Un auténtico ensayo —dice Cynthia Ozick, la ilustre novelista y ensayista estadounidense— raramente tiene un uso educativo, polémico o sociopolítico; es el movimiento de una mente libre en juego. La versatilidad de su compatriota Phillip Lopate (nacido en 1943, profesor recientemente retirado de la Universidad de Columbia) se ha manifestado tanto en poemas como en novelas, pero él es mayormente conocido por dejar su mente en libertad para todo tipo de movimientos a través justamente de una serie de ensayos. Son escritos “personales” sobre una diversidad de temas que van desde Susan Sontag o el divorcio hasta la historia de la línea costera de Manhattan o incluso su propio cuerpo.
El agregado de “personal” quedó ligado a sus elucubraciones cuando menos desde la edición que él hizo de una antología de escritos de este tipo realizados por otros, The Art of the Personal Essay (1994). Los de Lopate pueden ser extremadamente personales. Por ejemplo, en su recopilación de escritos sobre cine, Totalmente, tiernamente, trágicamente, reúne breves reseñas de películas, estudios de la carrera de un director, informes de festivales de cine, consideraciones detalladas de una película concreta. Pero en una de esas notas, menciona, como al pasar, un momento depresivo en su vida, con intento suicida incluido. En otro de sus libros, Mostrar y decir, recopila escritos sobre sus “secretos” al escribir, una especie de guía para los autores de no ficción.
Como es de suponer Lopate no considera al ensayo personal un subproducto deforme de la literatura seria: “Como traté de mostrar en mi antología The Art of the Personal Essay, los ensayos personales tienen una larga y noble historia y pertenecen al canon literario, sin lugar a dudas”, señala. En Mostrar y decir, en todo caso, aconseja al practicante que se haga de muchos amigos porque al escribir “se está condenado a perder algunos» y, por la misma razón, “tratar de provenir de una familia grande».
Los ensayos personales encierran algunos peligros, entonces.
Son una forma complicada de llevar adelante. Crees que va a ser fácil porque tienes la experiencia ya hecha de la cual extraerlo, pero luego está el problema de saber qué dejar de lado, darle forma artísticamente y escribir sobre ti mismo y sobre los demás con desapego y compasión. Cada vez que escribes sobre personas cercanas o queridas, estás tomando un gran riesgo de ofenderlas o que algo salga mal. El tono adecuado se vuelve esencial.
¿En qué tipo de tradición se ve usted como ensayista?
Me veo como un ensayista directamente en la línea de Montaigne, Hazlitt, Lamb, Stevenson, Orwell, Woolf, Baldwin… Pero también me considero un ironista y a menudo un humorista lo que me vincula a Max Beerbohm y a la tradición de ficción en primera persona de Italo Svevo y Machado de Assis.
Totalmente, tiernamente, trágicamente empieza con la confesión de siempre haber tenido locura por las películas. ¿La mantiene?
Sigo teniendo locura por las películas. Por ejemplo, hace un tiempo vi varias comedias de Dino Risi en una retrospectiva de su obra, más la película de terror Black Sunday de Mario Bava, además de Yearning de Naruse y Maxim Gorki Trilogy de Donskoi, intercaladas entre producciones entonces recientes, como La La Land, Jackie, Twentieth Century Women y Silence. Mi apetito cinematográfico se mantiene firme porque siempre estoy mezclando las películas viejas con otras más nuevas.
Pero a diferencia de otros asiduos, usted descubrió el cine a través de un libro…
Todavía leo mucho sobre películas. Por ejemplo, acabo de terminar una extraordinaria biografía de Eric Rohmer. Lo que el libro al que alude, el de Arthur Knight, me dio, fue un canon, una lista, en un tiempo en que el número de obras maestras era todavía lo suficientemente corto como para que un joven pudiera esperar verlas todas.
En Mostrar y decir señala que se considera tanto un profesor como un escritor
La enseñanza continúa comprometiéndome: me gustan mis estudiantes y siento afecto por ellos y también curiosidad por cómo les irá —más aún, tal vez, porque he llegado a una edad avanzada, en la que ya no me siento en competencia con ellos, sino más como un padre o abuelo.
Allí también, contra la idea de «mostrar, no decir», insta a sumar a la experiencia, ideas y argumentos.
Quiero que mis estudiantes puedan reflexionar sobre la página, no sólo dramatizar a través de la escena y el diálogo. Quisiera que desarrollaran una voz flexible, agradable pero también intelectual.
Pero, al parecer, no le gusta teorizar demasiado.
No tengo nada en contra de la teoría, y he leído bastante, de la misma manera que podría leer poesía abstrusa, tomando lo que pueda de ella e ignorando el resto. Pero no me siento atraído por la jerga académica y no soy bueno escribiendo un texto cargado de teoría, así que me quedo con mi manera más conversacional.
¿Cree inseparables escribir y vivir?
No sé si la escritura y la vida son inseparables, pero para mí, escribir es una manera sensata de atravesar la vida. Me mantiene aparte de los problemas.

Ficha: Totalmente, tiernamente, trágicamente. Phillip Lopate. 2016, Ediciones UDP. 424 páginas. Comprar

Ficha: Mostrar y decir. Phillip Lopate. 2017, Editorial Alba. 272 páginas. Comprar

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