—La última canción… nos vemos.
El grito de Álvaro López más que cortar subraya la tensión en la Plaza Italia de Santiago. Es el atardecer efervescente del estallido social chileno y entre fumarolas y un gran desorden bajo el cielo, el grupo Los Bunkers cierra su incierto regreso con Miño, una canción que escribieron en sus años de formación cuando buscaban sonar “menos pajeros” y dotar de cierto dinamismo sus shows.
Francis Durán contó que lo primero que apareció fue la historia. El horror de un trabajador enfermo de asbestosis que escribió una carta contra Pizarreño y el gobierno de Ricardo Lagos, y que se cortó y quemó a lo bonzo frente al palacio presidencial.
“Mi alma que desborda humanidad ya no soporta tanta injusticia”, cerraba el mensaje de Eduardo Miño que acabó por remecer al grupo.
—No era nuestra intención hacer una denuncia, ni un homenaje —reveló su hermano Mauri Durán en el libro de memorias Canción para mañana (2022, Planeta)—. Intuímos que la canción debía dar cuenta del sentimiento de abandono sin inspirar lástima y, muy por el contrario, tenía que dejar entrever la fuerza y la necesidad de apoyarnos unos a otros.
Otras imágenes de Miño se remontan a la infancia del guitarrista en la población René Schneider de Talcahuano, como la frase “fueron las canchas donde corrí” y el encabalgamiento de recuerdos “lavando a mano / dentro de un piano / un cura oculto / bautizó a mi hermano”, que el productor Álvaro Henríquez dotó de vehemencia en la grabación.
Otro subrayado: “Nadie me esperará / como lo quise ayer / en las veredas…”. Es notable el énfasis melódico puesto en apenas dos palabras: “Como imaginé”.
—Quería hablar de recuerdos, pero como no conocí personalmente a Eduardo Miño, pensé, bueno… le presto los míos.
Macarnosa, acústica y muy Bunkers
En lo musical, la primera hebra de Miño vino desde American Psycho, donde aparece el tema Walking on sunshine del grupo ochentero Katrina & The Waves. Cuenta Mauri que la energía que desborda esa canción en la película simplemente lo atrapó, “gracias a su inteligente relectura de la fórmula rítmica del sello Motown”.
—La primera semana de diciembre del 2001, cuando comenzamos a trabajar con Francis en nuevas composiciones, yo ya traía un poco esa cadencia en la cabeza.
Dice Mauri que Álvaro Henríquez propuso darle a Miño un carácter mucho más acústico que eléctrico, sin aparentar con pedales una intensidad artificial.
Esa fuerza proviene desde la línea del bajo que despacha Gonzalo López (que recuerda a Los Prisioneros de La voz de los 80) y ese final, la decisión de Mauricio Basualto de tirar un largo manto de tambores y platillos —que parte cuando Álvaro López deja de cantar y que en vivo se reparten a medias—, son un sello.
Miño no es por ni por asomo el tema más popular de Los Bunkers, al menos en el apartado del streaming. Lejos de las millonarias escuchas que exhiben himnos como Llueve sobre la ciudad o Bailando solo —algunos de sus éxitos de mayor alcance continental—, el sencillo cuenta con la virtud de una melodía macarnosa que el ex Beatle supo apreciar de inmediato.
Dicen que el encuentro entre Miño y Paul McCartney ocurrió en el Estadio Nacional de Santiago el año 2019, cuando el productor de conciertos José Luis Núñez le mostró en su iPod algunos discos chilenos al legendario Beatle.
“Inti-Illimani me dijo que ya los conocía —contó Núñez en Culto de La Tercera—. Ana Tijoux y Fran Valenzuela no le gustaron; pero cuando puse a Los Bunkers se detuvo y me dijo: ‘Esto suena a los Beatles’”.
—Le expliqué que eran una banda muy famosa y que, en sus inicios, para darle rodaje, hacían muchos covers de los Beatles. “Esto está interesante”, me dijo. Así que le seguí mostrando canciones, hasta que llegamos a Miño. Ahí me pidió que parara: le encantó, se paró y fue a buscar su guitarra. Me pidió poner Miño otra vez.
Tras escuchar la canción tres veces, McCartney la tocó también en su mítico bajo Höfner y le pidió que felicitara al grupo.
—Me dijo amazing, increíble. Es muy Beatles pero felicítalos porque también es muy Bunkers.

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