Eco en el Cañón: en busca del “sonido California”

Jakob Dylan y Andrew Slater celebraron el medio siglo del sonido que definió a la contracultura de California con un gran show. Su ambición los llevó a reunir a los protagonistas para un documental, y grabar un álbum con los himnos de esa generación. Lo llamaron Echo in the canyon y esta es su historia.

Influenciados por la invasión de los Beatles y movidos —tal vez sin darse cuenta— por ser parte de un distópico “mundo feliz” en el que todos eran amigos y se visitaban sin avisar —mientras componían éxito tras éxito—, un grupo de músicos se asentó en un boscoso barrio californiano para dar talle y detalle a un nuevo género musical.

Nacía el folk rock. Y un reciente documental aparecido a la par de un álbum de nuevas versiones rescata el eco de esos pioneros, donde se cuentan nombres capitales como The Beach Boys, The Byrds, Mamas and the Papas y Neil Young.

Orgullo y prejuicio

Buena parte de la obra de Joan Baez y Bob Dylan, dos próceres de la canción americana, da cuenta del significado del folk: acaso un vehículo para expresar el descontento con lo establecido y, en particular, contra la guerra de Vietnam.

Seguido por activistas de izquierda y universitarios progresistas, a comienzos de los años 60 el folk estadounidense era visto como un género comprometido y profundo; en contraste con el rock y el pop que sus seguidores despreciaban y ubicaban en las antípodas del movimiento.

Vendría la llamada “invasión británica”, encabezada por los Beatles en febrero de 1964, que acabaría por difuminar esos prejuicios y abrazar una nueva etiqueta musical como consecuencia.

Una respuesta eficaz

Rueda Echo in the canyon (2018) por la señal de HBO Max. “¿Listos para ir a los 60?”, pregunta Jakob Dylan frente a miles de personas en el escenario del Orpheum Theater de Los Ángeles. La escena ocurre en 2015, cuando el llamado “sonido California” celebra medio siglo de vida.

Por entonces, el hijo menor de Bob Dylan se reunió con el expresidente de Capitol Records, Andrew Slater para tributar a esa generación dorada de la música popular a través de un concierto, que luego derivó en un documental y posterior registro en disco.

Andrew Slater y Jakob Dylan.

Slater y Dylan —que encabeza los tres proyectos— trazan el origen del folk rock en Mr. Tambourine Man (Columbia Records, 1965), el disco debut de The Byrds y acaso “la-primera-respuesta-estadounidense-eficaz” ante la dominación cultural de los Beatles y la invasión británica.

“Cuando esas piezas sonaron en la radio en 1965, fue la primera vez que tuvo éxito una canción con excelencia y profundidad poética”, dice el exdirectivo de la disquera, “y cambió el estilo de una generación de compositores que vinieron a California y se asentaron en Laurel Canyon”.

Una idea disparada por los Beatles

“¿Por qué lo hicimos?”, se pregunta Jakob Dylan en los primeros ensayos que dieron forma al show tributo. Sentado a la par de Regina Spektor, Cat Power y Beck Hansen, en una escena del documental Echo in the Canyon el cantante de los Wallflowers transparenta intenciones sin disfraz.

Según Dylan todo comenzó con la película Model Shop, una historia filmada en Hollywood Hills por el director francés Jacques Demy: “Nos recordó la música de los 60 y decidimos grabar un disco de canciones de los 60. Y nos dio curiosidad saber por qué vinieron hasta acá”.

“¿Quién vino primero?”, lo interrumpe Regina Spektor, sentada a su lado frente a una mesa llena de long plays de Pete Seeger y copias de Rubber Soul (Parlophone, 1965) y Pet Sounds (Capitol Records, 1966); “¿Fue gente de la Costa Este o algunos que comenzaron independientemente?”.

“Los Beach Boys estaban aquí”, acusa Dylan, “los Byrds vinieron primero y los demás los siguieron”.

“¿Cómo se formaron los Byrds?”, ataca Spektor y ahora es Beck el encargado de responder que todo “comenzó inocentemente”, cuando los Beatles se presentaron en el programa de Ed Sullivan.

Regina Spektor, Jakob Dylan, Beck y Cat Power.

En la película, Roger McGuinn de los Byrds recuerda el momento exacto en que el folk rock tomó forma en su cabeza. “Aparecieron los Beatles y oí esto en la radio —suena I Wanna Hold Your Hand y luego It Won’t Be Wrong—. Usaban acordes de la música folk. Y me dio la idea de tocar una canción folk vieja con el ritmo de los Beatles”.

Así se forjó la cruza entre rocanrol y música folk, resistida en un comienzo por el circuito de bares y clubes, pero que, finalmente, sería el gran logro de los Byrds.

Coincide con McGuinn el músico Jackson Browne: “Todos los grupos conocidos tenían ese ‘sonido California’, pero ninguno sonaba como los Byrds”.

¿Qué hacía especiales a los californianos? “La guitarra de doce cuerdas es espectacular, fue un gran momento en la música rock”, opina el fallecido Tom Petty filmado en la que curiosamente sería su última entrevista.

Según el hombre que formó parte de los Traveling Wilburys, “fueron dos cosas que chocaron en una gran ola y crearon un género musical rápidamente”, a partir de Love Me Do y “tomarse en serio” el rocanrol, “porque nadie lo tomaba en serio antes de eso”.

En lo musical, los Byrds dieron el “toque Beatles” a su sonido con la ayuda de las guitarras Rickenbacker de 12 cuerdas, pero no fue el único aporte del grupo.

“Por primera vez poníamos buena poesía en las emisoras de radio, cuando no había nada de eso”, advierte el guitarrista y cantante David Crosby.

“Entre canciones románticas que decían ‘Te quiero, nena’”, compara el también fundador de los Byrds, “pusimos: ‘Bailar bajo el cielo de diamantes/ con una mano ondeando al viento’ (como reza la letra de Mr. Tambourine Man). Eso lo cambió todo”.

La guitarra Rickenbacker de 12 cuerdas.

Relajados, excéntricos, soñadores

Avanza Echo in the Canyon mientras suena Wild Mountain Thyme de los Byrds y lo que vemos a vuelo de dron, con ese canto que anuncia la llegada del verano, son las laderas de un boscoso vecindario en California.

“Lo llamaron Laurel Canyon porque allí vivían muchos músicos”, advierte Browne en una de las primeras postales del documental. Según el hombre tras éxitos como Take It Easy de los Eagles, los músicos llegaron desde Inglaterra y todo Estados Unidos, “quizá porque las discográficas estaban en Los Ángeles” y porque Laurel Canyon “era la antítesis del mundo plástico y formal que veías en la televisión”.

“Estabas cerca del Sunset Strip (donde estaba el mítico Whisky a Go Go), pero te sentías en el campo”, complementa Lou Adler, propietario del famoso Roxy Theatre y productor del alabado Tapestry, obra cumbre de Carole King cuya carátula —a cargo del fotógrafo Jim McCrary— la retrata en su hogar de Laurel Canyon.

“Se sentía diferente y era hermoso”, describe el vecino más cercano de Brian Wilson de los Beach Boys y Roger McGuinn de los Byrds.

La película avanza con la conducción de Jakob Dylan y los valiosos testimonios de una generación de músicos de folk rock nacidos en los años cuarenta.

“Creo que fui el primero que se mudó para allá”, dice soberbio David Crosby, fundador de The Byrds y Crosby, Stills and Nash.

“Había camaradería entre los grupos; conocimos a Brian Wilson, los Beach Boys y vinieron los Mamas and Papas”, agrega su compañero de banda Roger McGuinn.

Michelle Phillips, voz de The Mamas & the Papas, detalla que “en Laurel Canyon se reunían los bohemios. Había muchas casas pequeñas y encantadoras; fue una época muy alegre”.

“Me encantaba porque me gusta la excentricidad”, dice el guitarrista Eric Clapton, “atraía a los excéntricos y todos estaban allí”.

“Todos estaban componiendo y lo hacían juntos”, cuenta la cantante de los Mamas & the Papas, “ibas a las otras casas con tu guitarra, nos sentábamos a tocar y aparecían los éxitos”.

“No te llamaban; tocaban a la puerta y te decían que escucharas algo”, confiesa Graham Nash, integrante de The Hollies y Crosby, Stills and Nash, “era un ambiente increíble para un músico porque era saludable, muy directo, muy creativo y era… como me sentía”.

“Había mucha música fabulosa flotando en el ambiente y muchos fragmentos que te penetraban”, sugiere Stephen Stills, miembro de Buffalo Springfield y Crosby, Stills, Nash and Young.

“Todos los soñadores venían aquí”, dice Tom Petty sobre aquella California soleada y relajada donde la marihuana era barata, la apertura sexual ya era un hecho consumado y los vecinos estrellas de fama mundial: Jim Morrison, Joni Mitchell, The Eagles, Carole King, Frank Zappa, Fleetwood Mac o el actor Tom Mix.

Los vecinos de Laurel Canyon.

El documental muestra a una generación de veinteañeros que idolatraba a los Beatles, con el respeto de alguien que ha cambiado las reglas del juego, y que vieron con orgullo cómo una de sus mayores cumbres —el disco Sgt. Pepper— era consecuencia de Pet Sounds, de los Beach Boys, trabajo de un vecino del barrio, el mismo que había dejado de girar con su banda para concentrarse en componer la que sería su obra maestra.

“Compuse un tema con Brian Wilson”

Roger McGuinn cuenta que una tarde en Laurel Canyon, el líder de los Beach Boys apareció en su casa sin anunciarse. “Nunca había venido. Me preguntó si tenía anfetaminas, fui al baño y le traje dos bifetaminas de 20. Él quería dos”, recuerda.

Luego sigue: “Eran las cuatro de la tarde. Comenzamos a tocar una canción. Seguimos tocando y tocando hasta que oscureció y fui a acostarme”.

Cuando el músico de los Byrds se levantó ocho horas después, “Brian seguía en el piano, tocando el mismo tema muy rápido”.

Era Ding Dang, que aparecería en su disco Love You (1977). “Siempre que Brian me ve, me señala y dice Ding Dang”, cuenta McGuinn.

“Sentías que podías hacer cualquier cosa y que nada podía detenerte”, sintetiza el productor Lou Adler sobre esa camaradería presente en Laurel Canyon, “fue parecido a lo que pasó con las estrellas de cine en los 40, con ese estilo de vida que en cierta forma imitamos”.

“Hay algo con los espíritus libres, con la falta de reglas y la falta de cosas previas que te retenían…”, sugiere David Crosby sobre el ambiente en el vecindario, “la gente se encontraba en ciertos lugares, había química e inspiraban esa química a su alrededor”.

“Lo comparo con Viena a principios del siglo XX, con esos arquitectos, pintores y fabricantes de muebles, todos tomando mucho café mientras hablan sobre su trabajo; o París en los 30, con Gertrude Stein y todos los artistas que se reunieron”, coteja el británico Graham Nash, de The Hollies y Crosby, Stills and Nash, “creo que esta época será tratada igual por los historiadores dentro de doscientos años”.

“Charles Manson arruinó la escena musical de Los Ángeles”

Apenas un lustro después de la llegada de los primeros músicos al barrio californiano, ese mundo feliz cambió para siempre. 

La muerte de Robert Kennedy y el hastío por la guerra de Vietnam opacaron la atmósfera, pero fue el violento crimen de Sharon Tate, ocurrido a solo veinte minutos de Laurel Canyon, a manos de la secta de Charles Manson, lo que modificaría el panorama por completo.

“Antes de 1969, mis recuerdos no son más que diversión, excitación, llegar a lo más alto de las listas de éxitos y amar cada minuto de ello”, dice Michelle Phillips de los Mamas & The Papas.

Luego, cierra: “Los asesinatos de Manson arruinaron la escena musical de Los Ángeles; ese fue el clavo en el ataúd de la libertad”.




Deja un comentario

Descubre más desde Barroquita

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo