El derecho de vivir en paz, Los Bunkers y una invocación a Víctor Jara en la noche de Ñuñoa

Una canción para denunciar al horror, se volvió un símbolo de paz, pero además marcó un puntal creativo en los inicios de los penquistas. En la noche del Nacional, la sorpresiva aparición de Víctor Jara, en espíritu y en voz aislada, fue un tributo a su ambición creativa y la chilenización del rock.

“La canción que les vamos a tocar ahora, está en nuestro primer disco y no la tocamos hace muchos, muchos años”, anunció Mauricio Durán. Es la fría noche del sábado 27 de abril, y Los Bunkers están tocando en el imponente escenario que montaron en el Estadio Nacional. Un concierto histórico por el hito, porque hace 23 años que una banda chilena no hacía algo así y la ocasión ameritaba algo especial.

Tras las palabras del músico, los penquistas se lanzaron con su versión de El derecho de vivir en paz, la canción que dio nombre al álbum que Víctor Jara lanzó en abril de 1971, durante la efervescencia de los primeros meses de la UP. 

Aquella es una grabación rupturista en el canon de Jara. A pesar del ritmo en 6/8 y la introducción de charango, tocada por Eduardo Gatti, se va sumergiendo poco a poco en el lenguaje del rock proporcionado por Los Blops. Cuelan rock ácido en una canción que exclama la atrocidad de la Guerra de Vietnam. Nada raro en el siempre inquieto Jara, que había visto de cerca la nueva juventud progresista en sus viajes a Europa y a California, cuando sonaban Jefferson Airplane, Caravan y los Stones.

Así, el oyente se va enredando entre las guitarras entretejidas de Gatti y Julio Villalobos, respondiéndose mutuamente; el teclado con sabor a organillero de Juan Contreras y el bajo eléctrico con pretensión de walking bass tocado por Juan Pablo Orrego. Todo más improvisado que preparado de antemano, un poco en el espíritu de la época.

Víctor Jara y Quilapayún. Foto: Archivo Histórico del Cedoc de Copesa

Hay una memorable foto que alguna vi en el archivo de Copesa; es Víctor Jara tocando con los Quilapayún, pero figuran todos sobrexpuestos y algo nebulosos, lo que le da un sorpresivo aire psicodélico a la imagen. Como si el fotógrafo hubiera visto la portada del The Piper at the Gates of Dawn. Eso era Jara, un aventurero de la creación. Él mismo lo dijo en otra canción; el hombre es un creador.

Ese espíritu es el que invocaron Los Bunkers. Bien podría decirse que El derecho de vivir en paz es una pieza que resume, en parte, la primera época de su carrera, a comienzos de los 2000. Afirmaba su interés por el rescate de un repertorio popular y de raíz, no exactamente folclórico, pero sí chilenizado. Es decir, esos cinco chicos penquistas vestidos de trajes y peinados al estilo mod, no solo se acogían a la ortodoxia de la invasión británica, también nos hacen ver que escucharon a Inti Illimani (y sacaban con precisión sus armonías vocales), aprendieron a tocar con los cancioneros de La Bicicleta y no temían en hacer suya esa chilenización del rock cercenada por el golpe cívico militar de 1973. Lo profundizaron años después en La culpa, pero ese fue un primer paso. Es un hilo que sigue hasta hoy con Calles de Talcahuano, de Noviembre, el disco del reencuentro con su historia y con el público. Por eso es coherente. Por eso no sonó forzado. Por eso tenía todo el sentido hacerlo en el Estadio Nacional.

Pero faltaba algo más. Estoy seguro que Los Bunkers vieron ese cruce que Paul McCartney logró hacer con la voz de John Lennon durante un concierto, en que aisló su voz para volver a cantar a dúo en I’ve got a feeling. Probablemente ese fue el punto que les lanzó el desafío: ¿se podría hacer acá? Como han contado en estos días a la prensa, se gestionó el permiso con la Fundación Víctor Jara para acceder al registro de la legendaria presentación del cantautor en Panamericana TV del Perú, la última vez que estuvo en pantalla antes de su horroroso asesinato en septiembre de 1973. Se aisló la voz, se sincronizó con la ejecución y se afinaron detalles. Solo lograron tocar junto a la voz de Jara apenas un par de semanas antes de los conciertos. Con eso bastó. Así, Víctor cantó con Los Bunkers desde algún lugar de la eternidad.

Los Bunkers en el memorial del Estadio Nacional. Foto: Pía Figueroa

Cuando Jara apareció en la pantalla, para sorpresa de los presentes en el Estadio, de alguna manera se sintió como un momento especial. Esos que comentas luego de acabado el concierto. El aplauso del respetable fue de agradecimiento y veneración ante un ejercicio que honró la audacia creativa del artista y el guiño a la historia de los penquistas. Un portal con el pasado. Un saludo a la eternidad.




One response to “El derecho de vivir en paz, Los Bunkers y una invocación a Víctor Jara en la noche de Ñuñoa”

  1. la introducción de aquel tema es con un tiple y lo toca Horacio Salinas…

Deja un comentario

Descubre más desde Barroquita

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo