In memoriam: Roger Corman (1926-2024)

Ha muerto a los 98 años Roger Corman, productor, actor y director de cine estadounidense. Se propone en este texto una semblanza del autor de películas de bajo presupuesto.

Uno. Cuando se presentó hace algunos años la película Sharknado, un mockbuster —o sea una cinta que parece que es de alto presupuesto, “blockbuster”, pero en realidad ha sido realizada con el vuelto del pan, de ahí el mock, como los mockumentaries o los mocktails— una crítica del New York Times dijo algo extraordinario —cito de memoria—: “la verdadera naturaleza de la Serie B no es el bajo presupuesto, sino los agujeros de guion”. Roger Corman era especialista en eso, en su libro, Como filmé decenas de films sin gastar un peso, indicaba que, “si en el guion dice que los personajes van a París y no tienes plata para filmar eso, consíguete una camioneta y que hagan un viaje a Longaví”. Esa es la esencia de la Serie B.

Dos. Así como cuando uno revisaba los sheets de los discos de vinilo de la balada romántica, descubría que Luis Gómez Escolar estaba detrás de todo, como narro en Clásicos AM (Planeta, 2019), cuando uno iba a los videoclubs —tanto los de Errol’s como los de barrio, que estaban en la segunda mitad de los ochenta casi en cada esquina— y revisaba el detalle de los directores, productores, asesores, en las carátulas traseras de los VHS, el nombre de Roger Corman aparecía una y otra vez. No sé hoy si eso era porque sus películas y las películas que produjo eran más baratas de conseguir por los dueños de los videoclubs o porque en realidad hizo muchas cosas. Pero cosas como Suburbia, la rebelión de los punk llevaban su sello.

Tres. Roger Corman fue Edgar Alan Poe. Él resultó ser quien nos mostró —vía la tele de trasnoche, vía los mismos VHS de videoclub— La caída de la casa Usher, El entierro prematuro o El Cuervo; cuando muchas y muchos leímos a Edgar Alan Poe un par de años más tarde y entrando ya en la adolescencia, dicha lectura estaba tamizada por los escenarios de Corman —que, fiel a su hacer películas con el vuelto del pan, reutilizaba otros escenarios, creo que a menudo grabando en los estudios por la noche—, por la figura de Vincent Price y por esa estética cuasi-camp/gótica, en fin, por algo que tenía tanto de terror como de una comedia involuntaria. Y que, si bien no era fiel a la escritura cerebral de Poe, si era fiel en su acercamiento disléxico a la realidad.

Cuatro. A Corman lo abandonamos en algún momento, cuando ya más viejos sentíamos que lo nuestro era el cine arte del Normandie. Y esto solo para descubrir, leyendo nuevamente las carátulas traseras de los VHS, que muchos de los genios del cine de autor de los setentas e incluso de los ochentas, habían partido bajo las instrucciones de don Roger: Francis Ford Coppola – Battle Beyond the Sun; Martin Scorsese – Boxcar Bertha; Jonathan Demme – Angels Hard as They Come; amén de Joe Dante o James Cameron, que de algún modo nunca abandonaron del todo la escuela cormaniana.

Cinco. Hay una foto extraordinaria en que aparecen como si fueran los Beatles, los cuatro señores que nos enseñaron lo que era el terror a quienes fuimos hijos de la TV e hijos adoptivos del VHS: Vincent Price, Peter Cushing, Christopher Lee y John Carradine. Siempre he sentido que en esa foto falta “el quinto Beatle”… Roger Corman. Porque gran parte de lo que fue la segunda mitad del siglo XX en el cine y en la cultura pop les debe algo más grande que lo que se puede explicar en un texto escrito en caliente.

Seis. Siempre que alguien me ha preguntado cuál es el mejor Frankenstein en el cine, si el de la Universal o el de la Hammer o el de Kenneth Branagh, yo siempre contesto que el de ¡Roger Corman!: Frankenstein Unbound, basado en el texto del mismo nombre de Brian Aldiss. Ello porque en esta película un científico del presente a 1990, interpretado por John Hurt vuelve en una máquina del tiempo a Suiza y se encuentra con el monstruo de Frankenstein, con su creadora, Mary Shelley y en un enfrentamiento final con “la creatura” regresa al presente solo para descubrir que el mundo ha acabado como efecto de su propia creación. Que él es el científico Frankenstein del siglo XX.

Vincent Price, Peter Cushing, Christopher Lee y John Carradine.

Final. Roger Corman fue en el cine quizá lo mismo y mucho antes, lo que fue Steve Albini para la música, un tipo que hizo todo, que dio todo, que trazó una moral y una estética de las que bebió todo el cine posterior a él en el mundo anglosajón, pero si se me permite, también en Italia o España o Latinoamérica; siempre bajo la idea de que hacer cine era más maña que fuerza y dinero, era, en fin, el resultado de la voluntad y la falta de vergüenza.




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