I
Como cada noche, antes de iniciar la transmisión televisiva del Festival de Viña, los animadores María Luisa Godoy y el debutante Francisco “Pancho” Saavedra, salían a saludar al público en la Quinta Vergara. Un momento de distensión, en el papel, pero muy revelador. En la jornada inaugural, la del domingo 25, a Saavedra se le ve tenso y caminando casi tímido al lado de la conductora de TVN.
Pero a Saavedra la gente lo quiere. Su simpatía, su llamativa risa y el trabajado tono criollo de su programa Lugares que hablan, le han dado un nombre. La galería de la Quinta Vergara lo aleona gritando “panchitoo, panchito” y desde los palcos, recibe el apoyo de sus compipas, el comediante Pedro Ruminot (quien fue un protagonista en las sombras de la rutina de su esposa, Alison Mandel) y el actor Jorge Zabaleta. De hecho, durante otra noche, Zabaleta se anima. “¿Un asadito?” pregunta al Monstruo, cuando Saavedra le pasa el micrófono para calentar al público. “Un asaditoooo” ruge el respetable en referencia al spot televisivo que protagonizan ambos.
Y aunque los primeros días luce muy contenido, Saavedra se esfuerza por imponer su impronta, tribunera y popular. No era para menos. Fue un momento que preparó por meses; se hizo asesorar por la coach Claudia Berger, la fonoaudióloga, Bárbara Carvajal, y un otorrinolaringólogo. En un momento en que pudimos conversar, me contó que en su camarín en la Quinta Vergara mantuvo un altar con fotos de sus deudos y llevó consigo una medallita de primera comunión que le obsequiaron sus abuelos. Y aunque no se dijo, lo cierto es que le pidieron moderar su risa. La moderó tanto que apenas se escuchó en la Quinta Vergara. “No te escuché reírte”, le dijo un comediante durante una de las noches en Viña.
Como sea, durante los días, Saavedra ganó algo más de aplomo. Poco a poco se soltó y comenzó a aprovechar esos momentos previos. Una jornada clave fue la del jueves 29. Una suerte de noche chilena, que tenía como número estelar a Los Bunkers. La gente repletó la galería y la platea y a eso de las 21.00 horas, a una media hora del arranque, ya era difícil hacerse de un espacio. Las filas para entrar y para comprar alimentos (las papas fritas y los combos de hamburguesa y bebidas eran los favoritos) son notorias y marcan un contraste con la noche anterior, la del miércoles 28, que tuvo vacíos en la platea y que solo convocó más gente para el show de la brasileña Anitta.
II
Pero en la “noche chilena” la gente se siente a gusto. Cuando los animadores salen a saludar, se despachan una “ola” y hasta sale algún ceacheí. A Saavedra se le ve más suelto y por fin se ve algo más cercano a su versión televisiva.
El show de Los Bunkers, estuvo entre lo mejor de Viña 2024 (y marcó 29,3 puntos de rating promedio). La organización intentó un acercamiento en 2023, ante la bajada de Maná (también tantearon a Los Tres y Beto Cuevas), pero la proximidad de sus shows de regreso en el estadio Santa Laura lo frustró. Esta temporada concretaron el regreso y solo poco antes, en la conferencia de prensa, confirmaron que en la Quinta Vergara los acompañaría la cantautora Cancamusa en la batería. Como sea, el “Monstruo” esperó al grupo. Más con los invitados sorpresa, Illapu y el joven Kidd Voodoo, quien nació en 2001, el mismo año en que el grupo lanzó su primer álbum homónimo.
El día anterior me ofrecieron entrevistarlos. Lo concretamos en un salón del Sheraton Miramar al que se accede por una gran escalera. Los he entrevistado antes, así que me conocen. Me siento en la cabeza de una mesa en una sala de reuniones, con los hermanos López a un costado y los Durán al otro. Tienen personalidades muy marcadas, pero logran armonizar como cuando hacen voces en el escenario (a medio camino entre Inti Illimani y los Beatles). La conservación fluye, se turnan para responder, intercalan bromas y se les ve muy relajados. Les pregunto por el dato de la SCD que los tiene como la banda más tocada en las radios chilenas en 2023. No parecen marearse y señalan que el grupo siempre tuvo vocación pop. Querían ser escuchados y lo lograron con creces.
III
Ese mismo día tenía en agenda una entrevista con Luis Slimming. Lo había visto en su fulgurante aparición en Olmué y de inmediato me pareció que es un tipo talentoso. Un estudioso del humor, con la velocidad de Álvaro Salas y el desparpajo de Edo Caroe. En ese verano del 2023 logramos generar una entrevista que se leyó mucho y durante el año lo fui a ver en un show en el Distrito 04, un local muy piola de San Miguel donde se presenta habitualmente los lunes. También lo vimos en el Comedy, a una semana de Viña, en una noche en que también se presentó Álex Ortíz. Ahí mostró parte de su rutina y sacó merecidos aplausos entre los comensales que degustaban un Lucas Espinoza o un Pobre cabra, acompañado por un schop.
Pero a Viña, “Don Comedia” llegó muy tenso. El fantasma del traspié en Chile Chico lo persiguió. Por eso en la conferencia de prensa previa estuvo a la defensiva. La preocupación fue tal que al anunciarse su nombre el 27 de febrero, salieron algunas pifias desde el palco. Sin embargo, con una buena y trabajada rutina logró sacar adelante un momento que parecía complejo.
Tras su triunfo, gestionamos una charla. Luego de esperar mucho rato, finalmente llega cerca de las 18.00, acompañado por Ana, su esposa que menciona en su rutina. Nos movemos a un salón en el Sheraton, muy cerca del que ocupamos en la entrevista con Los Bunkers. Somos dos canales de TV, una radio y yo. Como los canales quieren aprovechar la luz natural que se cuela desde los grandes ventanales hacia el pasillo, Slimming se queda ahí. Entonces conversamos ahí mismo.
Tras el triunfo en Viña, Luis Slimming se ve mucho más suelto. Es un tipo grande, pero de sonrisa muy fácil. Respira y exuda humor. Admite que estuvo preocupado por la previa y sobre todo por el escenario adverso que Javiera Contador no logró revertir la noche anterior. Por eso tenía una batería de chistes de alta efectividad guardados ante un escenario adverso. También explica sus guiños a humoristas de antaño como Sandy y Hermógenes Conache. De hecho, detalla que el momento en que sintió que había logrado amansar al “Monstruo”, fue cuando soltó el chiste sobre Sandy y logró risas. Mientras conversamos pasan raudos Los Bunkers por el pasillo y miran a Slimming con una sonrisa cómplice.

Deja un comentario