Consideremos lo siguiente: toda canción, independiente de su género y duración, contiene dentro de sí un fantasma que la asedia. Nuestro inagotable Armando Uribe encontró, a su manera, el fantasma dentro del poema: a través de una operación que podríamos caracterizar de criptografía especulativa, el reordenamiento sintáctico o anagramático de los versos de un poema podría servirnos para encontrar allí lo que el poeta dice involuntariamente; el inconsciente del poema.
La histeria pentecostal y el satanic panic, cazadores de demonios inexistentes, asomaron breve aunque sin éxito sus narices al fantasma: quisieron encontrar, en cintas puestas en reversa, mensajes diabólicos, insinuaciones explícitas de las cortes de ángeles caídos, y así. Pero los propósitos del fantasma son modestos: mover un par de muebles en casa, correr un florero. El miedo lo añaden los alaracos.
Pensé esto a propósito del hallazgo de una versión slowed de una canción de Justin Timberlake. Parecido al chopped and screw que descubrieran unos raperos adictos al jarabe con codeína, acá la operación es similar, sencilla: bajar el pitch de la pista y agregar una leve reverberación. El single absolutamente pop y oreja, digno de la circulación de MTV que tuvo en su momento, queda transformada en una canción completamente otra: las cadencias lentas y la espacialidad que agrega el reverb la hace sonar como una pista para escuchar en un vehículo que recorre un paisaje posindustrial. Pop desacelerado, anhedónico, encontrado al interior de un hit producido por una multinacional.
En Internet abundan esta clase de ejercicios. Uno de mis favoritos fue hecho con una canción de Moby. El chico de Youtube además agregó un video que nos pasea por las orillas de lo que parece un barrio industrial de algún lugar de Europa del Este:
Y un favorito de la casa: los reguetones espectrales de Kelman Duran.
Su ejercicio, por cierto, es un poco más complejo: Duran agrega algunas percusiones electrónicas, cortes y elipsis que reorganizan la canción por completo, aunque todo gira en torno al mismo procedimiento: bajar el pitch de la pista, agregarle capas de eco, reverberación artificial del sonido en las fábricas abandonadas de un futuro holográfico.
Y algo así como un bonus track: el disco de Chipmunks on 16 speed.
Los fantasmas bailan felices por la casa, liberados, por fin, del yugo de la velocidad:

Deja un comentario