última novela, un divertido drama titulado Los parientes pobres, Rafael Gumucio nos interna en la dinámica morbosa y corrosiva de una familia chilena de cuicos hippies en una conversación de Whatsapp. Al poco andar, el lector concibe dos alternativas: o alguno de los once hermanos se sale del grupo cansado de tanta intensidad y golpe de trapos sucios o todos se reencuentran en una feliz reunión familiar a punta de pisco sours bien cargados. Nada de lo cual ocurre.

Lo que enreda a la familia en un diálogo de sordos, o en esta torre de Babel que es esta conversación, es la noticia de que su padre se ha enamorado y tiene relaciones sexuales con su hermana, la tía Ester. Ambos viven en un asilo de ancianos y se atraen guiados por el olor que a esas alturas de su enfermedad es lo único que reconocen (no obstante los ha guiado siempre). El trasfondo es esta imbricación narcisista y hostigosa de los chilenos de clase alta que se casan entre parientes en los cuales se identifican. Pero hay un límite: los parientes pobres son siempre una vergüenza.

En el espacio digital del Whatsapp cada uno de los personajes irá mostrando su carácter, ventilando las caídas del otro, defendiendo a los afines o mostrando sus divergencias respecto del presente pero también del pasado que compartieron. Sin embargo el lugar central de la novela lo ocupa el padre. Un escultor que fue perdiendo su talento, “pudo ser el mejor de su generación, aunque terminó haciendo monolitos de carabineros y clubes de leones”. Y por lo mismo, para erigirse en figura mítica, solo le queda bajar la autoestima de sus hijos. En rigor es un egocéntrico capaz de entender solamente su propio lenguaje en desmedro de las necesidades de su prole.

Gumucio les da perspectiva a doce personajes demostrando dos cosas respecto de su escritura. Una, su destreza para penetrar psicológicamente en los más diversos tipos humanos. Y se permite largas conversaciones en que todos se interrumpen sin necesidad de nombrarlos y sin que esto genere en el lector un esfuerzo, (a esto uno lo teme al principio, luego se percibe un juego y un goce en este logro del autor, y el texto corre). Y lo segundo, su buen oído: es como un ventrílocuo que recoge modos del habla particulares sin que se note la suya. (O tal vez Gumucio sea uno de los hermanos, si lo pensamos bien sabremos cuál). Esto es lo que a menudo distingue a los grandes escritores: desaparecer detrás de sus personajes y el autor lo logra con pericia.

No obstante entre los hermanos hay tres que podríamos citar aquí para dar una idea: Adriana, la hermana pragmática, diligente, algo amargada y sin pelos en la lengua; Rubén, un insoportable reflejo del padre narcisista que para perpetuar la sensación de precariedad que éste les impuso, se encapricha con volver a pie de un país centroamericano donde se fue a vivir con su familia. Pero es un poeta relamido que agota y desespera con sus discursos de amor a la naturaleza y de la paz universal, que lógicamente no aceptan más cuestionamiento que la lata que les genera. Por último vale la pena destacar a Raimundo, el más subvalorado por el padre, porque en lugar de elegir una carrera humanista se decide por la ingeniería, pero puede que sea el más honesto. Tiene un mejor pasar, pero es pasado a llevar doblemente. La terrible historia es que Rubén le quita a su mujer y le desarman la vida con sus dos hijas; es interesante cómo lo enfrenta, hay un carácter fuerte.

La novela contiene distintos registros como el monólogo interior de Emilia, la hija de Raimundo, una estudiante de derecho a punto de dar el examen de grado, que mira toda la situación desde afuera pero también comprometida por su propia historia de abandono, con admiración a su padre y odio hacia su tío. Emilia tiene claustrofobia: “Huelo la noche en ese barrio de casas felices donde nadie es feliz. Y escucho el ruido de la casa acomodándose sobre sí misma, abrazando sus propios materiales, acomodándose sobre sus cimientos, justo antes de que sorprenda la mañana, más o menos en el mismo lugar en que la sorprendió la noche”. Pero a diferencia de su padre y sus tíos, cuenta con un instinto de sobrevivencia que la prepara para salir del infierno moral de deshonestidades y farsas que es Chile, así sea jugándose la vida para irse “a la cresta” como dice que hará cuando termine su carrera. También están los ejercicios del taller literario de Julia, otra de las hermanas que intenta recordar y armar el puzle del pasado, con las correcciones que le van haciendo sus compañeros que le permiten profundizar.

Los parientes pobres es un fresco de la familia chilena al estilo de Donoso. Pero Gumucio incorpora lo que le es tan propio, liviandad, ironía y el humor que lo caracterizan. Con este tono va desmenuzando fragmentos de vida, construyendo atmósferas y demostrando una deslumbrante sintonía fina con los personajes. Multiplicando el Milagro en Haití donde la voz es la de una mujer en sus sesenta, la inolvidable y desfachatada Carmen Pardo, esta novela puede que sea aún más entretenida, pero también posee una parte importante de densidad, donde con su estilo profuso forma verdaderas estructuras que contornean realidades muy propias de los chilenos en las que, es probable, no habíamos pensado o se apoya en figuras líricas con las que busca ecos que no son pocos. Por ejemplo, este párrafo, en que Emilia vuelve borracha en Uber a su casa y para pasar el mareo “abre la ventanilla para respirar las montañas y el río que es pura piedra ahora y las pocas ventanas iluminadas arriba en los edificios y mi cuerpo hundido que resucita y vuelve a hundirse, que a ras de las aguas del Mapocho mira la noche pasar por el asfalto negro como la aguja de los discos de vinilo que deja escapar una voz que te habla solo a ti”.

Los parientes pobres

Los parientes pobres. Rafael Gumucio. 2024, Random House. 248 páginas. Dónde comprar

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