* Por Peter Aronoff
John Sellars expone claramente sus objetivos al comienzo del prefacio. Se dirige a su público como “los neófitos en el tema” y su propósito es “presentar algunas de las preocupaciones filosóficas centrales de los filósofos helenísticos… con un ojo puesto en los asuntos que siguen suscitando hoy en día el interés de los filósofos”. Sellars escribe con claridad y de forma atractiva, y abarca una amplia gama de temas y escuelas filosóficas. Además, generalmente evita dos peligros que acechan a todos los libros introductorios: Sellars no simplifica el material hasta el punto de que resulte anodino, y no abruma a los principiantes con demasiados detalles ni demasiadas salvedades. En suma, Sellars logra los objetivos que se ha fijado.
Este nuevo volumen se compara muy bien con introducciones similares. Debido a que Sellars cubre sólo la filosofía helenística, analiza con mucho más detalle este período que Classical Thought (OUP, 1989) de Terence Irwin, Una brevísima introducción a la filosofía antigua (OUP, 2000; Océano, 2013) de Julia Annas, Ancient Philosophy (Routledge, 2012) de Christopher Shield o Ancient Philosophy (Oneworld, 2016) de William Prior. Por otro lado, las dos principales introducciones a la filosofía helenística son relativamente antiguas. La filosofía helenística de A. A. Long fue publicada (por Duckworth) en 1974 (Revista de Occidente, 1977)[1] y Estoicos, epicúreos y escépticos de R. W. Sharples en 1996 (UNAM, 2009). Sellars capitaliza la investigación realizada desde esos dos libros, y también incluye más discusión que Long o Sharples de los aristotélicos y cínicos helenísticos. Philosophy in the Hellenistic and Roman Worlds (OUP, 2018) de Peter Adamson es una introducción contemporánea sobre muchos de los mismos temas, pero Sellars y Adamson se complementan en gran medida, en lugar de competir por los mismos lectores. Adamson ofrece capítulos breves y fiables sobre temas específicos, y hace un uso mucho mayor del humor —a menudo con juegos de palabras— y de referencias a la cultura popular. Sellars adopta un tono más sobrio y el material está organizado de forma más estimulante. Por lo tanto, Adamson es ideal para estudiantes jóvenes y lectores que se inician por completo en la filosofía, mientras que Sellars es ideal para estudiantes mayores, estudiantes de posgrado, filósofos que se inician en el pensamiento helenístico o académicos de otros campos.
El libro consta de una breve introducción, nueve capítulos principales y varios suplementos útiles. El primer capítulo presenta el mundo y las figuras principales de la filosofía helenística. A continuación, Sellars profundiza en los temas filosóficos que considera más importantes para los intereses contemporáneos: el conocimiento, la naturaleza, el yo, el bien, el libre albedrío, la finitud y la comunidad. Concluye el texto principal considerando la afirmación de que la filosofía helenística fue particularmente terapéutica y añade un apéndice que analiza las posibles conexiones entre la filosofía helenística, el budismo antiguo y la filosofía india[2].
El libro tiene muchas fortalezas. Como mencioné anteriormente, Sellars incluye un análisis significativo de escuelas distintas a los epicúreos, los escépticos y los estoicos, ofreciendo así un cuadro más rico de la gama de los puntos de vista helenísticos y sus interrelaciones. Organiza los capítulos en torno a temas más que a escuelas, y los temas que emplea son mucho más innovadores y deberían resultar mucho más atractivos para los lectores contemporáneos que el viejo y usual trío de lógica, física y ética. Los capítulos sobre la naturaleza y el yo establecen conexiones especialmente interesantes entre diferentes aspectos de la filosofía helenística. Finalmente, como experto en filosofía estoica, Sellars es especialmente perspicaz y generoso al analizar las perspectivas estoicas. Por ejemplo, Sellars guía cuidadosamente a los principiantes a través de las dificultades y sutilezas de la explicación estoica del bien, e ilumina la ética estoica temprana comparándola con las perspectivas de los cínicos y los aristotélicos.
También creo que el libro tiene algunos defectos. En primer lugar, Sellars insiste en una definición estrecha de lo “helenístico” tomada de la historia, según la cual la filosofía helenística termina alrededor del 30 a.C[3]. Como resultado, Sellars ignora en gran medida a los estoicos posteriores como Epicteto y Séneca y, peor aún, no incluye el pirronismo de Sexto Empírico en el capítulo sobre el conocimiento. Esto es una lástima, ya que estos autores tardíos fueron pensadores desafiantes y muy influyentes en escuelas de pensamiento reconociblemente helenísticas[4]. En segundo lugar, Sellars no siempre tiene éxito en su innovadora organización. El capítulo 7 es, desgraciadamente, una bolsa sorpresa de ideas débilmente unidas por la palabra “finitud”[5]. Finalmente, Sellars no siempre es tan preciso o generoso con respecto a los epicúreos o escépticos como lo es con respecto a los estoicos. Por ejemplo, según Sellars, Teodosio argumentó que “dado que Pirrón no creía literalmente en nada, era imposible convertirse en un pirrónico en lo tocante a la doctrina”[6]. El texto (Diógenes Laercio 9.70) no respalda esta afirmación. En cambio, Teodosio argumenta que no deberíamos llamar al escepticismo “pirrónico” porque si no podemos saber lo que piensa otra persona, no sabremos lo que piensa Pirrón. Este parece ser un argumento escéptico muy temprano contra el conocimiento de otras mentes en general[7], y Teodosio no dice ni implica que Pirrón no creyera en nada. Este breve y oscuro testimonio no respalda una afirmación tan controvertida. Como segundo ejemplo, Sellars no se molesta mucho en defender a los epicúreos contra la perenne acusación de ateísmo y su discusión de la teología epicúrea es, en el mejor de los casos, poco generosa. Como último ejemplo, Sellars ilustra las perspectivas estoicas comparándolas frecuentemente con las de los cínicos o aristotélicos, pero menciona a los cirenaicos sobre el placer sólo de reojo. Los cirenaicos ofrecen un estilo de hedonismo mucho más intuitivo que los epicúreos, y posiblemente fueron los únicos antieudemonistas serios en la Antigüedad. Por lo tanto, si Sellars hubiera discutido sobre los cirenaicos con más profundidad, habría proporcionado a los lectores una mejor comprensión del hedonismo epicúreo, algo poco usual incluso en su propio contexto cultural, y habría arrojado luz sobre un aspecto muy excepcional de la ética antigua[8].
Aunque he enumerado varios defectos o desacuerdos menores, repito que Sellars ha escrito una excelente introducción a la filosofía helenística. Sin duda, la utilizaré en mi labor docente y la recomiendo muy fuertemente a otros profesores[9].
Artículo aparecido originalmente en Bryn Mawr Classical Review 19.07.2019. Se traduce con autorización de su autor. Traducción: Patricio Tapia
[1] Existe una segunda edición de 1984, pero Long solo añadió una posdata bibliográfica de doce páginas. El texto principal se mantiene inalterado respecto a la primera edición.
[2] Además de este apéndice, Sellars completa el libro con una cronología, una guía tipo glosario de filósofos helenísticos, una guía de lecturas adicionales, una bibliografía, un índice de pasajes y un índice general.
[3] Para profesores o lectores que busquen una visión más completa de la filosofía posaristotélica en la Antigüedad, recomiendo Philosophy in the Hellenistic and Roman Worlds (Oxford: Oxford University Press, 2018), de Peter Adamson, quien incluye la filosofía pagana en el Imperio romano, así como la filosofía cristiana hasta Boecio. Adamson justifica su subtítulo, “una historia de la filosofía sin lagunas”.
[4] Sellars, en el capítulo final del libro, viola su propia regla al incluir a Sexto en la discusión de la filosofía como terapia. Ciertamente, Sexto merece atención en este contexto, pero me hubiera gustado que Sellars hubiera hecho una excepción similar en el capítulo sobre el conocimiento.
[5] Los temas, en orden, son los siguientes: Cleantes sobre el destino, la preparación estoica para los males futuros, los epicúreos sobre la muerte, los escépticos académicos sobre los límites del conocimiento y los aristotélicos o peripatéticos sobre los límites de la autosuficiencia. Aun después de leer el capítulo, no me convence que exista unidad alguna.
[6] A Sellars le gusta tanto esta historia que la ofrece dos veces en distintas páginas del libro.
[7] No hay mucha discusión sobre Teodosio o este argumento en la literatura, pero Sellars debería haber citado los dos excelentes artículos de Voula Tsouna: “Doubts about Other Minds and the Science of Physiognomics”, Classical Quarterly 48 (1998), 175-86, y “Remarks about Other Minds in Greek Philosophy”, Phronesis 43 (1998), 245-63.
[8] Para los cirenaicos como antieudemonistas y las posibles conexiones filosóficas entre su hedonismo y antieudemonismo, ver T. Irwin, “Aristippus Against Happiness”, Monist 74 (1991), 55-82.
[9] Sólo noté un error significativo. En p. 53 Sellars convierte el segundo silogismo indemostrable estoico (a saber, modus tollens: si p, entonces q; no q; por lo tanto, no p) en la falacia de negar el antecedente cuando escribe: “Si lo primero, entonces lo segundo; no lo primero; por lo tanto, no lo segundo”.

“Filosofía helenística”. John Sellars. (Trad. P. Hermida). Editorial Paidós, Barcelona, 2026, 370 pp.
* Peter Aronoff enseña estudios clásicos en Trinity School de Nueva York desde el año 2012. Colabora con frecuencia en Bryn Mawr Classical Review.

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