El origen del fuzz: una piedra angular en la historia del rock

Un accidente en un estudio de grabación se convirtió en un punto cúlmine para lo que sería la creación del mítico efecto. A partir de ahí, sus variantes posteriores se posicionaron como una arista altamente influyente en el mundo de la música.

Es uno de los efectos más incomprendidos, pero también, uno de los más adorados. Y la variedad de sonidos que se pueden conseguir con sus distintas variantes se ha convertido, para muchos, en una obsesión. Sobre todo en la comunidad de guitarristas.

Independiente de si eres un fanático del blues, del rock psicodélico, del grunge, del shoegaze u otros géneros musicales, es altamente probable que —habiéndolo notado o no— hayas disfrutado de las bondades que ofrecen los diferentes tipos de fuzz.

Aquello no es de sorprender. Tanto en el estudio como en el escenario, este efecto se ha posicionado como una herramienta —para algunos, indispensable— que puede producir desde tonos cálidos hasta otros más punzantes, afilados, gordos y descontrolados.

Por supuesto, dependiendo de cuál y cómo se ocupe.

En este sentido, uno de los exponentes más recordados por su uso de este efecto es Jimi Hendrix.

Presentaciones como la del festival de Woodstock (1969) o el álbum en vivo Band of Gypsys (1970) son una muestra de lo que el aclamado guitarrista estadounidense podía lograr con sus pedales de fuzz. 

Más específicamente, con ejemplares como el Arbiter Fuzz Face y el Roger Mayer Octavia/o, que fue grabado por primera vez en el solo de Purple Haze, en febrero de 1967.

Posteriormente, guitarristas influenciados por Hendrix, tales como Stevie Ray Vaughan, también incorporaron la esencia de dichos efectos como un componente clave en su sonido.

Pese a que los oriundos de Seattle (Washington) y Dallas (Texas) son dos de los referentes principales para muchos amantes del fuzz, existen otras variantes de este tipo de efecto que son considerablemente distintas, pero que de igual manera han sido cruciales para generaciones de músicos durante décadas.

Entre ellos se encuentran los famosos Tone Bender, a los cuales recurrieron artistas como Jimmy Page de Led Zeppelin, Jeff Beck, Pete Townshend de The Who y Mick Ronson en su época con David Bowie, por nombrar solo un par.

También están las distintas versiones del Big Muff, que conquistaron desde a guitarristas como David Gilmour de Pink Floyd hasta otros como Billy Corgan de The Smashing Pumpkins, J Mascis de Dinosaur Jr. y Jack White de The White Stripes, entre una lista prácticamente interminable.

Más adelante, a mediados de los 90, también salieron otros pedales como el Zvex Fuzz Factory (uno de los favoritos de Matthew Bellamy de Muse) y una extensa cantidad de propuestas de diferentes compañías.

Algunas ofrecen recreaciones fieles de los fuzz más vintage, mientras que otras presentan pedales con modificaciones u opciones añadidas (tanto en cuanto a sonido como en términos de comodidad, a través de, por ejemplo, tamaños más pequeños).

Cuando se trata de fuzz, hay para todos los gustos.

A continuación encontrarás un repaso por el origen de este legendario efecto, además de algunos tips que pueden ayudarte a incorporarlo en tu sonido.

Un repaso por el origen del fuzz

Al igual que en muchos otros episodios de la historia, la creación del primer pedal de fuzz nació a partir de un accidente. 

Pese a que en la década del 50 ya había guitarristas que llevaban al límite el volumen de sus amplificadores a tubos para conseguir sonidos más distorsionados —como Rocket 88 de Ike Turner, publicado en 1951—, un punto que marcó lo que más tarde sería el primer fuzz se dio en 1961.

Dicho año, en febrero, el cantante estadounidense de country, Marty Robbins, estrenó su sencillo Don’t Worry.

Sin embargo, a diferencia de lo que era más común de escuchar en esa época, la canción incluía una línea de bajo extrañamente distorsionada, que salió a raíz de un problema que tenía la mesa de sonido que se utilizó para la grabación, en un estudio de Nashville (Tennessee).

Lo anterior hizo que el solo del bajista Grady Martin fuese mucho más grueso e intenso que lo habitual.

El tema se estrenó tal como salió en la sesión, pero el ingeniero Glenn Snoddy quedó intrigado al respecto, por lo que se propuso explorar qué había detrás de esa llamativa textura que se coló en el tema de Robbins.

Tras hacer una serie de experimentos, en 1962 dio con un resultado que luego recibiría el visto bueno de muchos artistas de rock & roll: el Maestro FZ-1 Fuzz-Tone.

Se trató del primer pedal de fuzz que salió al mercado.

Y aunque en un inicio estuvo al borde del fracaso comercial —curiosamente, se ofrecía como un efecto para obtener tonos de instrumentos como un trombón o un órgano— , en 1965 un joven británico llamado Keith Richards de The Rolling Stones utilizó un ejemplar para grabar la reconocida línea de (I Can’t Get No) Satisfaction.

La popularidad de esa canción influenció a que muchos guitarristas quisieran obtener su propio FZ-1.

A nivel de mercado, ese fue un punto de inflexión para que se diseñaran nuevos pedales de fuzz. 

En medio de ese escenario, un antiguo empleado de Vox llamado Gary Hurst estrenó en 1965 el Sola Sound Tone Bender MKI, efecto que hizo en colaboración con la tienda musical Macaris de Reino Unido.

Uno de los puntos más elogiados de esta pieza es que tenía mayor sustain.

Luego, salieron las versiones MK1.5 (de dos transistores) y la MKII (de tres transistores).

Esta última es precisamente la que utilizó Jimmy Page en las grabaciones de Led Zeppelin I (1969) y destacaba por tener mayor ganancia en relación a las anteriores.

Después salieron otras variaciones de este circuito como el Marshall Supa Fuzz, el Rotosound Fuzz Box, el Vox Tone Bender y el Park Fuzz original.

A lo largo de la década del 60, particularmente en 1966, surgió el Arbiter Fuzz Face que popularizó Jimi Hendrix tras utilizarlo en el tema Love or Confusion.

Tanto los primeros Fuzz Faces como los Tone Bender contaban con transistores de germanio, pero con el paso de los años muchos fabricantes optaron por incorporar los de silicio en sus propuestas.

En gran parte, aquello se debió a que eran más asequibles y más estables.

Hasta la actualidad, las preferencias por germanio o silicio sigue siendo un debate que sale a flote en los foros de la Internet dedicados a esta temática.

Sin embargo, guitarristas como Hendrix ocuparon ejemplares de ambos tipos.

Volviendo a la historia, en 1969 se estrenó otro pedal que sigue marcando a generaciones: el Electro-Harmonix Big Muff Pi.

A grandes rasgos, se caracteriza porque cuenta con cuatro transistores y porque ofrece altos niveles de distorsión, además de mayor sustain, lo que permite crear lo que usualmente se describe como una “muralla de ruido”.

Con el tiempo, se fueron añadiendo otras versiones de este mítico pedal, tales como el Op Amp Big Muff que Billy Corgan de The Smashing Pumpkins utilizó en Siamese Dream (1993) y el famoso “Green Russian” realizado con Sovtek.

A pesar de que todavía se pueden encontrar estos ejemplares en reventa —por cifras considerablemente más altas que las originales—, no es necesario invertir esas cantidades para conseguir la gran mayoría de los sonidos que podrías esperar de un fuzz.

Tal como se menciona más arriba, hoy existen múltiples propuestas de diferentes compañías que recrean estos sonidos (ya sea desde una vereda más “purista”, fiel a los circuitos originales, o desde una posición en la que se incorporan cambios).

Algunas consideraciones para usar un pedal de fuzz

Si llegaste a este punto de la nota, probablemente estés pensando en incluir un pedal de fuzz en tu equipamiento.

En caso de que ya tengas experiencia con este tipo de efecto, puede que ya hayas probado lo que se sugiere a continuación. Pero en caso de que no, estas son algunas consideraciones a tener en cuenta.

A muchos guitarristas —no a todos— les pasa que cuando prueban un pedal de fuzz se encuentran ante una serie de factores que pueden desincentivarlos.

Uno de los más comunes, es que a pesar de que les gusta cómo suena cuando están tocando en solitario, cuando llegan a usarlo con sus bandas sienten que “se pierden” en la mezcla.

Aquello puede ser desalentador, pero también es bastante lógico. Muchos ejemplares, principalmente los Muff más tradicionales, se caracterizan porque tienen un sonido “scoop”, lo que se traduce —a grandes rasgos— en que tienen una menor presencia de medios.

Para evitar esa situación, distintos pedales recurren a controles de medios o ecualizadores entre sus opciones. Algunos ejemplos son el Way Huge Swollen Pickle MKII o el ThorpyFx Fallout Cloud.

No obstante, existen otros métodos, tales como “stackear” (o usar al mismo tiempo) el fuzz en cuestión y un pedal de overdrive con mayor presencia de medios.

Entre estos últimos, probablemente los más usuales son los Tube Screamer (y sus variantes), aunque también muchos recurren a pedales de preamp. 

J Mascis de Dinosaur Jr, quien tiende a tocar con amplificadores Marshall, tiene un video en el que explica cómo “stackea” sus pedales de fuzz. 

Desde la vereda de amplificadores Fender con reverb incluida, Gary Clark Jr. tiene este otro registro en el que muestra cómo usa sus overdrives junto a ejemplares como el Fulltone Octafuzz.

Doyle Bramhall II también cuenta con uno en el que aborda este tópico de manera sencilla.

Por otro lado, independiente de si decides “stackear” o no un fuzz, muchos guitarristas olvidan experimentar con su perilla de volumen.

A través de esta última, puedes conseguir sonidos que vayan desde el descontrol (si la tienes al máximo) hasta otros más cristalinos y con mayor definición (si se baja).

La clave está en ir probando los distintos sonidos que se pueden obtener, además de evaluar cómo se comporta el pedal con los eventuales otros efectos de tu cadena y con tu amplificador.

Si tienes la opción de añadir más ganancia desde este último (o si tienes un segundo canal), hacerlo te abrirá un nuevo abanico de opciones.

Recuerda que tener un pedal en específico no te asegurará que suenes exactamente igual que tus guitarristas favoritos. Sin embargo, te ayudará a acercarte a esas texturas y, mejor aún, a encontrar tu propio sonido.

Josh Scott de JHS Pedals tiene un video en el que promete ayudarte a encontrar “el fuzz que necesitas”, mientras que Andy Martin cuenta con otro en el que compara seis variedades distintas del Big Muff.

Si estás en Santiago de Chile y quieres probar un pedal de fuzz, tiendas como Overdrive, Tarará, Pedaldealer y Dr.Tube, por nombrar un par, cuentan con múltiples pedales de diferentes tipos, marcas y valores.

Quizás, la piedra angular de tu sonido esté en este mítico efecto que ha figurado en numerosas grabaciones a lo largo de la historia.




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