Mi imperio romano es hablar de libros, canciones y películas. Y las historias que los forjaron y sus autores —que seguimos con entusiasmo o vamos descubriendo con asombro.
Pero el consistente cierre de revistas y secciones de cultura, acaso el hábitat natural, ha transformado esos espacios en una especie de incómodos animales en extinción.
Con diagnóstico reservado aunque predecible, hay indicios para creer que pronto —alerta de spoiler— serán apenas un montón de buenos recuerdos de otra era.
Espero estar profundamente equivocado.
Por ahora, antes de que nos vengan a apagar la luz, ha llegado el momento de recoger el guante.

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