El Yacht Rock y el Quiet Storm

Capítulo de adelanto de Goofy Songs: el estilo invisible, nuevo libro en proceso del escritor y académico, Ricardo Martínez-Gamboa, autor de Clásicos AM e Indiepop: una historia, relacionado -involuntariamente- a Yacht Rock: A Dockumentary.

Charlene cantaba hacia 1982, “Ooh, I’ve been to Nice and the Isle of Greece/ When I sipped champagne on a yacht”, mientras que Christopher Cross un par años antes, en 1979, rezaba, “Sailing/ Takes me away to where I’ve always heard it could be/ Just a dream and the wind to carry me/ Soon I will be free”. Daryl Dragon, el capitán del dúo Captain & Tenille, solía vestir con una gorra marina y poleras del mismo tono. Había muchas cruising songs —ese género que Bob Stanley acometió en su libro, Yeah! Yeah! Yeah! como aquel que se escuchaba al desplazarse en algún medio de transporte por la ciudad, el país, el mundo—, que hablaban de navegación y de yates en las Goofy Songs, al punto que ese tipo de canciones llegaron a constituir un género en sí mismo.

Canciones que solían sonar, por ejemplo, en la radio Infinita en Santiago de Chile en los ochenta —o hoy en la radio El Conquistador— a eso de las 3:00 AM. Uno las escuchaba en su Walkman con sintonizador de radio, o en la radio a pilas que ponía al lado de la almohada y con esos sones y hasta que se acabara la pila se quedaba dormido: era una música suavecita, como de cortina musical de programa estelar de la TV, sin mayores pretensiones que solo eso, acompañar el solaz, una música que nos parecía aburrida, pero hipnótica y que no trataba de nada de lo que en la temprana o media adolescencia nos llamaba la atención y configuraba nuestra identidad. No había aquí los arrestos energéticos y furiosos ni del punk, ni del metal. Tampoco la virtuosidad composicional del rock progresivo, ni la instrumentación sintetizada que hacía saltar a la pista de baile en el EVE, la discoteca de moda en aquellos días en Vitacura dos cuadras antes de llegar subiendo hacia la Clínica Alemana: una música que, como he señalado en el capítulo central de este libro, venía tanto del muzak, como del easy listening, como del AOR.

Pero que se hacía llamar, música de yates. 

Yacht Rock.

El Yacht Rock no fue, sin embargo, un rótulo que se le haya dado a este subgénero en su día —aproximadamente entre 1976/77 y 1984—, sino que mucho más tardíamente cuando J. D. Ryznar, Hunter D. Stair y Lane Farnham entre 2005 y 2010 perpetraron la webserie homónima en que sigue los pasos de los creadores de la música smooth (smooth jazz, R&B, smooth rock) tales como Michael McDonald o Kenny Loggins o John Oates, así como su impacto en la costa californiana donde la clase alta, millonarios de diversas características, abordan sus yates escuchando estos sones y libando, tal como Charlene, champaña u otros brebajes, mientras observan el sol bajar hacia el horizonte.

El Yacht Rock incluía, amén de los intérpretes mencionados en el mockumentary o en los primeros párrafos de este capítulo, a los mismos Doobie Brothers, que contaban entre sus filas al propio Michael McDonald —que luego volvería a catapultar su fama de cantautor con el inmarcesible tema On My Own con Patti LaBelle en 1986— o Steely Dan. De hecho, Greg Prato y Fred Armisen en su libro inevitable, The Yacht Rock Book: The Oral History of the Soft, Smooth Sounds of the 70s and 80s, mencionan a Steely Dan, a los Doobie Brothers, así como a los Eagles y a Fleetwood Mac como “Los Cuatro Fantásticos” del estilo.

Y más, Maggie Serota en 2020, para Mental Floss, anota:

“La era del Yacht Rock comenzó aproximadamente alrededor de 1976, cuando el pilar del Yacht Rock, Kenny Loggins, se separó de su compañero compositor Jim Messina para emprender su propio negocio. Ese mismo año, su compañero Michael McDonald, pilar del Yacht Rock, se unió a The Doobie Brothers. Los dos titanes del género unieron fuerzas cuando Loggins coescribió el éxito definitivo del estilo, What a Fool Believes, con McDonald para los Doobies. Colaboraron varias veces durante esta era, lo cual era normal con una escena musical tan incestuosa que estaba compuesta en gran medida por amigos tocando en los álbumes de los demás”.

El Rock de Yates no sólo hablaba del solaz de viajar en embarcaciones de vela disfrutando de la brisa marina, Summer Breeze – Seals and Crofts, ni solo de beber relajándose, Escape (The Pina Colada song) – Rupert Holmes (que fue el último número 1 del Billboard a fines de los setentas), sino que de otros temas inofensivos como el amor y la paz que facilita el poder abanicarse con billetes de cien dólares —aunque esto nunca de manera muy explícita— tomando el sol en el Sur de California, o contemplar la bahía, Lights – Journey. De este modo muchas bandas del también llamado Arena Rock, como los mencionados Journey, pero también Toto, Kansas o Boston, serían parte lateral del conjunto.

¿Otros actos del Yacht Rock?

Ambrosia, America, Stephen Bishop, Eric Carmen, Chicago, Dr. Hook, England Dan & John Ford Coley, Foreigner, Al Jarreau, Orleans, REO Speedwagon o Supertramp.

¿Características?

Elementos de smooth soul, smooth jazz, R&B, funk, rock y disco. Nunca un solo de guitarra. Baterías donde predomina el hit-hat, y sobre todo pianos que hacen secuencias cromáticas sencillas.

Por cierto que más allá de lo inofensivo de esta expresión musical, de lo que un día Gustavo Santaolalla denominó, “Rock Corporativo”, habría en el paquete sorpresas en exceso sofisticadas en su composición, a menudo también y esto es clave, con una orquestación hasta cierto punto lush. ¿Ejemplos de obras maestras que desbordan los límites del Yacht Rock? Grover Washington Jr. con Bill Withers, Just The Two of Us (cuya base sería recuperada por los chilenos de Tiro De Gracia con El Juego Verdadero) que ganó un Grammy, o On Broadway interpretada en los setentas por George Benson, aunque tiene una primera versión por The Drifters en los sesentas y es creación de Barry Mann y Cynthia Weil con la colaboración del tándem Leiber-Stoller (dupla esencial del pop de todos los tiempos y autores, entre muchas otras, de Hound Dog, Fools Fall in Love, Jailhouse Rock —y demasiadas canciones de Elvis— o Stand By Me).

El que estos dos últimos temas hayan sido acometidos por afrodescendientes vinculados al smooth jazz (donde se agregan Chuck Mangione o Al Jarreau) abre otro flanco, que es el género del Quiet Storm.

El Quiet Storm era la respuesta Goofy baladística de la comunidad afrodescendiente a las Goofy Songs baladísticas blancas, y se promovió fundamentalmente por la radio, al igual que la Infinita o la Horizonte o la Novísima o la Manquehue —algunas de ellas programadas por el mayor experto en los géneros que aborda este libro: Julián García Reyes—, en especial una: la WHUR-FM, de Melvin Lindsey, en la Universidad Howard de Washington D. C.

En el Quiet Storm, que tenía vasos comunicantes con el Yacht Rock, se incluye a estrellas como Peabo Bryson, Roberta Flack, James Ingram, el segundo Michael Jackson y obviamente Quincy Jones, Minnie Riperton, Tavares, Dionne Warwick, los ya citados Grover Washington Jr. y Bill Withers o Stevie Wonder.

Sin embargo, los orígenes del Quiet Storm provienen de otro lado. Se remontan a la época de la lucha por los Derechos Civiles y encuentran su bautismo en la canción del mismo nombre de Smokey Robinson, que es uno de los productores así como intérprete esenciales de la historia del pop, realizando muchísimos avances en los modos de grabación en los sesentas y ejerciendo como vicepresidente de Motown y que en Chile recordado por el tema central de la cinta Pelotón, Tracks of My Tears.

Así, ambos estilos relacionados con una clase adulta, urbana, educada, que o bien había prosperado o bien estaba en camino de hacerlo, empezaron a desplegarse junto con el arribo en la segunda mitad de los setentas con el hedonismo intrínseco en el Primer Mundo de aquel par de lustros que van de 1976/77 a 1984 y se puede asociar al Jet-Set, ya mencionado en un capítulo anterior y sobre el que se profundizará en un capítulo posterior. De la misma manera esa idea hedonista bañada en alcohol en modo de cóctel se prolongará en cuestiones como Café del Mar en Ibiza, los sunsets en las playas de la Zona Central Costa de Chile, el degustar tragos como el Moscow Mule, el Aperol Spritz o el Cynar Julep, y también incluso la piscola, como esas que se toma la pareja de instagramers @piscoleandoelmediterraneo mientras también en su propio yate probablemente bordean las costas sudeuropeas escuchando What a Fool Beleives.




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