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Los sueños pegajosos de Joan Didion

Apuntes de Una liturgia común, la historia de una tragedia personal y política que sucede en un imaginario estado centroamericano, publicada en 1977 por la fundamental autora estadounidense.

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La última semana de febrero se siente como un domingo generosamente largo, y este año se extiende con un fin de semana de marzo. Al mismo tiempo hay ansiedad, angustia y en algunos casos pánico de que algo desconocido y misterioso pueda venir como un huracán, a extraer inhumanamente nuestras fuerzas. No sin una incipiente ilusión, con la que vencemos los latidos acelerados, de que podremos hacerle frente. El aire caliente del mediodía se vuelve hostigoso, y las noches son claras y agradables anunciando que aún no ha llegado la hora agobiante de fundirse con el tumulto temprano de la mañana.

En mi casa faltan tres ampolletas de la lámpara del comedor, hay quejas de la penumbra, pero no me parece que sea el momento de arreglarlo. Sé que puede seguir esperando, como muchos otros temas, hasta marzo. Me dicen que no queda pan. No es verdad, tengo varios congelados, es cosa de prender el horno. Se los hago ver con orgullo por esta fenomenal previsión. No les parece. El supermercado está a solo unas cuadras, pero yo veo ir como desperdiciar el último tiempo de dejación. Hay un matrimonio los últimos días del mes en un chat fijado en el celular para que no se me olvide. Lo miro con rabia, se vive como un picoteo de pájaros en la nuca. Sé que quedaré mal no yendo, probablemente al menos por un tiempo pierda a una amiga, pero no dejaré que nada me quite febrero. Los platos que se acumulan en la cocina son lo único que no perdona.

Luego me doy cuenta de que este aire atomizado es por Joan Didion, porque leí consecutivamente Según venga el juego por segunda vez y la recién publicada Una liturgia común (1977). Se me impostaron sus personajes principales, una figura femenina que decepciona permanentemente a los demás y que se aísla. Empecé a responder a los requerimientos desde esa vereda, como quien no comprende el entorno, igual que sus dos heroínas, María, de la primera novela y Charlotte, de la segunda. Y me conformo con que nadie parece entenderme, porque si ellas vivían así… Y hasta he usado las elipsis de Didion que descolocan: salto de un tema a otro, es útil quedar como oligofrénica, y lo más absurdo, le copié la repetición de palabras. “Me parece que no es el momento de impulsar las cosas, impulsar es perderse, perderse en lo impersonal”, la frase se me ocurrió para eludir no sé qué. Fue chistoso al principio cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, de que inconscientemente repetía sus fórmulas, pero no tanto cuando vi que no era una opción, era un tic molesto.

El título Una liturgia común (2024, Random House), es decir una plegaria no religiosa, alude también a este ritmo sacro de la repetición como fórmula de penetrar. Para validar lo mismo que nos hace perdernos. Si la realidad huye, las palabras bastan. Como dice en su célebre ensayo “El álbum blanco”: “Nos contamos historias a nosotros mismos para poder vivir”, que viene en el título de la misma editorial Los que sueñan el sueño dorado. Más que por sus novelas, Joan Didion tiene un lugar en las letras por sus ensayos, originales y filosos retratos de la cultura y la contracultura norteamericana, que escribe como parte de sus experiencias personales con gran difusión. Luego aparecieron dos libros de ensayo de trágicas vivencias personales que ocurrieron en un lapso de dos años: la muerte de su marido en El año del pensamiento mágico (2007) y de su hija, en Noches azules (2011). Y entre medio cinco novelas, entre ellas Río revuelto (1963), Según venga el juego (1970) y Una liturgia común (1977). En total son veinte libros.

Didion (1934- 2021) consideraba que las novelas y los ensayos eran dos géneros diametralmente opuestos: “Escribir novelas es como adentrarse en una noche larga y oscura. El ensayo es luminoso, su escritura tiene lugar a pleno sol”. No lo diría tras los trágicos eventos que dieron origen a sus últimos trabajos, sin embargo la cita calza para la novela Según venga el juego, la historia de una actriz de segunda que no encuentra su lugar en el mundo y que sufre un tortuoso aborto de un hijo no querido.

Y también calza para Una liturgia común que transcurre en Boca Grande, una imaginaria república en Centroamérica, donde los aviones pasan para repostar pero no se quedan. Las protagonistas son dos norteamericanas que casualmente llegan ahí. No sabemos con claridad cómo se conocen y en el espacio de la novela conversan muy poco. Grace Strasser-Mendana es la narradora omnisciente de Charlotte Douglas, y Charlotte, una californiana que busca a su hija Marin que a los 18 años se ha unido a la revolución marxista. Se dice que detonó una bomba de fabricación casera y secuestró un avión junto a cuatro guerrilleros, en tanto su voz circula en una cinta repitiendo: “El que nuestra organización tenga un carácter revolucionario se debe sobre todo a que todas nuestras actividades se definen como revolucionarias”, en esta frase vacía se siente el desprecio que Didion demostró a lo largo de su vida por todos los fanatismos y las ideologías.

“Víctor no sabía por qué Charlotte estaba en ese aeropuerto, pero yo sí”, dice Grace. Nos cuenta que es la viuda del hombre más poderoso de Boca Grande, cuya familia se reparte el poder, aunque es ella quien controla el 59,8 por ciento de la riqueza del país. Grace es una antropóloga decepcionada que deriva en la biología agradecida de que en esta disciplina no exista el concepto de “personalidad” y que todo pueda ser analizado con claridad como una estructura molecular. No obstante se propone ser el testigo de Charlotte, y explica que solo hablará de sí misma para dar legitimidad a su voz: “Nos sentimos incómodos con una historia hasta que no sabemos quién es el narrador. En ningún otro aspecto importa en lo más mínimo quién soy ‘yo’”.

La comprensión de Charlotte, de todos modos, se le escapa. “Hay tres o cuatro cosas que sé de Charlotte. Como hija de clase media en la zona templada del planeta, siempre ha recibido, como algo normal, sábanas limpias, ortodoncia, chuletas de cordero, abuelos vivos, padrinos atentos, un hermano llamado Dickie, clases de ballet, información informal y oportuna sobre la menstruación y el cuidado de la cubertería de plata, así como un angelito austriaco de madera tallada en la mesilla que escuchara sus oraciones. En esas oraciones la niña Charlotte pedía rutinariamente que ‘todo’ saliera bien; aunque aquel ‘todo’ era exhaustivo y nada específico”. O más íntimamente la describe con este otro párrafo que no nos permite conocerla tanto mejor: “Algunas mujeres aceptan con demasiada facilidad las consecuencias de sus propias acciones. Se casan o dejan de casarse con imperturbabilidad. Se divorcian o no se divorcian. Pueden salir de la cama y olvidarla. Duermen sin soñar, se levantan y hacen huevos revueltos. Charlotte, no. Charlotte, jamás”.

Lo que sí queda bastante claro es que el miedo mueve la vida de Charlotte, de ahí su convicción de no mirar al pasado y también su falta de reflexión. Es por esto que pasa sus días en el aeropuerto leyendo la misma revista sin entender una sola palabra, esperando no ir a ninguna parte. Hay algo en las protagonistas de Didion que terminan en no lugares, María de Según venga el juego, se descoloca en un desierto cerca de Las Vegas.

Didion tomó la imagen del aeropuerto de su paso por el de Panamá como anota en “Por qué escribo”: “Solo he estado en ese aeropuerto una vez, en un avión rumbo a Bogotá que paró durante una hora para repostar, pero la imagen que ofrecía esa mañana permaneció sobreimpresionada sobre todo lo que vendría después hasta el día en que acabé Una liturgia común. Viví en ese aeropuerto durante varios años. Todavía siento el aire caliente cuando bajo del avión, veo el calor elevándose de la pista ya a las seis de la mañana. Siento la falda húmeda y arrugada en mis piernas”. 

Más que nada en lo que Charlotte no quiere pensar es en su ex marido Warren a quien abandonó sin aviso. Su pareja en Boca Grande es Leonard, pero Warren vuelve a buscarla anunciando su muerte y ella se rinde, dejemos que lo diga Grace reflejando el estilo sarcástico y elíptico de Didion: “Esto es lo que sucedió: ella abandonó a un hombre, abandonó a otro, viajó de nuevo con el primero, lo dejó morir solo, la historia le arrebató a una hija…”

Una liturgia común es una novela melodramática, Charlotte pierde a su hija, luego pierde a otra al poco tiempo de nacer, pierde a su exmarido, a su marido y finalmente pierde su vida por una mala elección. Las claves de Didion son la atmósfera de espacios vacíos, emociones reprimidas y que el lector se manifieste descifrando, completando. Leer a Didion no admite flojera, tal vez sea oportuno dejarla para marzo.

Una liturgia común

Ficha: Una liturgia común. Joan Didion. 2024, Random House. 256 páginas. Dónde comprar

Por Joyce Ventura

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